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Opinión

El informe de la OIT y los sueldos en España

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Los sueldos en España se situaron el pasado año en niveles de 2008, justo cuando comenzó la crisis económica, según el último informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), decreciendo casi un 2%, y situando a nuestro país a la cola de Europa, solo por delante de Grecia, que ostenta el humillante honor de tener los salarios más paupérrimos del viejo continente.

Mientras, el crecimiento mundial de los salarios de 136 países cayó a su nivel más bajo desde 2008, un 1,8 por ciento. "Este estancamiento de los salarios constituye un obstáculo para el crecimiento económico y la mejora de los niveles de vida. Los países deberían analizar, junto a sus interlocutores sociales, las maneras de lograr un crecimiento del salario sostenible desde un punto de vista económico y social", apuntaba el informe.

¿Por qué suben tan poco los sueldos en España pese a que el Gobierno nos dice que hemos entrado en la senda de la recuperación? Los expertos en Economía apuntan a numerosos factores, los fundamentales las reformas laborales de los gobiernos de Rajoy que han permitido la devaluación salarial en todos los sectores con la excusa de recuperar competitividad; la debilidad de los sindicatos españoles, que no consiguen imponerse para defender los derechos de los trabajadores; el aumento de la precarización del empleo y la proliferación de contratos temporales; el paro estructural, o la robotización y la globalización con el consiguiente movimiento masivo de trabajadores de un país a otro.

Pero además hay un motivo por encima de todos ellos que rara vez se cita: la escasa preparación profesional e intelectual de nuestra clase empresarial, tal como alertó el propio Banco de España en un informe anual de 2016. Los empresarios españoles siguen moviéndose con parámetros económicos antiguos, más propios del siglo XIX, es decir, esa máxima que consiste en obtener el mayor beneficio pagando lo menos posible a los trabajadores y sin reinvertir parte de las ganancias en innovación, investigación y desarrollo, ni en ampliación del negocio y del capital, ni en adquisición de nuevos bienes de equipo. Esta concepción obsoleta del mundo de la empresa –superada en países avanzados de la UE como Alemania o Francia‒ está impidiendo en la actualidad que España despegue económicamente. Buena parte de los empresarios españoles obvia que las nuevas filosofías económicas dan por sentado que un trabajador mal pagado es menos feliz, rinde menos y tiene menos dinero para gastar, de forma que la producción se contrae y se genera menos empleo, con el consiguiente estancamiento de la economía nacional.

“Los indicadores disponibles sobre gestión empresarial, que están positivamente correlacionados con medidas de productividad, rentabilidad y supervivencia empresariales, sitúan a España en una posición inferior a las de Alemania, el Reino Unido, Francia e Italia”, asegura el Banco de España. La pobreza intelectual de nuestra clase empresarial se debe, según este organismo, “a una menor formación de los cuadros directivos o a un menor grado de profesionalización de la gestión empresarial, en relación con los países de referencia, especialmente en las pequeñas y medianas empresas”.

No aprenden aunque deberían. La supervivencia les va en ello.

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