Estiman 1.944 muertes de mayores atribuibles al calor solo en el mes de julio
En total desde mayo, se calcula que habrían fallecido más de 3.000
Este verano está siendo especialmente duro a nivel de mortalidad de mayores por causas relacionadas con las altas temperaturas. Y es que las sucesivas olas de calor se estarían traduciendo en varios miles de decesos.
Según las estimaciones del registro MoMo del Instituto de Salud Carlos III, sólo en el mes de julio, se habrían producido 1.944 fallecimientos en la franja de más de 65 años, 1.249 de los cuales tendrían más de 85 años.
En total, desde el mes de mayo hasta el 2 de agosto se calcula que el calor habría sido responsable de 3.129 defunciones.
Cabe recordar que, el año pasado, en ese periodo de tiempo, el MoMo contabilizaba 1.421 –y, desde el 1 de mayo al 31 de septiembre de 2025, 3.676–.
De esta manera, si en agosto se mantiene la tendencia, esta temporada veraniega podría ser de récord a nivel de mortalidad.

Los mayores, las principales víctimas
Estos periodos de altas temperaturas se han convertido en un verdadero problema de salud pública. Así lo advertía recientemente el exdirectivo de la OMS Daniel López Acuña, durante la presentación de una guía que elaboró para la organización HelpAge International España, Olas de calor y personas mayores. Guía práctica para Administraciones y Centros Residenciales.
Según se explica en ella, el problema es de tal magnitud que el sistema MoMo contabiliza más de 47.000 muertes en exceso por calor entre el año 2000 y 2022.

¿Por qué fallecen más?
En España, las personas mayores representan más del 90% de los decesos asociados al calor.
La respuesta a esta desproporción reside fundamentalmente en la biología. Lorenzo Armenteros, portavoz de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), explicaba a 65YMÁS durante los primeros episodios de calor del año que a partir de los 70 años nuestro "sistema termorregulador está más alterado" y el cuerpo deja de reaccionar de manera óptima para enfriarse.
El proceso de envejecimiento hace que suden hasta un 30% menos y padezcan de "hipodipsia", que es la pérdida progresiva de la sensación de sed.
Esto significa que pueden sufrir una deshidratación severa sin llegar a sentir la necesidad de beber líquidos. A ello se le suma una menor reserva cardiovascular, lo que provoca que el corazón experimente un enorme nivel de estrés al intentar enviar sangre hacia la piel para disipar el calor interno.

Factores de riesgo determinantes
Más allá de la biología, la vulnerabilidad se dispara cuando convergen otros factores agravantes. Armenteros resumía la situación asegurando que "si unimos edad, cronicidad y tratamientos crónicos es un cóctel peligroso".
Gran parte de los fármacos habituales en estos grupos de edad interfieren en la defensa contra el calor: los diuréticos pueden causar deshidratación, mientras que los tratamientos antihipertensivos o betabloqueantes limitan la disipación térmica y pueden provocar mareos y caídas de tensión.
Y también afecta el nivel social, López Acuña señalaba que existe un "triple riesgo convergente": el cambio climático, el progresivo envejecimiento poblacional y un modelo de urbanización deficiente.
Factores como el efecto de "isla de calor" en las grandes ciudades, sumados a la pobreza energética y a la soledad no deseada, resultan determinantes y letales.
De hecho, el aislamiento social impide que alguien pueda detectar a tiempo los primeros síntomas de un golpe de calor o realizar una llamada de auxilio.
En este contexto, el perfil de máximo riesgo corresponde a una mujer mayor de 75 años, que vive sola, sufre enfermedades crónicas, está polimedicada y habita en una casa sin una correcta climatización.
Síntomas de alarma
Por otra parte, en cuanto a los síntomas, los expertos han recordado a este diario en múltiples ocasiones que es vital detectarlos a tiempo para poder intervenir.
Lucía Martínez, presidenta de la Asociación Madrileña de Salud Pública, advertía que se debe prestar especial atención a cuadros iniciales como el malestar inespecífico y los mareos.
El cuadro clínico se vuelve de extrema gravedad cuando se presenta el temido "golpe de calor", el cual se manifiesta con temperaturas corporales superiores a los 40°C, piel caliente, seca y enrojecida, así como dolor de cabeza intenso, náuseas, confusión, somnolencia e incluso pérdida de conciencia y convulsiones.
Ante esto, o frente a la falta de orina durante horas, los expertos instan a contactar inmediatamente con los servicios de emergencias del 112.

Recomendaciones
Además, los especialistas recomiendan adoptar las siguientes medidas preventivas:
- Hidratación pautada: beber entre 1,5 y 2 litros de agua diarios, aumentando la cantidad hasta 3 litros durante alertas térmicas. No hay que esperar a tener sed; se deben crear rutinas de ingesta y evitar el alcohol y el exceso de cafeína.
- Adaptación del hogar: bajar persianas y cerrar las ventanas durante las horas centrales (de 11:00 a 20:00), ventilando únicamente por la noche o a primera hora.
- Refresco y alimentación: darse duchas frescas, aplicar paños húmedos en el cuello o muñecas y consumir alimentos ricos en agua, como frutas frescas y sopas frías, reduciendo comidas pesadas.
- Supervisión clínica: revisar junto al médico los tratamientos habituales para valorar su posible ajuste temporal, además de no modificar nunca la dosis de los medicamentos por iniciativa propia.
Por último, en su guía, HelpAge exige también una protección proactiva desde las administraciones públicas.
Reclaman identificar a la población vulnerable para realizarles seguimientos telefónicos de emergencia y exigen el blindaje de las residencias de mayores mediante protocolos estrictos.
En estos centros, sugieren la habilitación de "salas frescas" que mantengan temperaturas de entre 24°C y 26°C y la instauración de rutinas de "hidratación activa" que ofrezcan líquidos a los residentes cada hora.
