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¿Cuáles son los síntomas de la enfermedad degenerativa de disco en mayores?

Teresa Rey

Foto: Bigstock

Miércoles 4 de marzo de 2020

3 minutos

La lumbalgia y el dolor del cuello pueden estar relacionadas con este trastorno de la columna

Cuáles son los síntomas de la enfermedad degenerativa de disco en mayores

La lumbalgia y el dolor del cuello pueden estar relacionadas con un trastorno conocido como enfermedad degenerativa de disco, aunque este es un vínculo del que no se tiene plena seguridad. Se produce cuando un disco de la columna vertebral comienza a degenerarse, dando lugar a dolor y entumecimiento que irradia por la zona. Se denomina degenerativa, porque hace alusión al deterioro que acontece en el disco a lo largo del tiempo.

En realidad esta condición es algo que ese produce con el paso de los años, ya que es algo inherente al envejecimiento. De modo que con la edad, es probable presentar problemas en los discos de la columna vertebral y que estarán determinados en función de la mayor o menor degeneración de los mismos.

El principal síntoma

El principal síntoma que experimenta una persona mayor con este trastorno es el dolor. Normalmente este surge con la actividad, llegando a cierta intensidad en ciertos momentos del día, pero que luego va mermándose, hasta incluso desaparecer por completo. Al mismo tiempo, se pueden producir intervalos o picos de dolor más intenso que se prolongan durante unas semanas o meses, hasta que se vuelven a los niveles normales de dolor crónico.

Este se denomina dolor basal, y varía mucho de un individuo a otro en cuanto a agrados de intensidad, pues en algunos casos es leve y en otros puede llegar a ser incapacitante. No obstante, este último suceso es menos frecuente, ya que según los expertos suele ser más normal poseer un dolor basal más o menos intenso que se agudiza en determinados momentos.

En algunas ocasiones las posturas que adoptemos pueden influir a la hora de sentir o no molestias. Es posible que estas se acrecienten al agacharnos, al levantar objetos y al realizar determinados giros. El hecho de estar sentados puede generar un mayor, pues en esta postura los discos lumbares aguantan una carga superior que cuando nos situamos de pie. Por este motivo, a veces estas personas se encuentran mejor cuando corren o andan y en general realizan actividades en las que tienen que permanecer de pie. El hecho de cambiar de posición con frecuencia ayuda a mejoras los dolores.

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Estar tumbados de forma reclinada con las piernas en alto apoyadas sobre un soporte o simplemente acostados con una almohada bajo las rodillas, facilita el reposo y descanso en estos casos, además de aliviar la zona. Lo que se sabe con seguridad, es que quienes presentan una degeneración en los discos sufren estos momentos de dolor intenso junto a otros de relativa calma en la parte baja de la espalda o en la parte de las cervicales. Se desconoce por qué se producen estos cambios de frecuencia, pero se cree que pueden coincidir con momentos en el que el disco alterado haya sufrido una carga o estrés por alguna circunstancia personal del afectado.

Esta da lugar a una reacción inflamatoria que durará un tiempo, aunque hay que matizar que no se trata de un dolor continuo grave, ya que en este caso podemos estar ante otro problema de salud que deberá abordarse desde otra perspectiva. Es decir, quien presenta esta alteración tendrá momentos de mayor intensidad, pero los síntomas no progresan con el tiempo.

Distintas opciones de tratamiento

Para tratar la enfermedad degenerativa de disco, lo primero que se va a intentar hacer es reducir el dolor. En estos casos, es necesario llevar a cabo un programa de ejercicios físicos específico junto con una rehabilitación que se adecuará a nuestra edad y caso particular. Normalmente esta situación se produce por una inestabilidad del disco y una inflamación del mismo, y es por ello que el abordaje ha de centrarse en estos dos sucesos.

Vértebras columna artrodesis

En general, la opción quirúrgica se contempla como una posibilidad en casos extremos y antes se recurre a otra serie de terapias que ayudan a mejorar la salud de la zona afectada en general. Los enfoques aquí son muy diversos y es por ello que conocer las distintas posibilidades a las que acogernos resulta importante para así conseguir paliar las manifestaciones de una forma más o menos duradera en el tiempo. De hecho, antes de contemplar una cirugía siempre se recomienda realizar al menos seis meses de tratamiento convencional para evaluar si se produce o no una mejoría con este.

Con el ejercicio lo que se va a intentar es corregir la postura de la espalda en la medida de lo posible y de este modo intentar que el dolor no vuelva a surgir. Se suele aconsejar acudir a un fisioterapeuta para que guíe al afectado en su pauta de actividad. En ocasiones se recomienda realizar Pilates, sin embargo en estos casos es necesario ser cautelosos pues la práctica de esta actividad debe ser la correcta ya que si no la efectuamos de forma adecuada, podemos perjudicarnos más. Lo mejor es incorporar una rutina de ejercicios de forma pautada y controlada bajo la supervisión de un profesional.

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