Antonio Burgueño
Opinión

La generación del COVID: la de la conciliación y la Transición

Antonio Burgueño
Mayores coronavirus
Tribuna

 

He mandado una aportación al diario 65Ymás, con una gran ilusión, para tratar de incluirme en una tertulia de opinión en la que debiera encontrarme a gusto, porque es la plaza de “pueblo con soportales” en la que nos encontramos, los que nacimos, vivimos, reímos y lloramos por sucesos y acontecimientos que nos unieron y ahora mantenemos en nuestro común inconsciente colectivo.

No pretendo, unirme para vivir nuestra nostalgia que puede ser bastante común. Sino para aportar y seguir aportando a nuestra sociedad el mensaje de una generación que sigue siendo necesaria, ¡qué pena en cierto modo!, dentro del devenir de los acontecimientos. 

Yo estoy llamando desde hace meses a esa franja de edad, la generación del COVID, antes de que se nos apropie del nombre, los que nacieron en esta época, teniendo tanto derecho porque a la nuestra, este virus, está empeñado en exterminarla, ojalá no lo consiga.  

Y me refiero a una generación que no tuvo jamás la pretensión, por ser así, modesta, callada, humilde desde que vino a este mundo. Y me refiero a los que nacimos en el tiempo de la guerra, sin que de ella nos quede vivencia personal alguna y hasta quince años después. Podríamos decir, conceptualmente, la guerra estuvo siempre presente en nuestra niñez, en nuestra adolescencia. Estuvo en nuestra escuela y en nuestro diario vivir. Nacimos en una sociedad sin derechos, pobre, sin nada que reclamar y sin reconocimiento internacional.

Mi vivencia personal, se concreta en el nacimiento en un pueblo donde la guerra había hecho estragos en rencores y matanzas, antes y durante y después. Y en mi caso feliz, de dos padres bien dañados por su relación familiar en uno u otro bando y que se conocen en el año 1940, para nacer en el año 1942. Un tío anarquista (de los 118 procesados en el año 1935) del PSOE y de la CNT, muerto en asalto a una trinchera de un lado. Otro tío en causa de beatificación en Roma, como mártir, por otro lado. Educado pues en la neutralidad y en la tolerancia y en vocación de construir una nueva sociedad como afortunadamente se consiguió.

Soy médico y me apasiona mi profesión y busco la relación médico enfermo, condicionada sólo por la libertad de elección del enfermo y un sistema sanitario que financiado desde el Estado se pueda hacer la provisión en libertad entre los públicos y los privados. Así fue pensado en la Comisión Abril Martorell del año 1991.

Lo que sí tengo claro es que la Sanidad está totalmente tomada por políticos de uno u otro signo que sin ninguna preparación técnica y científica, tomen decisiones tan trascendentes sobre la sociedad con carencia de criterios sanitarios.

He vivido por mis años tres epidemias en España y en las tres me ha colocado la suerte en una posición de interesado y de actor, obviamente secundario. La primera, en el año 1971 fue una epidemia de cólera en Aragón. Tardó mucho en saberse por defectos de diagnóstico que se realizó al final en Madrid. Se yuguló en un mes y tuvo trascendencia en las poblaciones del Valle del Jalón y del Jiloca, con un frente entre Calatayud y Epila. El descrédito de la Dictadura era el objetivo político de la crítica y la defensa a ultranza por parte el Gobierno.

La segunda epidemia, no fue bacteriana ni vírica, sino alimentaria, la llamada del Colza. Tuve un enfermo en una organización que dirigía  con el llamado en el año 1981, Síndrome Tóxico que finalmente el día 10 de Junio pasó a ser reconocido por el Gobierno de la UCD, que era provocado por un aceite de colza adulterado. Mi intervención de “comunicador  convincente” al Secretario de Estado del hallazgo de los médicos del Niño Jesús, liderados por el Dr. Tabuenca (q.e.p.d.). 

Y en ese caso, el Ministro fue duramente atacado, por la oposición por utilizar una expresión inadecuada para dar la idea de la fragilidad del germen en el que se centraban las sospechas, el Mycoplasma. La reacción del PSOE en particular, convocando dos meses más tarde,  en el  mes de Septiembre una manifestación de dos centenares d e personas, tras de una pancarta, UCD ENVENENA. Y motivó una Moción de Censura al Gobierno de la UCD por esa razón. 

Tuve la reacción a manera de queja de politizar la sanidad  en un a carta abierta en el YA que repartía la responsabilidad científica entre los directivos de la Sanidad Nacional y de la llamada acción de policía sanitaria de los Ayuntamientos, a la sazón en manos del PSOE.

La tercera es la actual y mi artículo viene a describir el ambiente político y la gran utilización política de la epidemia. ¿Qué la describo desde posición parcialista? Puede parecer, pero está en razón de que el Gobierno de la Nación ha llevado una declaración de Alarma y ha decretado un Mando Único y el problema técnico y científico es que los años transcurridos de Gobiernos de PP Y PSOE, el Ministerio carece de solvencia técnica y científica para responsabilizarse del mando epidemiológico, científico y operativo de la Epidemia. 

Y aquí está mi argumentación, porque se ha centrado la agresión epidémica en la zona centro de España alrededor de una gran ciudad, como Nueva York , Londres, Milán y Madrid, que tiene una dinámica de punto de encuentro y relación internacional y en una zona extensa de tres Comunidades Autónomas interrelacionadas.

Por tanto mi pretensión de reclamar argumentos científicos, a las dos Administraciones afectadas. Y por ello, titular la “Batalla de Madrid” que es como la recibe el ciudadano que sigue muy preocupado, sobre la epidemia y sus circunstancias.

Y las opiniones, se expresan en todos los foros. ¿Rebrotes? ¿Apertura? ¿Cierre? Y en ese marco, ¿no es lógico que el Gobierno de Madrid reclame más seguridad en la llegada de viajeros aéreos a  Madrid?

En todos estos asuntos hay conocimiento técnico que conviene explicar. Después la sociedad decide, pero es básico conocer la biología del virus y sus tendencias. Y pensar con frecuencia en que Ibsen ya relató el primer drama político del Teatro en “Un enemigo del Pueblo”. Dejen ustedes que los científicos aporten sus criterio.

Pero, tampoco es mi pretensión reconquistar el poder del “hechicero" de la tribu, porque solo él presumía de saber, cuándo iba a terminar la epidemia y que actuaciones había que realizar.

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