Región de Murcia

Rutas del vino murciano: Bullas

Antonio Castillejo

Sábado 29 de enero de 2022

9 minutos

La Monastrell es la variedad autóctona y mayoritaria en esta Denominación de Origen

Rutas del vino murciano: Bullas. Foto: Museo del Vino en Bullas
Antonio Castillejo

Sábado 29 de enero de 2022

9 minutos

La cultura del vino en la DO Bullas es la natural consecuencia de una herencia milenaria. Así lo atestiguan muchos elementos arqueológicos en diferentes municipios de la DO que fechan el comienzo de la elaboración de los vinos de la zona en más de 2.600 años de antigüedad, si bien el arraigo de los viñedos y el consumo y exportación de los caldos llegaría en la época romana.

Se hallan así en la región y más concreto en la localidad de Bullas, vestigios arqueológicos de esa época encontrados en diferentes yacimientos de villas romanas que sin lugar a dudas lo atestiguan. Nos referimos a 'El Niño de las Uvas' o el 'Sello del Castellar', una pieza romana  que muestra un canasto con racimos de uvas a modo de alegoría del cultivo de la vid. Dos ejemplos milenarios que rememoran la vendimia y, en consecuencia, la ancestral tradición vitivinícola de estas tierras murcianas.

Sello del Castellar. Foto: Museo del Vino de Bullas
Sello del Castellar. Foto: Museo del Vino de Bullas 

 

El período visigodo mantendría la producción vinícola que fundamentalmente iba dirigida a las comunidades religiosas para atender a las necesidades del culto. Tras la caída del reino de Granada, vencido por las huestes de los Reyes Católicos, y la etapa musulmana, la zona de Bullas experimentó un espectacular desarrollo gracias a la extensión del viñedo y a la elaboración de vinos que satisfacían las necesidades alimentarias, religiosas, económicas e incluso de salud pública de la época.

A partir del siglo XVI se produce la expansión del viñedo en el territorio de la Denominación de Origen Bullas, y la región se convierte por derecho propio en una gran región vinatera.

Esta inveterada tradición enológica de Bullas fue con el tiempo aumentando como demuestra la gran cantidad de bodegas tradicionales en casas no solo de campo sino también urbanas como la que acoge actualmente la sede del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Bullas que alberga una impactante colección de tinajas que apunta a una datación de la bodega que podría ser anterior al siglo XVIII.

Ya en el siglo XX, ante la crisis originada en las viñas de todo el mundo por la filoxera y el mildiú, por los años treinta surge la necesidad de mejorar la producción vinícola abandonando las técnicas tradicionales en favor de elaboraciones más modernas. El asociacionismo nacido a raíz de esa convicción hace ahora 90 años fue el germen de las dos grandes cooperativas vinícolas de la DO Bullas que surgieron para compensar unos precios poco ventajosos y que dieron lugar a la radical modernización de las bodegas existentes y al levantamientos de otras nuevas.

De esta forma, llega en 1935, el primer intento de reconocimiento de la Denominación de Origen a partir de la inscripción de en el Registro de la Propiedad Industrial de Bodegas Murcianas de procedencia Bullas y la solicitud que el Ayuntamiento de la localidad murciana elevó al Ministerio de Agricultura para que los vinos de Bullas estuviesen protegidos por la denominación de origen.

Por desgracia, la resolución del expediente fue interrumpida por la Guerra Civil, pero en los años setenta del pasado siglo se retomaron nuevamente los trámites y en el año 1988 se crea el Centro Gestor Vinos de la Tierra de Bulla con el fin de sentar las bases para optar a la Denominación de Origen Bullas.

Por fin, en 1994 se otorga a la zona la Denominación de Origen en justo reconocimiento nacional e internacional de estos vinos, lo que desde entonces se traduce en importantes ventajas para productores y bodegueros que vieron incrementadas sus opciones de comercialización y apertura a los mercados internacionales que ya conocen y disfrutan de los vinos DO Bullas.

El secreto está en la uva Monastrell

La Monastrell es la variedad autóctona y mayoritaria en la DO Bullas. Etimológicamente procede del latín Monasteriellu-Monasteriell, diminutivo de  Monasterie-Monestir, nombre que puede asociarse a la propagación de estas cepas desde los monasterios. Se trata de una variedad conocida por diferentes nombres, dependiendo del lugar donde se produce, Mourvedre en Francia, Rossola Nera en Italiay en otros lugares como Australia, Estados Unidos y Chipre Mataro. En España su nombre también varía según las regiones, y sin ir más lejos, en la propia Región de Murcia, se la puede encontrar como Reyno, Gayata, Morrastell y Morastell.

Variedad de uva Monastrell. Foto: Wikipedia
Variedad de uva Monastrell. Foto: Wikipedia

 

Hablamos de una uva de racimos medianos a grandes, densos y compactos, pequeña, de perfil esférico y piel negro azulada gruesa, consistente y de pulpa muy carnosa. Su maduración es lenta y tardía comparada con variedades tintas como la Tempranillo, Cabernet Sauvignor, Merlot o Syrah y es una planta muy resistente, capaz de aguantar bien tanto la sequía como las heladas.

De origen español, la Monastrell es una cepa de porte erguido con sarmientos gruesos y cortos, entrenudos de longitud media y poco ramificados, la hoja posee tres lóbulos marcados y sus frutos son de piel gruesa y repletos de componentes aromáticos que serán cedidos posteriormente al vino.

Son los de Bullas vinos suaves pero con gran cuerpo. Los llamados “semi crianza”, tan de moda hoy en día, son vinos jóvenes con no más de seis meses en barrica y sus crianzas y reservas están entre los mejores de España.

