Paco Sayáns, el 'Willy Fog' español y su vuelta al mundo a los 85 años: "Viajar no es hacer turismo"
Lo ha hecho como un reto de superación y para dar ejemplo a sus nietos
Paco Sayáns se ha convertido en todo un ejemplo, de superación y de envejecimiento activo, demostrando que con esfuerzo y perseverancia todo es posible. Y es que a sus 85 años ha dado la vuelta al mundo solo con su bastón.

Visitando un karesansui, o jardín seco, en el templo budista zen de Ryoan-ji, en Kioto (Japón). Foto: Cedida por el entrevistado.
Este placentino ingresó en la escuela naval militar con 17 años y, ya como oficial, estuvo embarcado durante varios años hasta los 30, cuando fue seleccionado por la armada para hacer la carrera de ingeniero naval. A los 65 años, cuando se retiró, se encontró "preocupado, porque siempre he sido muy activo, intelectualmente y físicamente, y me di cuenta de que estaba estupendamente bien y que los próximos años iban a ser terroríficos si no hacía algo importante. Total, que decidí volver a la universidad", explica en una entrevista a 65YMÁS.
Estudió historia del arte y antropología social, así como sus respectivos doctorados y otro más en ciencias de las religiones. Acabó hace dos años. "Me di cuenta de que ya el tema intelectual, de estudios e investigación académica, había sido suficiente. Y dije, bueno, hay que poner en orden las cosas que tengo medio hechas y de paso hacer algo que tenga alguna importancia, siempre dentro del espíritu mío de mantener un nivel alto y exigente de actividad, tanto física como intelectual", cuenta.
"Hace más de un año que pensé en hacer este viaje como colofón a un montón de actividades que había realizado en los últimos años. Lo que pasa es que se me retrasó porque tuve que entrar en el quirófano", entre otras cosas, explica. A todo esto se suma, además, que inicialmente pensó en realizar el viaje hacia el este, sin embargo, "había visto que tenía algunas dificultades que podían surgir, sobre todo al principio del proyecto, lo que me haría volver a casa y frustrar el objetivo que me había planteado". Lo hizo, por tanto, al revés y arrancó con la travesía del Atlántico en el trasatlántico Queen Mary 2 el pasado mes de septiembre, embarcándose en esta aventura alrededor del mundo. Lo hizo equipado únicamente con "una maleta de fin de semana, un solo par de zapatos y su bastón", tal y como explicó a través de sus redes sociales, tanto en Facebook como Instagram, donde compartió sus pasos en este viaje, sus descubrimientos y curiosidades de los lugares que visitaba, así como los obstáculos que ha tenido que superar y sus logros. Una guía de viaje en toda regla que puede incluso servir de inspiración para otras personas que se estén planteando una travesía de estas características.

En Southampton (Inglaterra), a punto de embarcar en el Queen Mary. Foto: Cedida por el entrevistado.
De hecho, para Paco se trata de "una experiencia única" que recomendaría que la emprendiera "todo aquel que tenga el ánimo dispuesto y las capacidades". En este sentido, aconseja "hacer algo parecido a lo que yo he hecho. Porque te das cuenta realmente de que has hecho un viaje, de que el viaje que has hecho es el que pretendías hacer, dar la vuelta al mundo, digamos, contigo mismo, superando las dificultades que cada día se te presentan".
"La satisfacción de superarse se consigue, precisamente, poniendo el tesón y con confianza en ti mismo, porque tienes que tener una gran confianza en que eres capaz de hacerlo, y luego una voluntad firme para mantenerte en el esfuerzo", explica. Más allá de eso, señala, hay detalles como "nunca salir de un hotel sin llevarte una tarjeta del propio hotel, porque cuando quieras volver en un taxi no te van a entender".

En el ferry de Japón a Corea, en unos dormitorios comunales con un futón por persona. Foto: Cedida por el entrevistado.
La primera vez que este ingeniero naval realizó un viaje de estas características fue en 1962. Lo hizo como guardiamarina en el Juan Sebastián Elcano, y fue esta experiencia la que "seguramente sembró en mí el deseo de viajar".
"Aunque es verdad que la primera idea de un viaje como el que estoy realizando la tuve con 25 o 26 años. Ya era oficial de marina y tenía el sueño de dejar la Armada durante un par de años y dar la vuelta el mundo a vela… incluso tenía a un compañero que había engañado para que se apuntase a hacerlo conmigo. Al final no pudo ser", cuenta. No fue hasta hace un par de años cuando finalmente comenzó a organizar esta vuelta al mundo, la cual nació de "tres impulsos".
Por un lado, la curiosidad de descubrir "cómo son las cosas y las gentes sobre las que he leído… Y lo que más curiosidad me generaba de este viaje es la parte religiosa. Es un viaje que tiene como centro principal Japón, Corea, China y Samarcanda donde pretendía visitar las zauías de un par de sufíes de influencia persa importantes, pero al final no ha podido ser". Por otro lado, estaban las sensaciones, las percepciones, es decir, experimentar cómo era estar donde habían estado gente de la que había estudiado o por la que se había interesado. Por último, destacaba el "impulso de vivirlo como reto de carácter casi físico, de esfuerzo y de prueba, y, por supuesto, superarla. Porque estoy viejo, porque puedo andar regular, porque ya no soy el que fui… lo que he querido plantearme es un reto que no pueda hacer un tío que tenga 85 años".

