Los riesgos del bótox en mayores: dependencia, falsos profesionales y presión estética
Estas intervenciones suelen ser seguras pero no siempre son inocuas física ni psicológicamente
Los tratamientos estéticos han experimentado un auge sin precedentes en los últimos años. Según un estudio de la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME), el 46% de la población española ya se ha sometido a algún proceso de este tipo y un 30% adicional se lo está planteando.
En concreto, dentro de la demanda global, el bótox o neuromoduladores representan un 9% de los procedimientos solicitados.
Y aunque por lo general recurren a estas técnicas personas de 30 a 44 años, también quienes superan los 65 se someten a estos tratamientos.
Según se asegura en un estudio publicado en 2023 en el Journal of Cosmetic Dermatology, el 14,2% de las intervenciones de este tipo en 2019 se hicieron en personas que superaban esta edad. Y según datos recopilados por la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS), en el año 2020, el 3,4% de todos los procedimientos a nivel mundial se realizaron en mayores.
Ahora bien, los expertos consultados por 65YMÁS advierten que el uso de bótox, con fines no médicos, aunque suela ser seguro, no es inocuo en el corto ni el largo plazo, pudiendo tener consecuencias tanto físicas –menos comunes– como psicológicas, que deben ser tenidas en cuenta.
¿Qué es el bótox?
Técnicamente, la toxina botulínica actúa bloqueando temporalmente la liberación de acetilcolina en la unión neuromuscular, lo que produce un efecto de relajación, que suaviza las marcas de expresión.
Es decir, gracias a estas inyecciones se logra que el rostro adquiera un aspecto más descansado y armónico.
Riesgo en el corto plazo
Los expertos consultados coinciden en que los efectos secundarios a corto plazo de las inyecciones suelen ser leves, siempre y cuando todo se haga correctamente.
Nabil Fakih, presidente de la Sociedad Española de Cirugía Plástica Facial, afirma que pueden aparecer reacciones transitorias como eritema, edema, equimosis (hematomas) en el punto de inyección o sensación de tensión, las cuales se resuelven de forma espontánea.
En esta misma línea, Raúl Rivas, catedrático de Microbiología Universidad de Salamanca, añade que también es normal experimentar dolor o hipoestesia –disminución de la sensibilidad–.

Peligros del bótox no aplicado por profesionales
Los principales peligros destacados por los especialistas aparecen cuando el tratamiento no es administrado de forma profesional.
"Puede tener consecuencias estéticas e incluso funcionales, es decir, pueden existir complicaciones médicas y resultados antiestéticos con mayor probabilidad", comenta Arantxa Pérez, vocal de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética.
Bernardo Hontanilla, catedrático de Cirugía Plástica y académico de la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME), advierte que una dosis inadecuada puede provocar la parálisis de músculos adyacentes, originando problemas como la caída del párpado superior, al intentar tratar las arrugas de la frente o el entrecejo.
Incluso pueden darse situaciones más peligrosas aún. Raúl Rivas alerta de que se puede llegar a sufrir incapacidad para cerrar los ojos o los labios, babeo involuntario, visión doble e, incluso en casos graves, un debilitamiento muscular excesivo que provoque dificultades para tragar o respirar, requiriendo atención médica inmediata.

Efectos en el largo plazo
En cuanto al largo plazo, los expertos coinciden en que, por lo general, esta técnica, que requiere de inyecciones periódicas a lo largo del tiempo, no tiene grandes problemas de seguridad.
Nabil Fakih pone en valor el efecto positivo del bótox, cuando se usa de forma continuada, puesto que puede fomentar una "reeducación muscular progresiva" que previene la formación de nuevas líneas y favorece un envejecimiento más armónico.
"La toxina botulínica cuenta con más de 30 años de uso clínico y un perfil de seguridad bien establecido", comenta, si bien también matiza que "la mayoría de los estudios a largo plazo se centran en indicaciones terapéuticas". "En el ámbito estético, aunque la evidencia es amplia y tranquilizadora, los estudios específicamente diseñados para evaluar efectos tras décadas de uso continuo son más limitados", reconoce.
Eso sí, aunque, por lo general, los efectos con el paso del tiempo no suelan ser negativos, cabe recordar que el riesgo cero no existe.
El catedrático Rivas alerta de que el uso prolongado "puede causar denervación química permanente y que algunos músculos faciales y circundantes experimenten una atrofia muscular", limitando las funciones normales y provocando la pérdida de la expresión natural.
"En algunos casos de administración crónica, está descrita parálisis permanente de algún grupo muscular o ausencia de efecto de la toxina por aparición de anticuerpos", indica por su parte el profesor Hontanilla, que apostilla, no obstante, que "a largo plazo no suele tener especiales complicaciones".
Una opinión que comparte Arantxa Pérez (SEPCRE): "El tratamiento con neuromoduladores realizado por profesionales cualificados y empleado de manera correcta no tiene por qué tener consecuencias negativas relevantes ni a corto ni largo plazo".
Falta de estudios en mayores
Otro de los aspectos a tener en cuenta es que, con el bótox ocurre como con otros medicamentos: no se ha probado lo suficiente en mayores en los ensayos clínicos.
El microbiólogo Rivas advierte que existe un vacío en ciertas franjas de edad, afirmando que "aún se necesitan mejorar los estudios de seguridad para personas menores de 18 años y mayores de 65 años".
Esta realidad es reconocida en el anteriormente citado estudio publicado en 2023 en el Journal of Cosmetic Dermatology. En él, los investigadores analizaban tres ensayos clínicos de fase III y demostraban que, en concreto, el tratamiento de las arrugas del entrecejo con una dosis de 20 unidades de prabotulinumtoxinA –un tipo de toxina botulitica– era altamente eficaz y seguro en pacientes de 65 años.
Aun así, denunciaban una clara escasez de datos publicados de ensayos en fase III y una falta de claridad en las etiquetas de prescripción aprobadas por la FDA, la agencia federal de los Estados Unidos encargada de proteger la salud pública, para respaldar su uso.
En ese mismo sentido, Nabil Fakih, presidente de la Sociedad Española de Cirugía Plástica Facial, avisa que, aunque la toxina botulínica tiene un perfil de seguridad ampliamente avalado, la representación de los mayores de 65 y 75 años en los ensayos clínicos de medicina estética ha sido tradicionalmente muy limitada.
El doctor subraya que un paciente de edad avanzada presenta diferencias fisiológicas, fragilidad y una mayor polimedicación, por lo que esta población debe ser analizada de forma específica y "no únicamente mediante la extrapolación de resultados obtenidos en pacientes más jóvenes".
Si bien existen datos terapéuticos que respaldan la seguridad del tratamiento en este grupo de edad y no existe una alerta de inseguridad, Fakih insiste en la necesidad de aumentar la presencia de las personas mayores en los estudios, recordando que "la medicina debe intentar que los pacientes que tratamos en la vida real estén también adecuadamente representados en la investigación clínica" para así disponer de "evidencia de mejor calidad".

