Verano trágico para los mayores: más de 5.000 muertos por el calor, máximo histórico en España
Sólo en agosto se calculan más de 2.000 decesos de personas de más de 65 años
Este año se han alcanzado cifras récord a nivel de mortalidad de mayores por calor, según las estimaciones del sistema MoMo del Instituto de Salud Carlos III –que comenzarona publicarse de forma sistemática en 2015–.
Desde el 1 de mayo de 2026, se calculan más de 5.000 defunciones –5.068–, mientras que el año pasado habría habido 3.518, en ese mismo periodo de tiempo.
En concreto, se ha superado ya el máximo de 2022: 4.618 muertes de personas de más de 65 años entre mayo y agosto. Y aún quedaría por ver cuáles son los datos del MoMo para septiembre de 2026, puesto que se prevé que en los próximos días vuelva a aumentar la temperatura, llegándose a rozar, en ciertos puntos de la península, los 40 grados.
El verano más cálido desde 1961
Según avanzaba la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) el pasado viernes, el verano meteorológico de 2026 –el que ha terminado el 1 de septiembre–, muy probablemente sea el más cálido desde 1961, con una temperatura media que ha superado en 2,5ºC la normal.
🧵 Faltan pocos días para que termine el verano meteorológico (del 1 de junio al 31 de agosto) y ya es prácticamente seguro que será el más cálido de la serie histórica en la España peninsular. pic.twitter.com/sZHx4lJFC6
— AEMET (@AEMET_Esp) August 28, 2026
"El segundo fue el del año pasado, con +2,2°C por encima del promedio. El tercero fue el de 2022 (+2,1°C)", indicó el organismo estatal a través de su perfil en la red social.
Además, AEMET explicó que las temperaturas han sido "claramente superiores" a las normales desde mediados de mayo salvo en breves períodos a principios de junio y finales de julio y otro período algo más largo a finales de agosto.
Un agosto mortífero para los mayores
Y en concreto, según los datos del MoMo, agosto habría sido especialmente duro para los mayores a nivel de mortalidad atribuible al calor, alcanzándose cifras superiores a los meses de junio o julio.
Desde el 1 hasta el 31, habrían fallecido 2.064 personas de más de 65 años. Y en concreto, entre estas muertes, 1.285 serían de mayores de 85 años.
Se trata de unas cifras algo inferiores a las registradas en agosto de 2025, 2.106 mayores, pero ligeramente superiores a las de julio de 2026 –1.940– y, sobre todo, a las de junio de este año –936–.
El año 2003
Cabe matizar que 2026 está siendo el año con más mortalidad de mayores estimada por el sistema MoMo, pero no tiene por qué ser en el que más fallecimientos haya habido en la historia de España.
Y es que los datos del Instituto de Salud Carlos III se ofrecen de forma periódica desde hace poco más de una década y, por ejemplo, en 2003, año especialmente tórrido, diversos estudios epidemiológicos posteriores calcularon que podrían haberse producido unas 13.000 muertes, afectando principalmente a mayores.
A raíz de ese episodio de calor intenso, muchas administraciones, a nivel de toda Europa, decidieron tomar cartas en el asunto y aplicar muchas de las medidas que hoy en día conocemos, como el Plan del Ministerio de Sanidad de mendidas preventivas.
Los mayores, las principales víctimas
Estos periodos de altas temperaturas se han convertido en un verdadero problema de salud pública. Así lo advertía recientemente el exdirectivo de la OMS Daniel López Acuña, durante la presentación de una guía que elaboró para la organización HelpAge International España, Olas de calor y personas mayores. Guía práctica para Administraciones y Centros Residenciales.