Ante la pagoda de cinco pisos del templo Toji, en Kioto (Japón). Foto: Cedida por el entrevistado.
"Viajar no tiene nada que ver con hacer turismo"
Durante casi tres meses ha viajado en tren, autobús, barco y avión, aunque era algo que quería evitar. "Mi intención era no coger un avión porque hacerlo es tener un transporte que te lleva de aquí para allá, y realmente no has viajado, lo que has hecho es que te han transportado de un sitio a otro. Dentro del concepto que yo tengo de lo que es viajar, eso no era viajar, sino transportarte. Por lo tanto, había que dar la vuelta al mundo, pero sin coger un avión. El Atlántico lo tenía resuelto con el transatlántico Queen Mary, sin embargo, para el Pacífico estuve intentando encontrar un barco que me llevara desde San Francisco hasta Japón, pero no hubo manera. Mi pequeña frustración ha sido que el viaje desde San Francisco a Osaka lo tuve que hacer en avión, pero el resto ha sido en barco, en tren o en autobús", explica.
"Viajar no tiene nada que ver con hacer turismo. Una vez probada la fruta del viaje ya no se quiere otra cosa. Digo esto porque viajar es andar despacio, impregnándote de todo lo que te rodea y extrayéndole su jugo. Es entonces cuando suceden cosas", ha reflexionado en su largo viaje. Para Paco no se trata de ver mundo, sino de viajar. "Naturalmente, el impulso por viajar te lleva a ver mundo. Pero ver mundo me parece más frívolo, como el turismo, como algo ya hecho fabricado para entretener. Viajar es, en mi opinión, otra cosa, es tomar contacto con las personas, ir reposadamente, utilizar medios de transporte sencillos, contactar, intercambiar y aprender. Viajar es más complejo", afirmo. "Exige una preparación de viaje, un conocimiento, una instrucción, unas sensibilidades, una disposición de ánimo, una cultura".

Viaje de Quingdao a Pekin (China) en la primera clase del tren de alta velocidad. Foto: Cedida por el entrevistado.
Su viaje no es para desmerecer, pues comenzó desembarcando en Estados Unidos, después viajó a Japón, Corea, China, Kazajistán, Rusia, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Alemania y finalmente a Bélgica. Una travesía que, tal y como destaca, solo tiene sentido "como conjunto, como un todo", y para un viajero como él que "preparo los viajes, los estudio, interacciono, me paro, me siento en la calle, veo pasar a la gente, tomo notas", no se trataba de "ver sitios. Yo he ido a hacer un viaje que era dar la vuelta al mundo, por lo tanto, en cada momento yo estaba dando la vuelta al mundo, independientemente que estuviera en un sitio o en el otro. Porque ese es el protagonista de la historia".
Solo con su bastón
Su bastón ha sido un compañero inseparable en su viaje, y es que Paco lo necesita desde que hace 10 años perdió el sistema vestibular, lo que le dificulta mantener el equilibrio por sí mismo. "Fueron dos meses muy dolorosos porque apenas podía levantarme de una silla y soñaba con poder salir a la calle y coger un autobús, ir a otro sitio y volver, eso era ya para mí un sueño", recuerda. Tras dos años de rehabilitación consiguió recuperar cierta capacidad para andar, "dentro de las limitaciones, pues tengo una invalidez del 36%". Desde entonces asegura que "he seguido viviendo y lo que he mejorado ha sido por el vivir diario, la lucha contra esa pequeña incomodidad física que tengo".
Si hay algo que caracteriza a Paco es su "afán de superación", por lo que esta dificultad tampoco lo iba a detener, y se puso un reto: dar la vuelta al mundo.

