Del anís de Chinchón a los vinos de la Vega del Tajo: ruta por las bodegas del sureste madrileño
Un recorrido para visitar bodegas históricas, cuevas y antiguas tinajas
Hay rutas que se descubren desplegando un mapa y otras brindando con una copa. Madrid se está convirtiendo en un destino fascinante para los amantes de la buena mesa y el buen vino. El sureste de la Comunidad de Madrid es territorio de viñedos, olivares y vegas en el que el vino, y el anís, forman parte del paisaje.
Proponemos una ruta que nos ayudará a conocer la diversidad natural, cultural y gastronómica de esta región. A menos de una hora de la capital encontramos bodegas, variedad de paisajes, sensaciones, vivencias y multitud de experiencias alrededor del buen beber, porque conocer el vino desde sus raíces y acercarnos a una bebida tan castiza como el anís, es sumergirse en la cultura y formas de vida de un territorio y de sus habitantes.
Desde Chinchón, famosa por su Plaza Mayor y por uno de los anises más reconocidos de España, esta ruta nos conducirá hasta Valdelaguna, Belmonte de Tajo, Colmenar de Oreja y Villarejo de Salvanés. Cinco municipios en los que todavía es posible encontrar bodegas familiares, cuevas excavadas bajo las casas, antiguas tinajas de barro y vinos que cuentan una historia. Una escapada que permite, además, sentarse a la mesa para probar algunos de los platos y productos más emblemáticos de la Comunidad de Madrid.

Chinchón: una historia de amor con el anís
El viaje comienza en Chinchón. Su anís cuenta con Indicación Geográfica y se elabora a partir de anís verde o matalahúga, que se macera y posteriormente se destila en alambiques de cobre. La tradición se remonta al menos al siglo XVII y actualmente se comercializan cuatro variedades: dulce, seco, extra seco y seco especial.
La visita a la localidad no debería limitarse a la botella. Hay que visitar su casco histórico, el Castillo los Condes, el Monasterio de los Agustinos, hoy Parador, el teatro Lope de Vega, la casa de la Cadena, la Torre del Reloj de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de Gracia. Pero sobre todo hay visitar la Plaza Mayor, uno de los más bellos ejemplos de la arquitectura popular española cuyas primeras casas con soportales y balcones se remontan al siglo XV, aunque fue en el XVII cuando quedó totalmente cerrada. Ha sido declarada cuarta maravilla de la Comunidad de Madrid.
El paseo por Chinchón… también incluye vino. Bodega del Nero, en pleno centro de Chinchón, mantiene una tradición familiar que comenzó en 1870 y que ya alcanza cinco generaciones. Sus 20 hectáreas de viñedo propio se cultivan en secano y de forma ecológica en la vega del Tajuña, con Tempranillo, Tinto Fino, Airén y Malvar.
Es un buen lugar para probar un tinto de Tempranillo o acercarse a los blancos de Malvar y Airén, variedades que permiten entender que los vinos madrileños no se reducen a los tintos.
Para acompañarlos, la gastronomía local pide platos contundentes: cordero, cochinillo, cabrito, carnes de caza, sopa de ajo o guisos tradicionales, además del ajo fino de Chinchón. Y para terminar, los dulces conventuales y el propio anís.
Una opción con especial sentido es el Mesón Cuevas del Vino, donde gastronomía y tradición bodeguera forman parte de la misma experiencia.

Valdelaguna: territorio de vino y memoria rural
La siguiente parada es Valdelaguna, que se encuentra en plena Comarca de Las Vegas, en la comarca histórica de la Alcarria de Chinchón.
El casco urbano de Valdelaguna cuenta con construcciones tradicionales de piedra, barro y yeso, que proporcionan una agradable vista de tonalidad blanca. El conjunto de casas encaladas, las cuestas que recorren las laderas donde se ubica el pueblo, sus empinadas calles, su monte de encinas y pinos en contraste con su fértil vega, conforman un paisaje digno de apreciar.
Pero también conviene reservar tiempo para visitar Bodegas Pablo Morate y su Museo del Vino. Fundada en 1873, esta bodega familiar combina instalaciones actuales con un museo situado en un edificio histórico del siglo XV, donde se conservan tinajas, aperos, prensas y otros elementos relacionados con la elaboración tradicional. Las visitas y catas se realizan con reserva previa.
Aquí merece la pena probar alguno de los vinos elaborados con las variedades de la casa: tempranillo y syrah entre las tintas, y Malvar y Viura entre las blancas.
La bodega también permite conocer el proceso de elaboración, visitar el museo y diseñar su propio vino con la ayuda del enólogo.
Los vinos de Valdelaguna, sin duda maridan a la perfección con el Queso Gigorro Semicurado de oveja Manchega que encontramos en el pueblo. Un delicioso queso blanco amarillento, puro de oveja con leche cruda, de pasta prensada, cuajada enzimática, inmersión en salmuera y una curación mínima de dos meses.

