La edad nos sienta bien
Vuelvo a pedirte menos de un minuto de tu tiempo. Me propuse ser breve y crudo, acabando con una propuesta.
Retomando las ideas de algún artículo anterior; si no te reconoces en el espejo o te rechazas, ocultas la edad, el edadismo hizo bien su cometido.
Te rellenan las arrugas.
Te tiñes las canas.
Te estiran el pellejo.
Te ponen pelo.
Te aplicas corrector.
Te proponen un rejuvenecimiento.
Quién gana con todo esto, te preguntarás. Es bien sencillo, la industria de la belleza canónica, que es gerontofóbica, blanca y joven, y se lucra a tu costa. Para todos los complejos, que te crean ellos mismos, te venden un servicio, y mientras tú más pobre y más con mayores inseguridades.
Quizá pienses que soy muy fastidioso con esto del activismo, que me repito, pero creo que nuestra salud mental está en juego, porque para qué llegar lejos si los lastres son demasiados.
A la vejez no se puede llegar bien sin trabajo previo. No es suficiente con una analítica correcta, una red social positiva, pareja, ni una economía suficiente. Se requiere coraje y humildad y esto solito no llega. Para decir que la edad nos sienta bien, con todo lo que ésta aporta, en la terapia está la clave. Un trabajo individual que pasa por la aceptación radical de la experiencia misma, con renuncia de vanidades y un encuentro atravesado por la inmortalidad del alma.
La vejez no es la última etapa de la vida, es la última conquista de un espacio político y, por lo tanto, la última de las militancias. Prepárate con armas para que puedas decir cómo estamos de bien cuando llegues, si llegas.