El impacto psicológico
Por otra parte, los expertos inciden en que el uso de bótox puede conllevar a nivel psicológico externalidades positivas, pero también negativas.
Gema Pérez, psicóloga, catedrática de la Universidad CEU San Pablo y codirectora de la Cátedra Buen Trato a Personas Mayores, Fundación DomusVi y Universidad CEU San Pablo, explica que este tratamiento puede generar consecuencias duales.
Por un lado, puede traer consigo un "alivio real en el estado de ánimo". Al paralizar los músculos asociados al ceño fruncido, el cerebro recibe menos señales de estrés, lo que incrementa la confianza y la seguridad de la persona en su entorno social.
El doctor Fakih también pone en valor esta propiedad, recordando que se ha demostrado que influye en la retroalimentación emocional, ayudando a corregir la percepción de expresión triste.
María Martínez, psicóloga experta en autoestima e imagen personal, también comparte que esta técnica "mejora de la autoestima" y que puede generar "mayor satisfacción con la apariencia" y reducir "la ansiedad social".
Crisis de identidad y dependencia
A pesar de estos beneficios, el bótox tiene una clara cara B a nivel emocional, que afecta también a los mayores. Gema Pérez advierte que al bloquear los músculos faciales, quienes se someten a estas intervenciones pueden perder la capacidad de imitar inconscientemente los gestos de sus interlocutores, lo que "dificulta sintonizar con las emociones de los familiares o amigos", haciéndolos parecer distantes o poco empáticos.
Además, alerta del impacto en la autoimagen: "Algunas personas pueden experimentar una crisis de identidad, ya que la cara que ven en el espejo ya no cuenta quiénes son, produciendo una extraña sensación de vacío o de no reconocerse a uno mismo".
Por su parte, la psicóloga María Martínez avisa sobre la "dependencia emocional de los tratamientos" –es decir, de una cierta 'adicción' a los efectos del bótox–, la "insatisfacción con resultados" y el "riesgo de distorsionar la autoimagen", como principales puntos negativos a tener en cuenta.
El edadismo, la presión social y los estándares de belleza
Y finalmente, la última de las variables a considerar es la social. María Martínez señala que el auge de su uso responde a una compleja mezcla entre el deseo de autocuidado y la ineludible presión social impuesta por la búsqueda de aceptación.
Para Gema Pérez existe una cultura con "miedo a la vejez", donde la arruga equivale al descuido. Concretamente, para las mujeres, que son las principales usuarias, el bótox actuaría como escudo. Y, en el caso de los hombres mayores, cuyo uso crece rápidamente, comenta, el motor principal es la presión laboral y el miedo a una "jubilación social anticipada".
A esto se suma la "dictadura de la imagen" potenciada por las redes sociales, que obligan a los mayores a mirarse y juzgarse constantemente. "La verdadera libertad sería poder elegir sin sentir que, si no lo usas, te vuelves invisible", opina la psicóloga Gema Pérez.
Posibles alternativas naturales
Cabe recordar que existen opciones no farmacológicas centradas en el estilo de vida y la prevención que pueden ser también interesantes tener en cuenta.
Raúl Rivas sugiere optar por una "dieta equilibrada y rica en ácidos grasos omega-3 y antioxidantes, ejercicios físicos y faciales para tonificar los músculos", así como "procurar tener un descanso reparador diario" y "evitar el consumo de alcohol y tabaco".
"Evitar la exposición solar excesiva y utilizar protección solar de forma constante", además de "dormir lo suficiente y controlar el estrés" son algunas de las medidas no farmacológicas que propone Nabil Fakih.
Por su parte, Gema Pérez recomienda "opciones que no anulan la expresión como el yoga facial y masajes que mejoran el tono muscular" o "priorizar la hidratación y la salud de la piel en lugar de la eliminación total de las líneas de expresión".
Otras intervenciones
En cuanto a otros tratamientos, la vocal de la SECPRE, Arantxa Pérez, menciona opciones como "limpiezas faciales, uso de cremas, tratamientos con radiofrecuencia, microdermopunciones, vitaminas, ejercicios faciales como 'yoga facial'...".
Por su parte, Bernardo Hontanilla opina que "no hay alternativa –al bótox– para disminuir las líneas de expresión facial", argumentando que "el láser CO2 tiene más efectos secundarios y el ácido glicólico u otros peelings químicos no disminuyen las líneas de expresión de forma dinámica".