La tradición y el Museo del vino

Los amantes del vino y de la historia tienen en Bullas un lugar donde  combinar ambos placeres encontrando el origen de una secular dedicación al cultivo de la vid y la elaboración de vinos. Así se desprende del hallazgo en la villa romana de Los Cantos de la escultura del Niño de las Uvas o en la abundante documentación conservada en diversos archivos.

El niño de las uvas. Museo del vino de Bullas
El niño de las uvas. Foto: Museo del vino de Bullas

 

El historiador Martín de Ambel nos recuerda que la producción de vino en Bullas ya estaba documentada en 1657 y que el Acta Capitular de 1849 describe la forma artesanal de hacer vino. Sólo en su casco urbano se conservan, total o parcialmente, más de 200 bodegas tradicionales, la mayoría construidas entre los siglos XVIII y XIX.

Así se atestigua en el Museo del Vino de Bullas donde una exposición presenta, de forma didáctica, todos los procesos seguidos en su elaboración  diferenciando claramente entre procedimientos tradicionales y actuales.

Enclavado en la comarca del noroeste de la Región de Murcia, Bullas se encuentra en una de las zonas más montañosas de la comunidad autónoma y su historia está indisolublemente ligada a la cultura del vino.

Hoy en día, esta riqueza cultural asociada al vino se da a conocer en la Ruta del Vino de Bullas, certificada desde 2007 como una de las Rutas del Vino de España y que es abierta y no responde a ningún trazado predefinido, poniendo de relieve la oferta turística local a través de antiguas y modernas bodegas y paisajes de viñedos, entre otros recursos, si bien su punto de partida y referente siempre será el Museo del Vino ubicado en una antigua bodega del siglo XIX y reflejo del pasado y el presente de los excelentes caldos producidos actualmente bajo el amparo de la DOP Bullas.

Pero Bullas es mucho más que el vino y atesora hermosos paisajes y espacios naturales como el Salto del Usero, en el curso alto del río Mula, el mercadillo de productos locales de 'El Zacatín' cada primer domingo de mes y numerosas fiestas y tradiciones tanto en la propia Bullas como en su pedanía de La Copa

Un patrimonio imprescindible

Llegados a Bullas para conocer en primera persona sus vinos, no se puede olvidar descubrir también su patrimonio histórico y artístico. Resulta obligado visitar la Casa Museo Don Pepe Marsilla donde se conservan en perfecto estado tanto la decoración de estilo modernista de la parte residencial como las diferentes dependencias en las que se dividía la zona de labor y en la bodega se puede apreciar el espacio dedicado a la producción de vino con destino a la venta y otro reservado para guardar los caldos más selectos de consumo particular. En total se conservan 57 tinajas con una capacidad superior a los 140.000 litros de vino.

La Villa Romana de Los Cantos se articula en varios núcleos, entre los que destaca: la para urbana, donde quedaría ubicada la domus, residencia estacional del propietario, el complejo termal y la para frumentaria, o sector industrial, dedicado a la manufactura y almacenamiento de la producción agrícola y ganadera.

Villa Romana de los Cantos. Foto: Ruta del Vino de Bullas
Villa Romana de los Cantos. Foto: Ruta del Vino de Bullas

 

Una de las particularidades más destacables de este edificio es la existencia de un mirador orientado al sur, que se abre a las mejores panorámicas del lugar que no son otras que Sierra Espuña y El Castellar. La  actuación  arqueológica sobre el complejo termal ha supuesto la excavación superficial de unos 450 metros cuadrados, aunque sus dimensiones son evidentemente superiores. Se ha podido documentar, hasta el momento, la existencia de al menos dos hornos, o praefurnium, responsables de calentar las diferentes salas, además del agua de bañeras y piscinas, por medio del sistema de calefacción con cámara de aire subterránea y parietal denominado hipocaustum.

Por su parte, la Torre del Reloj es un peculiar edificio, auténtico baluarte en el perfil urbano de Bullas, que se levantó en 1900 con la finalidad de regular las tandas de riego entre los agricultores. En la actualidad sigue marcando a golpe de campana el devenir de la localidad. La maquinaria del reloj constituye una verdadera joya de la mecánica y desde la azotea, donde se sitúa el campanario, se puede contemplar una magnifica vista de Bullas y sus alrededores.

Y para comer...

Y a la hora de comer conviene tener muy presente que los platos más típicos de Bullas responden a las propias características geográficas, climáticas y culturales de la zona. Estamos en tierras montañosas, jalonadas por valles donde los viñedos se mezclan con otros cultivos del campo mediterráneo como cereales, almendros y olivos y esto ha supuesto una marcada personalización de su gastronomía.

Arroz empedrado. Foto: Wikipedia
Arroz empedrado. Foto: Wikipedia

 

Existe una gran variedad de platos tradicionales entre los que destacan el 'ajoharina', una modalidad de gachasmigas; el 'empedrao' de Semana Santa un arroz viudo así llamado porque no lleva carne, una receta clásica de cuaresma, no por eso es menos sabrosa, bien al contrario, un arroz meloso de intenso sabor elaborado con bacalao y verduras que lo acompañan; o las 'patatas a la llanda', deliciosas patatas al horno con tan solo ajo, aceite de oliva, sal y pimienta.

Sobre el autor:

Antonio Castillejo

Antonio Castillejo

Antonio Castillejo es abogado y periodista. Comenzó su carrera profesional en la Agencia Fax Press dirigida entonces por su fundador, Manu Leguineche, en la que se mantuvo hasta su desaparición en 2009. Especializado en información cultural y de viajes, desde entonces ha trabajado en numerosos medios de prensa, radio y televisión. Actualmente volcado con los mayores en 65Ymás desde su nacimiento.

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