Ramón Sánchez-Ocaña
Opinión

Cuando el calor impide dormir

Ramón Sánchez-Ocaña
Cuando el calor impide dormir
Pildoras

 

Por la noche refresca, suele decirse. Menos cuando la temperatura no baja de los veintitantos grados y el sol de la mañana sube los termómetros hasta los treinta y cinco. Es como si no diera tiempo a enfriar. Lo cierto es que cuando llegan los calores, se hace más difícil conciliar el sueño. Hay que tenerlo en cuenta para cuando llegue este momento.

Durante el día

- Beber de manera abundante, aunque no se tenga sensación de sed.

- Evitar comidas grasas y copiosas. Aumentar el consumo de frutas y verduras para reponer sales minerales que se pierden con el sudor.

- En casa, mantener las persianas bajadas e incluso cerrar las ventanas si el aire de la calle es muy caliente. Cuando llegue la noche hay que procurar subir todas las persianas y abrir las ventanas.

Hay quien aconseja para 'enfriar el cuerpo' poner las muñecas bajo el chorro de agua fría. Así enfría la sangre que pasa superficialmente por allí y esa refrigeración aliviará el calor. También puede echar mano del ventilador y poner delante de él un recipiente con hielo, de manera que el aire que le llegue este especialmente refrigerado.

Es curioso saber que mientras dormimos damos una vuelta en la cama cada hora y media aproximadamente. Si se acuesta temprano se mueve mucho menos que si se acuesta tarde. Si la cena es copiosa, hay mayor movimiento. Y si uno se acuesta después de haber visto una película violenta, la movilidad también es mayor.

Quizá le preocupe la siesta, que parece compañera del verano. En principio debe saber que especialistas importantes dicen que la siesta es beneficiosa y una necesidad biológica, siempre que no sea muy larga. Parece que el organismo tiene una disposición natural a dormir dos veces diarias. Una cabezada a mediodía, y una serie de horas por la noche. La NASA tras un estudio serio dice que una siesta de 40 minutos permite volver al estado de máxima alerta y atención. Muchas compañías aéreas ya aconsejan esa siesta a sus pilotos. La siesta corta sube la moral, mejora la atención, la productividad y la seguridad de los trabajadores. Una curiosidad: entre los aficionados a la siesta se puede citar a Leonardo da Vinci, Edison, Churchill, Clinton y Sharon Stone.

En lo que todos están de acuerdo es en que la siesta es beneficiosa, si es breve. Más de 30 minutos supondría alguna desventaja, porque permitiría al organismo llegar a las fases más profundas del sueño y se traduciría en despertar incómodo, en perder la noción horaria e incluso en dolor de cabeza.

El nombre de siesta

Ya no se duerme a la 'hora sexta', origen del término, que eran las doce del medio día. Los monjes, que se levantaban a las seis de la mañana, tras la comida de las doce 'sexteaban' y en muchas ocasiones se adormilaban durante la meditación. Ese es el origen de la siesta.

Debe hacerse, después de la comida, a primera hora de la tarde, en lugar tranquilo y con la seguridad de que le despertarán a la media hora. El Dr. Estivill, una de las mayores autoridades en problemas de sueño, sostiene que lo conveniente seria dormir entre 10 y 20 minutos, para no pasar del sueño superficial.

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