Diego Fernández
Opinión

Estación en curva

Diego Fernández
Estación en curva

En ciertas estaciones, el metro de Madrid repite un mensaje insistente: “Atención, estación en curva, al salir tenga cuidado para no introducir el pie entre coche y andén”. Simplificando y en pocas palabras, lo que nos pide es que al bajar hagamos el favor de no tropezar. Este invierno es nuestra estación en curva. De contagios y de vacunación. Estamos en la tercera ola de un tsunami mundial cuyo agua logra desgastar incluso a las rocas más duras, a las personas más resistentes. Lo normal es flaquear con la que está cayendo. Es lo más humano. Casi dan ganas de meter el pie entre coche y andén, a ver si por lo menos cambia algo. Pero no, la solución no está ahí. La solución no se sabe dónde está, pero se la espera y a estas alturas se la desespera.

Esta semana se cumplen 100 años del estreno de la película El chico, una película del gran Charles Chaplin. El genio de la triple b –bombín, bastón y bigote– dijo que la vida es tragedia en primer plano y comedia en plano general. El coronavirus nos ha hurtado los planos generales y nos ha obligado a padecer la tragedia en primer plano con demasiada asiduidad. Como una película mal montada. Muy lenta y sin descansos. El plano general se ha ido a negro y todos tenemos fuera de cámara algo que echamos de menos: abuelos, padres, hijos, sobrinos, amigos y también los escenarios en los que reíamos en nuestra comedia de planos generales, antes de que las restricciones de movilidad nos impidieran viajar a ellos.

Estamos en el andén de la incertidumbre. Con la sensación de que no sabemos lo que queda para que pase un tren que nos lleve a la siguiente estación: la de seguir adelante. Una estación con altas probabilidades de tropiezo entre coche y andén.

Los expertos advierten que la pandemia vírica degenerará en una pandemia de salud mental. Hay que impedir que nos bajemos en una estación mental de malestar, pero sin ayuda es probable que ocurra. En la primera ola se pidió a los psicólogos que voluntariamente ayudaran a la población. La solidaridad es hermosa, pero no podemos depender de ella. El Estado debería pagarles por sus terapias, igual que sería bueno por una vez, ser previsores y empezar a invertir más dinero en la salud mental. Históricamente maltratada y estigmatizada y que ahora tiene pinta de que va a ser más necesaria que nunca.

La superación de la pandemia del COVID no terminará con la vacuna o los anticuerpos de los pacientes que sobreviven al virus. La inmunidad total a la pandemia deberá incluir el bienestar de la salud mental de la población. Si no es así, seguiremos enfermos.


Diego Fernández (@Diegogtf) es periodista en La Sexta Columna (La Sexta).