Mayores

Presbicia, presbiacusia, rigidez en articulaciones… así afecta la edad a la capacidad de conducir

Toni Esteve

Foto: Bigstock

Domingo 23 de mayo de 2021

4 minutos

La merma de los sentidos conforme nos hacemos mayores aumenta el riesgo de tener un accidente

Presbicia, presbiacusia, rigidez en articulaciones… así afecta la edad a la capacidad de conducir (Foto Bigstock)
Toni Esteve

Foto: Bigstock

Domingo 23 de mayo de 2021

4 minutos

El riesgo de lesiones y muerte en un accidente automovilístico aumenta con la edad. Los adultos mayores experimentan dificultades en condiciones normales, ya sea debido a problemas de vista, audición disminuida o reflejos reducidos. Y, por supuesto, si ya la capacidad de conducción puede verse significativamente afectada cuando una persona de cualquier edad está bajo la influencia del alcohol, a medida que las personas envejecen, este riesgo es significativamente mayor, porque incluso pequeñas cantidades de alcohol en el sistema pueden afectar a la respuesta física y mental.

Presbicia, presbiacusia, rigidez en articulaciones… así afecta la edad a la capacidad de conducir (Foto Bigstock) 4

 

En España no existe una limitación de edad máxima para la conducción de un vehículo. Como recuerdan desde la Dirección General de Tráfico (DGT @DGTes) “es el reconocimiento médico y no la partida de nacimiento lo que determina si una persona puede conducir o no”. Y es que son los años los que van afectando a nuestras facultades. En el caso de los conductores mayores, estos son los principales retos a los que se enfrentan:

–Vista: más del 90 por 100 de las decisiones y de las reacciones necesarias para la conducción de un vehículo dependen de la vista. El problema aquí radica en que, igual que el resto de nuestros órganos se ven afectados por el paso del tiempo, también los ojos experimentan cambios que hay que vigilar con las visitas regulares al oftalmólogo. Las patologías oculares más frecuentes en los mayores son la presbicia, las cataratas y el glaucoma. El caso es que necesitamos, por ejemplo, poder leer con rapidez los carteles, señales viarias y las advertencias que encontramos mientras circulamos.

–Oído: una audición disminuida puede dificultar que las personas mayores escuchen las ambulancias, los servicios de urgencias que se aproximan o las bocinas cuando otros conductores intentan advertir sobre los peligros. La presbiacusia es la pérdida de audición relacionada con la edad. Ocurre en ambos oídos, afectándolos por igual, debido a que la pérdida es gradual. Esto hace que las personas que la sufren tarden en darse cuenta de que su capacidad auditiva ha disminuido.

–Reflejos: Obviamente, cuando nuestros sentidos de la vista y el oído están mermados, los tiempos de reacción son más lentos de lo normal. Desde que vemos un obstáculo, lo percibimos, lo procesamos y nuestro cerebro da la orden de reaccionar, pisando el freno, pasan de 1 a 2 segundos.

–Articulaciones: la rigidez en los músculos y las articulaciones y el dolor de cuello pueden dificultar girar la cabeza lo suficiente para controlar los ángulos muertos. Además, los músculos del cuerpo no son tan reactivos como antes; en una situación de conducción, esto puede tener resultados devastadores en caso de tener que realizar maniobras de emergencia para evitar una colisión.

 

Presbicia, presbiacusia, rigidez en articulaciones… así afecta la edad a la capacidad de conducir (Foto Bigstock)

Entonce, ¿Cuándo lo dejamos?

Es habitual que sea el propio conductor quien, llegado el momento en que vea reducidas sus facultades, deje de conducir por iniciativa propia. Pero lamentablemente no siempre es así. Entonces, ¿cuándo debemos dejar de conducir? En este sentido, la DGT considera que estos son algunos de los síntomas que deberían hacernos pensar en no renovar nuestro permiso de conducir:

–Sufrimos con cierta frecuencia pequeños accidentes, rozaduras y choques.

–Quién va en el asiento del copiloto está rígido, asustado, corrige errores de conducción o expresa claramente su temor. Los amigos y la familia expresan sus dudas para que sigamos conduciendo.

–Tenemos más despistes y equivocaciones en las rutas habituales.

–Los desplazamientos conocidos nos llevan más tiempo del acostumbrado.

–Creemos que hay más sobresaltos que antes, más gente que actúa mal a nuestro alrededor o que motoristas, ciclistas y peatones "surgen de la nada".

–Otros conductores se quejan y nos pitan.

Sobre el autor:

Toni Esteve

Toni Esteve es redactor especializado en temas de economía y consumo.

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