¿Por qué fallecen más?
En España, las personas mayores representan más del 90% de los decesos asociados al calor.
La respuesta a esta desproporción reside fundamentalmente en la biología. Lorenzo Armenteros, portavoz de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), explicaba a 65YMÁS durante los primeros episodios de calor del año que a partir de los 70 años nuestro "sistema termorregulador está más alterado" y el cuerpo deja de reaccionar de manera óptima para enfriarse.
El proceso de envejecimiento hace que suden hasta un 30% menos y padezcan de "hipodipsia", que es la pérdida progresiva de la sensación de sed.
Esto significa que pueden sufrir una deshidratación severa sin llegar a sentir la necesidad de beber líquidos. A ello se le suma una menor reserva cardiovascular, lo que provoca que el corazón experimente un enorme nivel de estrés al intentar enviar sangre hacia la piel para disipar el calor interno.

Factores de riesgo determinantes
Más allá de la biología, la vulnerabilidad se dispara cuando convergen otros factores agravantes. Armenteros resumía la situación asegurando que "si unimos edad, cronicidad y tratamientos crónicos es un cóctel peligroso".
Gran parte de los fármacos habituales en estos grupos de edad interfieren en la defensa contra el calor: los diuréticos pueden causar deshidratación, mientras que los tratamientos antihipertensivos o betabloqueantes limitan la disipación térmica y pueden provocar mareos y caídas de tensión.
Y también afecta el nivel social. López Acuña señalaba que existe un "triple riesgo convergente": el cambio climático, el progresivo envejecimiento poblacional y un modelo de urbanización deficiente.
Factores como el efecto de "isla de calor" en las grandes ciudades, sumados a la pobreza energética y a la soledad no deseada, resultan determinantes y letales.
De hecho, el aislamiento social impide que alguien pueda detectar a tiempo los primeros síntomas de un golpe de calor o realizar una llamada de auxilio.
En este contexto, el perfil de máximo riesgo corresponde a una mujer mayor de 75 años, que vive sola, sufre enfermedades crónicas, está polimedicada y habita en una casa sin una correcta climatización.
Síntomas de alarma
Por otra parte, en cuanto a los síntomas, los expertos han recordado a este diario en múltiples ocasiones que es vital detectarlos a tiempo para poder intervenir.
Lucía Martínez, presidenta de la Asociación Madrileña de Salud Pública, advertía que se debe prestar especial atención a cuadros iniciales como el malestar inespecífico y los mareos.
El cuadro clínico se vuelve de extrema gravedad cuando se presenta el temido "golpe de calor", el cual se manifiesta con temperaturas corporales superiores a los 40°C, piel caliente, seca y enrojecida, así como dolor de cabeza intenso, náuseas, confusión, somnolencia e incluso pérdida de conciencia y convulsiones.
Ante esto, o frente a la falta de orina durante horas, los expertos instan a contactar inmediatamente con los servicios de emergencias del 112.

Recomendaciones
Además, los especialistas recomiendan adoptar las siguientes medidas preventivas:
- Hidratación pautada: beber entre 1,5 y 2 litros de agua diarios, aumentando la cantidad hasta 3 litros durante alertas térmicas. No hay que esperar a tener sed; se deben crear rutinas de ingesta y evitar el alcohol y el exceso de cafeína.
- Adaptación del hogar: bajar persianas y cerrar las ventanas durante las horas centrales (de 11:00 a 20:00), ventilando únicamente por la noche o a primera hora.
- Refresco y alimentación: darse duchas frescas, aplicar paños húmedos en el cuello o muñecas y consumir alimentos ricos en agua, como frutas frescas y sopas frías, reduciendo comidas pesadas.
- Supervisión clínica: revisar junto al médico los tratamientos habituales para valorar su posible ajuste temporal, además de no modificar nunca la dosis de los medicamentos por iniciativa propia.
Por último, en su guía, HelpAge exige también una protección proactiva desde las administraciones públicas.
Reclaman identificar a la población vulnerable para realizarles seguimientos telefónicos de emergencia y exigen el blindaje de las residencias de mayores mediante protocolos estrictos.
En estos centros, sugieren la habilitación de "salas frescas" que mantengan temperaturas de entre 24°C y 26°C y la instauración de rutinas de "hidratación activa" que ofrezcan líquidos a los residentes cada hora.
