Estrategia contra la soledad: un avance necesario, pero aún no suficiente
Anatolio DíezMiércoles 25 de febrero de 2026
6 minutos
Miércoles 25 de febrero de 2026
6 minutos
La aprobación del Marco Estratégico Estatal de las Soledades 2026-2030 supone un hito relevante en la agenda pública española. Por primera vez, el Gobierno aborda la soledad no deseada desde un enfoque estructural, transversal y multinivel, reconociéndola como un fenómeno social complejo y no como una mera vivencia individual. La pregunta, sin embargo, es obligada: ¿estamos ante una estrategia suficiente para afrontar uno de los grandes riesgos sociales de la próxima década?
De problema individual a fenómeno estructural
Uno de los mayores aciertos del Marco es su cambio de paradigma. La soledad deja de presentarse como un problema emocional aislado para ser entendida como resultado de dinámicas demográficas, económicas, urbanísticas, culturales y tecnológicas.
El documento identifica factores como el envejecimiento acelerado, el aumento de hogares unipersonales, la precariedad económica, la brecha digital, la transformación del mercado laboral o la insuficiencia de apoyos de proximidad. Este enfoque coincide con lo que desde el análisis social venimos señalando: la soledad es un subproducto del modelo socioeconómico contemporáneo.
Especialmente relevante es su apuesta por la transversalidad. La estrategia propone integrar la perspectiva relacional en políticas de salud, vivienda, empleo, educación, digitalización o urbanismo. No se trata de crear un programa asistencial adicional, sino de incorporar la dimensión relacional al conjunto del Estado del Bienestar. Este planteamiento es técnicamente sólido y conceptualmente avanzado.
Comunidad, proximidad y curso vital
Otro de los puntos fuertes es la incorporación del enfoque de curso vital e interseccional. La soledad ya no se asocia exclusivamente a personas mayores, sino que se reconoce el patrón en “U”: alta incidencia en juventud y en edades avanzadas, con particular impacto en situaciones de vulnerabilidad económica o migratoria.
Asimismo, la estrategia apuesta por el fortalecimiento del tejido comunitario: urbanismo relacional, vivienda colaborativa, prescripción social, redes vecinales y servicios de proximidad.
En un contexto de creciente individualización, esta orientación hacia la comunidad constituye una señal positiva. Si el siglo XX construyó el Estado del Bienestar sobre la base de derechos sociales, el reto del siglo XXI será reforzarlo incorporando el bienestar relacional como dimensión esencial de la cohesión social.
Las limitaciones: economía, trabajo y transformación digital
Pese a su solidez conceptual, para la UJP-UGT, el Marco presenta algunas insuficiencias estratégicas. En primer lugar, la soledad no se plantea con la contundencia de un riesgo sistémico, aunque ciertamente se menciona su coste económico y su impacto sanitario, no se convierte en eje macroeconómico prioritario ni se vincula explícitamente con la sostenibilidad futura del Estado del Bienestar, es decir, no se cuantifica el retorno de la inversión preventiva ni se integra de manera decidida en la planificación presupuestaria.
En segundo lugar, la estrategia identifica la precariedad laboral como factor de riesgo, pero no profundiza suficientemente en la transformación estructural del trabajo: hiperindividualización, teletrabajo sin comunidad, economía de plataformas o debilitamiento de la empresa como espacio relacional. El futuro del empleo —marcado por la fragmentación de trayectorias y la inestabilidad— será uno de los principales generadores de aislamiento si no se repiensa desde una lógica colectiva y de derechos.
En tercer lugar, la digitalización se aborda principalmente desde la brecha de acceso. Sin embargo, el desafío es más profundo: la creciente mediación tecnológica de las relaciones sociales, la economía de la atención, la sustitución del vínculo presencial por interacción digital y el impacto de la inteligencia artificial en las dinámicas relacionales. Este eje merecería un desarrollo más ambicioso.
Gobernanza sin compromiso financiero explícito
El diseño institucional es claro: liderazgo ministerial, coordinación interministerial, grupo técnico con comunidades autónomas, informes bienales y sistema de indicadores. No obstante, el éxito de la estrategia dependerá de su dotación presupuestaria real y de la existencia de metas cuantificables de reducción. Sin compromisos financieros claros y sin objetivos medibles vinculantes, el riesgo es que la estrategia quede en un marco orientador bienintencionado.
Una cuestión de derechos, pensiones y cohesión social
Desde la perspectiva de la UJP-UGT, la soledad no puede analizarse al margen de las condiciones materiales de vida. Es verdad que el documento reconoce la relación entre vulnerabilidad económica y soledad, pero este vínculo exige una lectura más contundente: pensiones insuficientes, precariedad laboral acumulada, brechas de género en ingresos, desempleo en edades maduras o acceso desigual a la vivienda son factores estructurales que alimentan el aislamiento social.
La soledad no es solo una experiencia emocional; es también consecuencia de desigualdades económicas. Cuando una persona mayor no puede mantener una vida social activa por limitaciones económicas, cuando una mujer viuda arrastra una pensión más baja por trayectorias laborales interrumpidas o cuando un trabajador en situación de desempleo pierde su red relacional, estamos ante un problema de cohesión social y de justicia distributiva.
Por ello, cualquier estrategia contra la soledad debe ir acompañada de:
- Defensa del sistema público de pensiones como garantía de autonomía.
- Refuerzo de servicios públicos de proximidad.
- Políticas de empleo que promuevan estabilidad y derechos.
- Inversión en cuidados como sector estratégico y generador de comunidad.
- Protección del espacio público como lugar de encuentro y convivencia.
- La lucha contra la soledad es inseparable de la defensa de un Estado del Bienestar fuerte y de derechos sociales consolidados. Sin igualdad material, difícilmente puede haber igualdad relacional.
¿Es suficiente?
Como marco conceptual, la estrategia es sólida. Como instrumento político, es un avance necesario. Como respuesta estructural a uno de los grandes riesgos sociales del próximo decenio, aún requiere mayor ambición económica y una integración más decidida de las políticas laborales y de pensiones.
Como ya hemos dicho en otras ocasiones, la soledad no es un fenómeno marginal. Es un indicador adelantado de fragmentación social, debilitamiento democrático y vulnerabilidad económica, es por eso que convertirla en eje vertebrador de cohesión social implica asumir que no se trata solo de acompañar, sino de garantizar derechos. La estrategia abre la puerta, ahora la cuestión es si se reforzará con los recursos, las políticas redistributivas y el compromiso social que el desafío exige.



