Los cuidados
Dios, el único director de mi vida, sabe dónde me coloca. Siempre lo ha hecho. Resulta que llevaba demorando escribir sobre los cuidados, con alguna idea pero sin tener claro el objeto. Tengo algo iniciado en las notas del celular sobre los falsos mitos del cuidado que no prospera.
El domingo pasado, en el Museo de América, me encontré con diez trabajadoras de hogar internas de origen latinoamericano. Se dieron cita como parte de un proyecto artístico, y social, en el que la artista Eulogia Merle se propone visibilizar a estas personas que cuidan en nuestros hogares. Extraño, al principio, por ser el único hombre, español y ajeno a la materia, pero al poco, integrado y cómplice con sus historias que compartían como si yo no estuviera, con la intimidad propia que se generan en estos espacios seguros.
Los cuidados nos sostienen, lo sabemos de sobra los hombres. Escuchar a estas mujeres me confrontó porque uno mismo es parte del problema al que aluden. Además del no reconocimiento, el agotamiento y el mal pago hablaron de cómo las familias se desentienden y esperan que además de limpieza, orden, protección y vigilancia haya amor, ternura y paciencia.
Escribo este artículo fundamentalmente para traeros un momento, de esos que sabes que te cambian la percepción de la vida, que te dan un bofetón de realidad. La responsable de esto fue la mirada de una mujer del Ecuador cuando le dije que el próximo jueves iría a un concierto de folclor de su país, invitándole a animarse a la fiesta. Me extrañó que no lo recibiera con agrado e ilusión, pero yo tenía que aprender una gran leccion con su inexpresividad y silencio. Su cara me hablaba de la renuncia máxima de no disponer de tiempo para el disfrute porque, como ya me había dicho –reconozco mi torpeza– su deber es cuidar a un anciano fragil, 6 días en semana y 24 horas. Imaginad mi cara, reconociéndome, una vez mas como lo que soy, un señor pleno de privilegios.
Estas personas, las internas, no solo renuncian al origen y la cultura de sus países, a la familia, que ven de tarde en tarde, sino también del tiempo libre y de ocio. Lamento no haberlo visto así antes.
Los privilegios del hombre se sostienen con el sacrificio de las mujeres y por eso tantas criticas a las feministas, porque la amenaza es cada vez mayor y nosotros no queremos perder calidad de vida y que ellas ganen derechos. La sociedad no es igual si mujeres y hombres no podemos disponer de las mismas opciones que le dan sentido y goce a la vida. Quizá sea todo esto por lo que debemos cuidarnos, unos a otros, porque siempre somos dependientes y frágiles. Más allá del origen, la situación legal, el género o la condición de salud. Los cuidados también son esto.
'Cama Adentro' –como así llaman al trabajo de interna en algunos países de Latinoamérica– es la exposición temporal de la artista Eulogia Merle que puedes disfrutar hasta el 27 de septiembre en el Museo de América en Madrid, dentro de la revisión de los contenidos de una perspectiva historiografica más actual, con enfoque antirracista y anticolonial.
