Ramón Sánchez-Ocaña
Opinión

Por qué se ronca y posibles soluciones

Ramón Sánchez-Ocaña
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Pildoras

 

El 65% de hombres y el 34% de mujeres roncan por la noche, según confiesan sus compañeros de cama. Este es uno de los datos que se recoge en un estudio del servicio de Neumología del Hospital Miguel Servet, de Zaragoza. 

En el ronquido intervienen muchos factores, aunque la gran mayoría ronca por la vibración de los tejidos de la garganta. Normalmente, el ronquido se debe a un aumento de tamaño del velo del paladar. El velo se descuelga y hace vibrar el aire de inspiración y espiración. Es evidente que cuando más profundo es el sueño, más se relaja ese velo y por tanto, más posibilidades hay de que se produzca el ruido cuando el aire atraviesa esa zona.

También la obesidad va ligada al ronquido, porque la anchura de cuello que la obesidad conlleva comprime las vías respiratorias. También lo favorece el tabaco, que irrita las vías respiratorias, y el alcohol, porque incide en el mecanismo especifico que produce el ronquido. De hecho, son muchos los adultos que roncan solo cuando beben.

La solución no es compleja, pero pasa por un estudio del modelo de sueño del individuo.

Con distinta intensidad, la mitad de la población ronca habitualmente. La media mundial se sitúa entre el 15 y el 60%. Parece que los españoles y los orientales tenemos una configuración de la cabeza que favorece la ronquera y el ronquido. Y si a ello unimos la obesidad, tenemos las dos causas principales de roncar. La alimentación también parece tener un efecto causal sobre estas afecciones.

El principal síntoma, además del ronquido, es la dificultad de oxigenación que comporta y puede comprometer la vida del enfermo con problemas cardiorrespiratorios. Según los expertos, aproximadamente el 40% del tiempo que destinamos al sueño permanecemos sin respirar, es decir, respiramos intermitentemente. De este modo, un roncador que haya llegado a una fase grave suele sufrir entre 200 y 600 paros respiratorios cada noche, con una duración que oscila entre los diez segundos de detención pulmonar -tiempo total inocuo- y los tres minutos, lapso este que puede llegar a provocar la muerte por paro cardio-respiratorio. 

El ronquido puede producir verdadera angustia en quien duerme al lado. Sobre todo si se empieza a roncar antes de que el otro se haya dormido. Porque no se olvide que la mitad de los adultos ronca y muchos lo hacen de forma habitual. Los niños, salvo que tengan algún problema concreto (catarro, vegetaciones) no roncan nunca.

Primero hay que seguir unas medidas generales orientadas a conseguir una vida sana, en la que prime el ejercicio, la dieta y la moderación en el consumo de alcohol y tabaco. Otra buena medida preventiva consiste en prescindir en lo posible de tomar somníferos y demás medicamentos relajantes, ya que estos fármacos propician la apnea al deprimir el músculo del velo del paladar.

También se aconseja primero dormir de lado y evitar el consumo de alcohol, sobre todo poco antes de dormir. Y vigilar el peso.

En cuanto a soluciones populares hay cientos y cientos cuya validez nunca se puede demostrar de forma absoluta. Uno de los remedios más simples es el de coser una pelota de tenis a la espalda del pijama. Al ponerse boca arriba –postura en la que más se ronca– la incomodidad es tal que vuelve a ponerse de lado y cesa el ronquido. También se intentan otras soluciones quirúrgicas. Por ejemplo, hacer dos pequeños orificios en la úvula –la campanilla– con un rayo láser. Así se reduce el tamaño y entonces se impide que vibre, que es lo que realmente produce el sonido.

De la apnea de sueño, íntimamente relacionada con el ronquido, ya hemos hablado en otro artículo.

Sobre el autor:

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña (Oviedo, 1942) es miembro del Comité Editorial de 65Ymás. Estudió Filosofía y Letras y es licenciado en Ciencias de la Información. Fue jefe de las páginas de Sociedad y Cultura de El País, y profesor del máster de Periodismo que este periódico organiza con la Universidad Autónoma de Madrid. 

En 1971 ingresa en TVE. En una primera etapa se integra en los servicios informativos y presenta el programa 24 horas (1971-1972). Entre 1972 y 1975 continúa en informativos, presentando el Telediario. No obstante, su trayectoria periodística se inclina pronto hacia los espacios de divulgación científica y médica, primero en Horizontes (1977-1979)​ y desde 1979 en el famoso Más vale prevenir, el cual se mantiene ocho años en antena con una enorme aceptación del público.

Tras presentar en la cadena pública otros dos programas divulgativos, Diccionario de la Salud e Hijos del frío, fue fichado por Telecinco para colaborar primero en el espacio Las mañanas de Telecinco y posteriormente en Informativos Telecinco.

Es colaborador habitual de radio, periódicos y revistas, y autor de una veintena de libros, entre los que destacan Alimentación y nutrición, Francisco Grande Covián: la nutrición a su alcance, El cuerpo de tú a tú: guía del cuerpo humano, Guía de la alimentación y Enciclopedia de la nutrición

En 2019 entró en el Comité Editorial del diario digital 65Ymás, en el que colabora actualmente.

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