Cartas al director

El holocausto de nuestros mayores

Mª del Carmen Argibay Gato

Sábado 7 de noviembre de 2020

1 minuto

La patronal de las residencias pone fecha a la vuelta a la normalidad de los mayores
Mª del Carmen Argibay Gato

Sábado 7 de noviembre de 2020

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Mi tía Genoveva, de 93 años, vive en la Residencia Santa Olalla, en Boqueixón, cerca de Santiago de Compostela. El lunes pasado, la directora de la residencia se puso en contacto con nosotros para decirnos que había un residente contagiado de Covid-19 y dos trabajadores del centro. El miércoles ya son siete contagiados y el viernes, de nuevo, la directora nos informa de que son 13 residentes y trabajadores. En mitad de la conversación llora de impotencia. No  cuenta con apena personal y medios, y ante la petición de auxilio a la Xunta de Galicia solicitando medios humanos y equipos de oxígeno, sólo le han enviado mascarillas y guantes. La situación le supera. Feijoo, ¿hay alguien ahí?

Mi hermano Juan José, de 66 años, y mi cuñada Asunción se infectaron de Covid hace cuatro semanas. Durante las dos primeras estuvieron en casa, y ni una sola vez le llamó el médico. Tenían fiebre y mi hermano una saturación por debajo de 94%. En dos ocasiones fue a Urgencias, en ambulancia, al Hospital Ramón y Cajal de Madrid, porque, según sus palabras, se moría. Una vez recuperado de la axfisia, no volvía al domicilio en ambulancia, sino que tenía que coger, solo, un taxi de vuelta. Es el protocolo, le dijeron por dos veces. Dos taxistas expuestos al virus, sin aviso, sin comunicación, sin protección. Y expuestos, los siguientes pasajeros. Quince días esperó a que un médico le llamara. Su nivel de oxígeno era del 86%. Le ingresaron en el hospital.

Son dos situaciones reales de la gestión de esta segunda ola de la pandemia. Las personas no productivas de este país no cuentan. Es el nuevo laissez faire et laissez passer. Se les deja morir porque ya no sirven. No producen, y cuanto más mayores, menos consumen. Los bares y la hostelería son los nuevos altares de sacrificio, donde se derrama gran parte de las más de 50.000 vidas que han desaparecido en estos siete meses.

Incluso, ya sin tapujos, el Gobierno de Ayuso ha dejado de hablar de salvar vidas para hablar de salvar la campaña de Navidad o las vacaciones de Semana Santa. Una parte importante de la sociedad mira su cartera antes que la agonía de sus iguales. Su diversión y ocio a cambio de la vida del otro.

Es la Shoah de los viejos, de los tullidos, de los que tienen patologías previas, los inútiles, los Völkerparasiten, los sustituibles. El holocausto de nuestros mayores. No me viene otro nombre. Perpetráis un genocidio por indolencia o incapacidad, desde un Gobierno central acomplejado y gobiernos autonómicos criminales.  Es la segunda ola.  Ya no tenéis perdón.

Sólo cerrando a cal y canto, como ha demostrado el control de la primera ola, es la única manera de frenar esta sangría. ¿Cuántos viejos y enfermos han de morir en aras de vuestros bolsillos? ¿Otros 10.000? ¿Otros 20.000? ¿100.000 condenados?

¿Y los mansos? Aquí, ante el horror, estupefactos, llorando de rabia, con las tripas en la mano, reclamando las Furias.


Mª del Carmen Argibay Gato

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