Belmonte de Tajo: vino ecológico y paisaje
El paisaje de viñedos vuelve a ocupar el primer plano en nuestra siguiente parada: Belmonte de Tajo.
La parada enológica más interesante en esta población es la Bodega Ecológica Andrés Morate, que permite introducir en la ruta la viticultura ecológica y comprobar cómo la tradición vinícola de la zona también se adapta a nuevas formas de cultivo y elaboración.
La localidad merece además un paseo por su Plaza Mayor y una visita a la Iglesia de Nuestra Señora de la Estrella, un templo de época renacentista construido en el siglo XVI, aunque dañado en la guerra de Sucesión y la Guerra Civil. Hoy, restaurada, ha recuperado su planta original y nos muestra una ornamentada pila bautismal barroca y dos benditeras del siglo XVIII.
Colmenar de Oreja: bodegas, cuevas y tinajas
Si hay un lugar en el que detenerse con calma, ese es Colmenar de Oreja. La localidad forma parte de la subzona de Arganda de la D.O. Vinos de Madrid y es uno de los grandes centros vitivinícolas del sureste madrileño.
Aquí el vino se puede beber, pero también visitar. Bajo las calles y viviendas se conservan antiguas cuevas y bodegas en las que todavía reposan los vinos.
Una de las experiencias más interesantes es la de Bodegas Jesús Díaz e Hijos, la bodega más antigua de Colmenar de Oreja, fundada en 1898 y ubicada en un antiguo convento de franciscanos. Su visita incluye una cueva centenaria con tinajas y una degustación de vinos acompañada de tapas típicas. Entre sus elaboraciones hay blancos, tintos, rosados y espumosos, con variedades como Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah, Malvar y Macabeo. La visita requiere cita previa.
Otra posibilidad es Bodegas y Viñedos Pedro García, fundada en 1931. Su experiencia más completa combina bodega, sala de barricas y una cueva del siglo XVII con una cata de cuatro vinos maridados con cuatro tapas. También ofrece la posibilidad de completar la visita con un recorrido por el conjunto histórico de Colmenar y el Museo Ulpiano Checa.
Además del vino, Colmenar merece visitarla con calma. Es Bien de Interés Cultural desde 2013. Su plaza mayor es una de las plazas porticadas de estilo castellano más bellas de la Comunidad de Madrid, en la que el tiempo parece haberse detenido. Su paño sur da a un majestuoso conjunto arquitectónico conformado por los Jardines de Zacatín, la boca del túnel de piedra del mismo nombre que cruza bajo la plaza de parte a parte y los abrevaderos.
Pero además de por sus vinos, esta villa madrileña tiene justa fama por sus quesos y su aceite. El Queso de oveja de esta localidad tiene amplio reconocimiento entre los quesos de la Comunidad de Madrid. Por lo que se refiere al aceite, el catastro del año 1750 da fe de que en Colmenar de Oreja existían 105 molinos de aceite.
A la hora de comer, en Colmenar hay que probar su carne al desarreglo, un guiso tradicional de ternera, además de las patatas chulas y otros platos de cocina de raíz castellana.

Villarejo de Salvanés, vino, historia y aceite de oliva virgen extra
El último tramo nos lleva hasta Villarejo de Salvanés, donde el vino producido en la locallidad, de la DO Vinos de MAdrid tiene tanto protagonismo como su patrimonio. Su Torre del Homenaje, el castillo y la Casa de la Tercia recuerdan el pasado de la localidad como capital de la Encomienda Mayor de Castilla. Desde aquí se contempla además un paisaje de olivares y encinares que ayuda a entender la diversidad agrícola del sureste madrileño.
Es un buen lugar para cerrar la ruta y recuperar otra de las señas de identidad gastronómicas de la zona: el aceite de oliva virgen extra. La Comunidad de Madrid cuenta con una D.O.P. Aceite de Madrid y desarrolla, además, una ruta oleoturística por la comarca que incluye tanto Villarejo de Salvanés como Chinchón y Colmenar de Oreja.
A la hora de comer, Villarejo de Salvanés es una localidad perfecta para el tapeo. Entre sus platos más representativos, no pueden faltar las gachas, el conejo al ajillo, las patatas con conejo, los asados de cordero o las judías con perdiz.
Y por lo que a los postres se refiere los más tradicionales en Villarejo de Salvanés son las torrijas, las cañas, las pastafloras y, sobre todo, las famosas rosquillas de la Tía Javiera, aclarando que la Tía Javiera es un personaje del imaginario colectivo madrileño inspirado en una pastelera del siglo XIX que se hizo famosa vendiendo rosquillas en las fiestas.

