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Opinión

¿Por qué es usted solidario?

Joaquín Ramos López
¿Por qué es usted solidario?

Solidaridad, esa unidad lingüística con la que se nos llena la boca cuando la usamos como sustantivo, común o propio, o es transfigurada al modo gramatical que le corresponda, tiende a ser socorrido término de muchos propósitos y bienquereres varios.

Resulta no serle extraña a la política, cómoda al sindicalismo, caritativa a la religión, ampulosa al periodismo, magna al derecho Natural y firme al de Obligaciones, popular al mundo trabajador y de denominación geográfica, y hasta espacial.

Podría decirse que este lustroso vocablo es conocido y pronunciado masivamente a diario en todo el mundo. Es, por demás, inteligible en variedad de países y muchos idiomas. Se trata, a buen seguro, de la manera de interpretar más favorablemente el entendimiento entre los pueblos.

Puede resultar pretencioso dedicar unos párrafos a tan importante palabra. También podrá procurarse algunas cosquillas a bienintencionados sociólogos que los lean. Pero no, no es mi propósito desarrollar la materia, ni por asomo practicar empirismo. Sólo trataré de dejar alguna impresión sobre cómo veo se manifiesta a mi alrededor lo que me llega vestido de solidaridad.

De un tiempo a esta parte se han ubicado en avenidas y paseos de muchas ciudades, juveniles brigadillas carpeta ilustrada en ristre que, en chaflanes y espacios a propósito, con gestos y palabras educadas, invitan al personal transeúnte les dediquen unos segundos para exponerles la bienhechora oportunidad de suscribirse a una Entidad solidaria.

Ardua intención la suya, evidentemente, pues es repetido se vean desestimados sus deseos, incluyendo algunos ceños enfadosos, gestos manuales poco apreciativos, si no expresiones de recurrente excusa, evidenciado claramente la incomodidad del pacífico asalto y, lo que viene a ser más ingrato, la proliferación y diversidad de esos actos.

Y es que tal reclamo solidario callejero de nuestros días, bien acentuado del buenismo social implantado porque sí, tiende a “comprar” la sensibilidad -solidaria o no- de algunas gentes que, de otra forma, no se la hubieran cuestionado. Así puede entenderse que se estaría ante una fatua solidaridad.

Resulta ser que, sólo en España hay registradas alrededor de 8.800 ONG’s, entre Asociaciones y Fundaciones de todo tipo de orientación y finalidad de carácter solidario. De ellas, algo más de 200 pueden considerarse de alcance internacional. Y de calado económico y asistencial, una docena. Su financiación es, aproximadamente, a partes iguales, pública y privada y de éstas, de origen popular, lo que menos. Pero ¡todas piden!

Las hay conocidas de toda la ciudadanía y son las que más recaudan y, generalmente, su dedicación y eficacia son bien estimadas. Pero la mayoría son organizaciones muy localistas y de función muy concreta. Todas presumen de alternativas a carencias públicas, sea de intención o de financiación. Algunas, que las hay, son engañosas.

Bien está y necesario resulta ayudar a quien lo necesita. Buena prueba de carácter humano es, como disposición y sensibilidad con el infortunio de sus semejantes, próxima a la de la caridad teologal. La entrega desinteresada de ayuda es digna del mérito solidario de quien la hace y decoroso tiene que ser de quien la reciba.

Dos cosas pueden provocar discusión acerca de generalizar la condición solidaria de muchas actuaciones de ayuda altruista en beneficio de los demás. E incluyo las asistencias personales voluntarias, para diferenciarlas de las meramente económicas, bien sean institucionales o privadas. 

Una es la razón íntima de la creación de una ONG. La otra sería, si testada fehacientemente su necesidad, esta no debiera incardinarse entre las funciones propias de los organismos públicos gubernamentales de los países involucrados.

Porque en una y otra subyace la duda razonable de la existencia de algún fallo natural, orgánico, existencial e indubitable achacable a la subsistencia de la especie humana. Dicho de otra manera: ¿qué no estamos haciendo bien como ciudadanos y debemos llevar a cabo como personas? o ¿en qué y cómo debemos cambiar, si así nos parece, el orden de nuestra existencia?

Seguramente no hallaremos fácilmente respuesta a este “ser o no ser” y será, discúlpenme, porque habré fabricado un lío con el ovillo de mi reflexión de esta hora. 

-¿Será quizás porque nos refugiamos en demasía en lo resuelto por el colectivo cuando el problema es poco próximo, alejado de nuestras inquietudes  permanentes, y descansamos delegando en otros? ¿O lo rechazamos porque estamos hartos de tanta demanda de esfuerzo unos y poca entrega de los otros?

-¿Será, a lo mejor, que ese deseable orden social que no tenemos, que creemos solucionaría todas nuestras carencias y miserias, egoísmos y soberbias, aún no lo hemos conseguido cabalmente? ¿Nos han secuestrado la voluntad o no tenemos ya en quién confiar? 

Sobre el autor:

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Joaquín Ramos López

Joaquín Ramos López es abogado y autor del blog Mi rincón de expresión.

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