Ramón Sánchez-Ocaña
Opinión

Cirugía estética, el arte de redibujar la carne

Ramón Sánchez-Ocaña
Operación de cirugía estética
Píldoras

 

Con demasiada frecuencia –y jaleado por la frivolidad de algunos medios– se mira de una manera excesivamente superficial el impresionante trabajo de los cirujanos plásticos. Quizá porque reina una cierta confusión en los adjetivos que caracterizan esta cirugía. 

Plástica es la gran caja donde se guardan todas las técnicas. Es la que se hace en los centros sanitarios y que trata de recomponer lo que la naturaleza, la enfermedad o los accidentes han destruido o deformado. La reparadora se engloba dentro de la plástica y hoy por hoy vienen a ser sinónimos. Se emplea más para la reconstrucción tras un accidente o, generalmente en el caso de los grandes quemados. Es bastante significativo el adjetivo que la caracteriza. 

Y por último, tenemos la estética que, dentro del espectro de la plástica, se dedica parcial o totalmente a embellecer algo que no está bien o que no le gusta a quien lo tiene. Porque en salud, no puede olvidarse, lo básico no es estar bien, sino encontrarse  bien. En este campo ocurre lo mismo. El problema no es que objetivamente una nariz sea bella o no lo sea; sino que quien la tiene, la considere fea o no se encuentre a gusto con ella. Acudirá entonces al cirujano estético.

Es verdad que estos auténticos escultores de la carne hacen maravillas. Unas se ven. Otras, no. Pero no podemos olvidar que esta cirugía tiene varios componentes que nada tienen que ver con el arreglo de una nariz, de unas ojeras o de unas orejas de soplillo. Es importante destacarlo. Porque su labor, callada muchas veces, se queda en las sala de quemados de un hospital. O se quedan en los arreglos más o menos soportables de un organismo que un accidente de tráfico ha destrozado. Por eso nunca se debe olvidar esa perspectiva y suponer que solo se trata de implantar unas mamas a una escultural modelo.

Es verdad que estamos en la civilización de la imagen en la que la apariencia se considera ya como un dato más de profesionalidad. Secretarias, vendedores, agentes de relaciones públicas, tendrán una mejor valoración cuanto mejor sea su imagen. Y no es una opinión, sino la constatación de un hecho. Por eso la demanda de esta cirugía crece de manera exponencial. Y cada uno tendrá sus razones para someterse a ella.

El problema es que se soslaya un punto difícil, íntimo y personalísimo: la necesidad de la aceptación propia. Una aceptación que nada tiene que ver con el conformismo o con la idea conservadora. Y mucho menos con el fatalismo. Uno se puede aceptar para, partiendo de la base real de cómo se es, intentar el cambio no sólo de uno mismo, sino también del mundo en que vive. Hay que aceptarse y en eso reside, estoy convencido, una buena parte de la felicidad. El gordo porque es gordo, el bello porque es bello, y el que tiene una nariz amplia, porque tiene una nariz amplia. Y todos –creo– debemos aceptar esa condición porque se trata de nuestra gordura, nuestra belleza o nuestra amplia nariz.

Si lo que se busca es la felicidad del individuo, no hay duda alguna de que ésta pasa por la aceptación previa y sincera de uno mismo. Si no, siempre habrá rincones de duda y empezará a crecer la idea de que  con un centímetro más de aquí, o uno menos de allí, estaría mejor. Y eso, como muchas veces se evidencia, crea tolerancia y una cierta dependencia.

Sobre el autor:

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña (Oviedo, 1942) es miembro del Comité Editorial de 65Ymás. Estudió Filosofía y Letras y es licenciado en Ciencias de la Información. Fue jefe de las páginas de Sociedad y Cultura de El País, y profesor del máster de Periodismo que este periódico organiza con la Universidad Autónoma de Madrid. 

En 1971 ingresa en TVE. En una primera etapa se integra en los servicios informativos y presenta el programa 24 horas (1971-1972). Entre 1972 y 1975 continúa en informativos, presentando el Telediario. No obstante, su trayectoria periodística se inclina pronto hacia los espacios de divulgación científica y médica, primero en Horizontes (1977-1979)​ y desde 1979 en el famoso Más vale prevenir, el cual se mantiene ocho años en antena con una enorme aceptación del público.

Tras presentar en la cadena pública otros dos programas divulgativos, Diccionario de la Salud e Hijos del frío, fue fichado por Telecinco para colaborar primero en el espacio Las mañanas de Telecinco y posteriormente en Informativos Telecinco.

Es colaborador habitual de radio, periódicos y revistas, y autor de una veintena de libros, entre los que destacan Alimentación y nutrición, Francisco Grande Covián: la nutrición a su alcance, El cuerpo de tú a tú: guía del cuerpo humano, Guía de la alimentación y Enciclopedia de la nutrición

En 2019 entró en el Comité Editorial del diario digital 65Ymás, en el que colabora actualmente.

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