Ramón Sánchez-Ocaña
Opinión

Los piojos ya vuelven... al colegio

Ramón Sánchez-Ocaña
Los piojos ya vuelven... al colegio. Foto: Bigstock
Píldoras

 

En contra de la creencia popular, sólo el ser humano padece su parasitación. Los animales no nos los transmiten. Para el piojo el único proveedor de sangre es el hombre.

Como cada año por estas fechas, vuelve el tema de los piojos. Su definición dice que es un insecto del orden anoplura, de la familia de los pediculidus, género pediculus, especie humanus y de variedad capitis (Capitis porque hay tres tipos de piojo, este de la cabeza que nos preocupa ahora; el del cuerpo y vestidos, responsable de la difusión del tifus exantemático que no es frecuente; y el del pubis, que popularmente se llama ladilla).

Uno de los mitos que hay que desterrar es el de creer que esta parasitación esta relacionada de manera directa con la falta de higiene. Los piojos independientemente de la limpieza, lo único que buscan son los vasos sanguíneos de la cabeza para alimentarse. En sus pequeñas antenas, el piojo tiene unos sensores que le orientan y en cuanto localizan un vaso sanguíneo, su pequeña trompa actúa y chupa un poquito de sangre. Pueden vivir entre los quince y los treinta y ocho grados. Pero mueren a más de 40. El calor húmedo a 60 grados, destruye los huevos en un cuarto de hora.

Los piojos se alimentan de la sangre de quien parasitan. Se instalan y con esa trompa perforan y chupan la sangre, solo del ser humano.

Tenemos la idea de que cuando llegan los piojos, su invasión es muy numerosa. No es cierto. No hay más de 30 o 40, que se sitúan por el área de la nuca y detrás de las orejas, quizá porque son zonas de mayor temperatura. Cuando una hembra de piojo es fecundada, inicia la puesta apenas 24 horas después. Durante un mes, aproximadamente pone 7 u 8 huevos diarios. Los pone a dos centímetros del cuero cabelludo, para que estén a la temperatura adecuada. Para que no se caigan, los pega al pelo con una especie de cemento. Ese huevo se llama liendre.

Hay que insistir en que es sólo el ser humano el que padece su parasitación. Los animales no nos los transmiten, ya que para el piojo el único proveedor de sangre es el hombre.

El contagio

Siempre es por contacto directo de infestado a limpio. Mas en mujeres que en hombres. La infestación es escasa en niños menores de cinco años y muy frecuente entre los cinco y los catorce.

Contagiarse por huevos unidos a pelos sueltos es muy difícil, ya que el huevo para madurar tiene que estar por lo menos una semana a la temperatura de la cabeza. Los piojos que puedan caer sobre hombros o respaldos de sillones tampoco contagian porque o están muertos o son muy débiles.

Siempre se le dio al peine mucha importancia en la cadena de contagio del piojo. Hoy se sabe que no tienen ningún papel en ese contagio, ya que las liendres que el peine pueda desprender de una cabeza, ya no podrán fijarse nuevamente en otro lugar.

El problema

Es verdad que no plantean problemas graves. Pero hay que ser conscientes de que el piojo para subsistir actúa como una jeringuilla: clava en lugar donde hay líquido y succiona para extraerlo. Y además, expulsa una saliva irritante en el lugar donde clava, que produce una roncha, que pica. Eso acaba produciendo una enorme irritación. Nos rascamos. Ese rascado inflama y produce muchas veces una pequeña herida que va a ocasionar una infección.

Las recomendaciones

La Organización Mundial de la Salud recomienda la aplicación de permetrina al 1 por 100, que es el antipiojo menos tóxico para el hombre. Esta sustancia es neurotóxica para el parásito y le produce parálisis y muerte.

También se puede aplicar un insecticida que tenga acción sobre el piojo adulto y sus huevos. Las liendres deben eliminarse de forma manual o con un peine especial.

Consulte con su farmacéutico.

Sobre el autor:

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña (Oviedo, 1942) es miembro del Comité Editorial de 65Ymás. Estudió Filosofía y Letras y es licenciado en Ciencias de la Información. Fue jefe de las páginas de Sociedad y Cultura de El País, y profesor del máster de Periodismo que este periódico organiza con la Universidad Autónoma de Madrid. 

En 1971 ingresa en TVE. En una primera etapa se integra en los servicios informativos y presenta el programa 24 horas (1971-1972). Entre 1972 y 1975 continúa en informativos, presentando el Telediario. No obstante, su trayectoria periodística se inclina pronto hacia los espacios de divulgación científica y médica, primero en Horizontes (1977-1979)​ y desde 1979 en el famoso Más vale prevenir, el cual se mantiene ocho años en antena con una enorme aceptación del público.

Tras presentar en la cadena pública otros dos programas divulgativos, Diccionario de la Salud e Hijos del frío, fue fichado por Telecinco para colaborar primero en el espacio Las mañanas de Telecinco y posteriormente en Informativos Telecinco.

Es colaborador habitual de radio, periódicos y revistas, y autor de una veintena de libros, entre los que destacan Alimentación y nutrición, Francisco Grande Covián: la nutrición a su alcance, El cuerpo de tú a tú: guía del cuerpo humano, Guía de la alimentación y Enciclopedia de la nutrición

En 2019 entró en el Comité Editorial del diario digital 65Ymás, en el que colabora actualmente.

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