Fernando Ónega
Opinión

Una gran historia de amor

Fernando Ónega
Una gran historia de amor
Onega Fogonazos

 

Os quiero contar la historia más emocionante de la pandemia, que tomo de una crónica de Toni Silva en La Voz de Galicia. Es de la Florencio Fernández, 92 años. Tenía a su mujer, compañera de 60 años de matrimonio y dependiente total en la residencia de mayores de Oleiros, A Coruña. Vivía para ella, pasaba todos los días con ella, hasta que llegó el estado de alarma, se prohibieron las visitas y para Florencio la vida dejó de tener sentido. Llamaba por teléfono cada mañana y cada tarde, pero él necesitaba verla, necesitaba tocarla, necesitaba cuidarla y hasta eso se lo impedía el maldito virus, el maldito miedo al contagio. Y Florencio encontró la solución: ingresar él como residente. Lo consiguió en el mes de agosto, se convirtió en el mejor enfermero y el mejor médico de su esposa. Le daba cada minuto la medicina que aconsejan a los enfermos de Alzheimer: la medicina de las caricias, el medicamento de la ternura, la terapia del amor. Y pasada la Navidad, Florencio falleció. Quizá su mujer no lo sepa. Pero seguro que echa en falta su calor. Las injusticias de la naturaleza. La crueldad del destino, que corta vidas sin atender a sentimientos. Sin atender a las más bellas historias de amor.  

 

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