Cartas al director

Me estoy consumiendo y nadie me escucha ni me entiende

Juan José Castell Márquez

Viernes 13 de marzo de 2020

3 minutos

Cartas al director

Me llamo Juan José Castell Márquez, nací en Valencia un 7 de septiembre de 1980, tercer hijo de siete hermanos y de familia obrera. El día 21 de abril de 1996, con 15 años, tuve un accidente de tráfico con un motocicleta, sufriendo un fuerte golpe en la cabeza que me provocó un traumatismo craneoencefálico severo, tetraparesia con dependencia funcional completa. Entré en estado de coma y desperté a los 9 meses, sufriendo graves y terribles secuelas, quedando con un 80% de discapacidad que más tarde se llegaría a incrementar a un 95%.

No entendía por qué no podía hablar, caminar ni apenas poder moverme de la cama, respirando por un agujero en la traquea. Por aquel entonces, mi padre estaba enfermo, llevaba luchando dos años contra un cáncer de esófago. Eran mis padres y mis hermanos los que me llevaban el primer y único año a  rehabilitación del hospital La Fe, ya que pasado ese tiempo, me retiraron la rehabilitación, quedándome en casa al cuidado de mi madre, que a su vez también cuidaba de mi padre.

La rehabilitación me iba muy bien y tuve bastante mejoría. Llegué a ponerme de pie y andar unos pasos yo solo. Llegó julio de 1998 y mi padre empeoró. El  25 de julio falleció. Su ida me provocó mucha tristeza, porque a pesar de su enfermedad tan angustiosa, siempre estuvo a mi lado hasta que sus fuerzas se agotaron. Seguía sin entender tantas cosas... Mis hermanas siempre pensaron que si hubiese hablado un psicólogo conmigo para explicarme que me había pasado lo hubiese llevado con mas entereza, y también le hubiese ayudado mucho a ellos.

Empiezo una larga y dolorosa trayectoria de cirugías, pies equinos, estenosis de traquea, consultas médicas, etc... Mi madre se queda viuda a los 38 años, sufre desgaste de ambas caderas y más tarde le diagnosticaron esclerosis. Ella me cuida durante un tiempo en casa, por mi condición física hace mucho esfuerzo para levantarme, acostarme, lavarme etc. Y su estado de salud va cada vez más en declive. Además también tiene que cuidar de mis hermanos.

Pasé por diversas residencias que no eran las adecuadas para mi estado físico y psicológico, estuve en geriátricos y centros de salud mental, incluso me llevaron a Zaragoza a un neuropsiquiátrico. Mi único propósito en la vida era volver a caminar y a hablar. Llegué a desearlo tanto que me obsesioné con conseguirlo. En mi primera residencia, intentaba comunicarme con los monitores, pero no me entendían y eso me frustraba muchísimo. Intentaba levantarme para ponerme a caminar, pero caía al suelo donde pasaba tiempo hasta que me encontraban. La frustración me llevó a tener varios intentos de suicidio. En uno de ellos, quise ahogarme con un cepillo de dientes, con la mala suerte que acabó en mi estómago.

A lo largo de este tiempo, he asumido que tristemente me estoy consumiendo. Nadie me escucha y nadie me entiende. Mi familia pelea por mí, pero sé que se les caen las lágrimas de sufrimiento al ver que ellos no tienen el poder de darme lo que me haría feliz: una rehabilitación física aunque sea solo para no seguir atrofiándome. Sé que ellos desean un centro adaptado a mi daño cerebral y que la Consellería no les da la solución, abandonándome una vez más a mi suerte. Eso les crea angustia y dolor.

Solo deseo poder vivir en un lugar donde deje de oír lamentaciones de personas mayores. Quiero ser feliz, que me hagan sonreír, que se preocupen por mí. Doy gracias por tener a mi familia. No quiero pensar en quien no tiene a nadie para que luchen por su dignidad, como hace mi familia por mí.


Juan José Castell Márquez (Valencia)

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