Salud

Interacción entre fármacos y alimentos: intenta evitar estas combinaciones

Verónica Mollejo

Domingo 8 de diciembre de 2019

2 minutos

¿Sabías que los alimentos ricos en vitamina C potencian la eficacia de los suplementos de hierro?

¿Cómo reaccionan los fármacos con ciertos alimentos? (bigstockphoto)

Tanto los medicamentos como los alimentos ejercen una fuerte influencia en el estado y la salud del organismo. Sin embargo, en algunas ocasiones, la combinación de ambos elementos puede resultar contraproducente. ¿Cómo? Modificando la eficacia o el comportamiento de dichos fármacos o incluso creando desequilibrios nutricionales de suma importancia.

Tal y como asegura el Sistema Nacional de Salud en uno de sus boletines, “las interacciones entre medicamentos y alimentos no se detectan con tanta facilidad como las interacciones entre unos medicamentos y otros, sin embargo, su frecuencia potencial es mucho mayor, ya que los alimentos son, con gran diferencia, la sustancia que más se asocia con la administración de medicamentos. Sin embargo, en la práctica, las interacciones entre fármacos y alimentos son pasadas por alto con frecuencia y, en algunos casos, no son detectadas hasta que ocurren efectos adversos graves”. Bajo esta premisa, ¿qué combinaciones de fármacos y nutrientes debes intentar evitar?

Una unión nada beneficiosa

Antes de modificar tu tratamiento farmacológico o tu dieta diaria, lo mejor es que consultes con un profesional de la salud que conozca a la perfección tu historial médico, pues él mejor que nadie sabrá cómo puede afectarte dicha combinación. No obstante, en términos generales, estas son algunas de las reacciones que debes tener en cuenta:

Medicamentos contra nutrientes (bigstockphoto)
  • Sintrom. Según los expertos, los alimentos ricos en vitamina K pueden disminuir la eficacia de este anticoagulante, que se utiliza para tratar enfermedades como la trombosis o la embolia pulmonar. Las verduras de hoja verde, como las espinacas, las acelgas o el brócoli; el hígado, los huevos, la carne de res y los cereales, aunque en menor medida, poseen esta vitamina.

  • Ácido acetilsalicílico. Este fármaco se usa para aliviar el dolor, la fiebre o la inflamación. Sin embargo, debido a su toxicidad gastrointestinal, se suele recomendar su consumo después de las comidas. Además, como fármaco antiinflamatorio no esteroideo que es, no debe mezclarse con bebidas gaseosas ya que el ácido de ambos puede aumentar la concentración del medicamento en la sangre, provocando una intoxicación.

  • Antibióticos. Al parecer, la penicilina, la ciprofloxacina y otros fármacos contra las infecciones deben mantenerse alejados de los productos lácteos, responsables del descenso de su efectividad.

  • Medicamentos para reducir el colesterol. En este caso, el enemigo a evitar son las frutas cítricas, como las naranjas, el limón y, sobre todo, el pomelo. La cerivastatina es uno de los medicamentos más sensibles a su efecto, que se traduce en una disminución del metabolismo de la misma, lo que dificulta su absorción. Lo mismo ocurre con los estrógenos, que también se emplean para prevenir la osteoporosis y las enfermedades cardiovasculares.

  • Diazepam. Pensado para relajar el sistema nervioso, este fármaco nunca debe entrar en contacto con el alcohol, pues provoca un irremediable efecto sedante, al igual que sucede con la olanzapina, que pertenece al grupo de los llamados antipsicóticos.

  • Antihipertensivos. Todas aquellas sustancias que reducen la presión arterial pueden ver reducida su protección cuando interaccionan con alimentos ricos en sodio como, por ejemplo, las conservas de carne y pescado, el queso, las aceitunas, el embutido, algunas verduras de hoja verde o los pepinillos, entre otros. Además, como una de sus funciones es aumentar la cantidad de potasio, hay que reducir la presencia de productos ricos en este nutriente para evitar una sobredosis.
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