Diego Fernández
Opinión

El regalo de Reyes de mi abuela

Diego Fernández
El regalo de Reyes de mi abuela

Los Reyes Magos de este año me han traído una historia de amor. No es que el que les escribe haya ligado, el relato es mucho más excepcional. Es una historia de amor eterno. De ese amor en peligro de extinción en un mundo en el que la pandemia del coronavirus ha traído como efecto secundario una pandemia de rupturas. La narradora de la historia es mi abuela Carmen. Los protagonistas, ella misma y mi abuelo y tocayo, Diego. El regalo llegó en la sobremesa de la comida, justo en el momento en el que la familia estaba empezando a coquetear con la siesta. Fue entonces cuando mi abuela me dijo algo que hizo que mi atención se saltara la distancia de seguridad para acercarse a ella: “Yo todavía sigo enamorada de tu abuelo”. 

Creo que por unos segundos y sin querer, dejé de respirar. Mi abuela acababa de confesarme que seguía queriendo con todo su corazón a un hombre que lleva muerto más de diez años. ¡Qué bonito y qué envidia haber encontrado un amor así! 

 

El regalo de Reyes de mi abuela

 

“¿Te he contado alguna vez cómo nos conocimos?”. Mi abuela se puso a contarme el método de cortejo de mi abuelo: clásico, pero al final efectivo, que es lo importante. Diego empezó a tirarle los trastos a Carmen paseando con su cuadrilla una y otra vez en el cruce de calles en el que mi abuela solía estar con sus amigas. Algo que se llevaba mucho en Tembleque, el pueblo de Toledo del que son ambos. Un día, mi tocayo decidió decirle a mi abuela que le hacía tilín. En un tono que mi imaginación ha decidido que suene seco y muy manchego, ella le dijo que ya se le podía ir pasando. El amor tuvo que quedar en paréntesis. 

Poco después, mi abuelo se fue a hacer la mili y cuando regresó parece que el adiestramiento en el ejército le había sentado bien, porque la primera vez que mi abuela lo volvió a ver, ya no le pareció tan feo, más bien, todo lo contrario. 
Para terminar de seducir a mi abuela, a falta de WhatsApp o Instagram, mi abuelo tiró de cartas, la red social de la posguerra. Las contestaciones de mi abuela pasaron poco a poco del rechazo remolón a las mariposas en el estómago y la respuesta afirmativa: “Sí, podemos ser novios”.

 

El regalo de Reyes de mi abuela

 

En aquella época había que pasar por el control parental en las relaciones, así que a mi abuelo le tocó pedirle permiso a mis bisabuelos. No hubo objeción y doy conciencia de que fueron 6 años de novios y más de 50 de matrimonio.

Se prometieron quererse en la riqueza y la pobreza y su amor sobrevivió a las escaseces de la dictadura. Se prometieron quererse en la salud y en la enfermedad y su amor sobrevivió al alzheimer.  Y se prometieron quererse toda la vida y su juramento se quedó corto. Su amor también ha sobrevivido a la muerte.


Diego Fernández (@Diegogtf) es periodista en La Sexta Columna (La Sexta).

1
Paulino González Fernández Hace 7 días
DIEGO, es que los amores de hoy, la mayoria, son de LOW COST. Se compran en el Carrefour y Mercadona. Son de QUITAR Y PONER. Antes, tambien en su mayoria , se le dejaba, al amor, como a la fruta MADURAR, bastante en el "arbol". Algunos, incluso, se le pasaba esa "fruta" por tanto dejar MADURAR. Pero ahora es todo lo contrario. Y eso que ahora tienes productos y maquinari para hacer MADURAR LA FRUTA a tu antojo. Pero no todo, como dice la BIBLIA, hay un TIEMPO PARFA CADA COSA.