Ante la Mezquita Hazret Sultan en Astaná (Kazajistan). Foto: Cedida por el entrevistado.
De hecho, uno de los problemas a los que tuvo que hacer frente fue a la casi pérdida de su bastón. Sucedió en su paso por la estación de Fukuoka, en Japón. "El corazón se me paró cuando en el hall de la estación me di cuenta de que había dejado el bastón en el tren. Al abandonar el coche, guiando la maleta con ruedines y con prisa, no me di cuenta de que había dejado el bastón en mi asiento", relató, admitiendo que en esos momento creía que "era el último día de mi aventura y que tendría que abandonar mi propósito y volverme a casa".
No obstante, la suerte le sonrió y consiguió recuperarlo, "el objeto cuya pérdida me hubiera hecho considerar la oportunidad de seguir con esto", contaba en su momento. Aunque Paco asegura ahora que, a pesar de todo, hubiera tratado de continuar con su aventura de cualquier forma. "Ante un momento de dificultad, me paro y pienso. Siempre hay una salida. A veces no la encuentras, pero mientras te mantengas en pie siempre hay una salida", e insiste en que "las cosas que se empiezan hay que acabarlas".
Este no ha sido el único reto al que se ha tenido que enfrentar, pues aunque se maneja "relativamente bien con la tecnología", tal y como ha asegurado, y de que habla "un inglés que me ha permitido viajar y trabajar sin problema, perfeccionado en los 80 con aquella colección de Salvat de la BBC que aprendías con casetes", tuvo que ingeniárselas para el resto de idiomas y situaciones, como una caída de la que se pudo recuperar sin problemas.
En este sentido, destaca que en todos los sitios por los que ha pasado ha encontrado "personas amabilísimas que me han ayudado" y que "no ha habido ningún momento en el que yo hubiera tenido un atisbo de dificultad y que alguien no se haya acercado a ayudarme".
Lo que hizo fue utilizar una máquina de traducción simultánea, también llevó consigo tres localizadores GPS o airtags, tarjetas de pago y un ordenador pequeño, con el que poder "ir tomando notas y haciendo las fichas para hacer de mi viaje algo provechoso", una tarea que tuvo que continuar en un cuaderno después de que dejase de funcionar, un cuaderno que completó entero con la cantidad de experiencias que ha vivido en este viaje.
Cabe destacar, en este sentido, que además de aventurero, Paco es escritor. Actualmente, está embarcado en un libro sobre el mensaje simbólico de las piedras medievales de la ciudad de Plasencia, en el que recogerá 13 artículos que ha coescrito y publicado. No sería su primer libro, y es que ya publicó otro sobre la ciudad de Plasencia en el siglo XII, además de otros que está "a punto de terminar" también.

Ante el monumento a Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, en Omsk (Siberia). Foto: Cedida por el entrevistado.
Reto de superación y ejemplo para sus nietos
Paco ha realizado este viaje motivado por varias cosas. "El objetivo del viaje en principio fue plantearme un reto de superación, un reto muy difícil como es el de dar la vuelta al mundo en mis condiciones, a los 85 años y con una estabilidad regular, que en cuanto cae la noche ya no puedo andar porque mi capacidad de andar se basa fundamentalmente en la visión y no en los oídos, pues los oídos no me funcionan. Luego, cuando empecé a desarrollar el proyecto, pensé que además de darme la satisfacción de vencer un reto extremadamente difícil, dije, bueno, pues hay que hacerlo de tal manera que sea fundamentalmente un ejemplo para mis nietos", explica, y asegura que "siempre he cuidado un poco la imagen que proyecto, frente a mis hijos y frente a mis nietos. Que ellos vean en mí algo válido, útil y ejemplar, que las cosas malas que tengo no las vean, y las cosas buenas, si las puedo magnificar, aunque sea haciendo un poco de teatro, pues lo haría con tal de que sirva de buen ejemplo para mis nietos. Porque la imagen que les proyecto es una enseñanza y también un recuerdo para el día que yo no esté".
De esta forma, lo que ha querido transmitirles es que "con el tesón suficiente en la voluntad" y siendo "tenaz en el esfuerzo que pones en conseguir el objetivo" se pueden "alcanzar todos los objetivos que te propongas", tal y como le explicaba a uno de sus nietos, al que visitó en su última parada en Bruselas.

Ante la sede de los Cabezas Negras de Riga (Letonia). Foto: Cedida por el entrevistado.
Tras varios meses de viaje, Paco regresaba en diciembre a casa "con la libreta llena de experiencias, pensamientos y reflexiones". Lo hizo viajando desde Bélgica, ya en avión, y es que, explica, "el comienzo y el final de un proyecto como este tiene algo de épico, entonces no puede empezar de cualquier manera un día cualquiera. Tienes que tener un arranque con, al menos, un significado, que marque un hito de que has comenzado un viaje importante". Teniendo esto en mente, también decidió comenzar el viaje desde casa de su hija María, la mayor, en Inglaterra.
A la vuelta, fue recibido por dos de sus hijas, su yerno y su nieto Juan en una bienvenida que consiguió emocionarlo. "Fue estupendo, maravilloso", asegura.
"Vuelvo a Madrid y no pienso salir de mi casa en una semana", bromeaba, y no es para menos pues este ingeniero naval ha logrado algo que parecería un reto casi inalcanzable a su edad, algo que, sin embargo, ha demostrado que es bien posible con la determinación suficiente. "Como reto físico no hay otro más grande", afirma.


