Sociedad

Automóvil, contaminación y política: vaya 'menage a trois'

José María Cernuda

Domingo 28 de abril de 2019

6 minutos

El automóvil es uno de los elementos que más contribuyen a la contaminación ambiental

Automóvil, contaminación y política: vaya 'menage a trois'

Es raro el día en que en los medios de comunicación no se habla de energía, emisiones contaminantes, consumos contenidos y un largo etcétera sobre la movilidad, la automoción o las decisiones políticas que regulan estos aspectos que tanto condicionan nuestra vida. A menudo también desconocemos algunos aspectos que intervienen en este “polinomio” de decisiones y que nos llevan a opiniones equivocadas. Y lamentablemente, no solo algunas equivocaciones son de opinión, sino de decisión.

Comencemos por la contaminación. Es evidente que el automóvil (los vehículos en general) es uno de los elementos que más contribuyen a la contaminación ambiental y por consecuencia al cambio climático. Según Climate Reality Project, la organización sobre cambio climático que preside  Al Gore, el transporte  es responsable del 25% de las emisiones que causan el efecto invernadero.  Otro 28 por ciento se causa por la producción de electricidad, un 21 por ciento es originado por la industria y el 20 por ciento por agricultura y ganadería.

También es evidente que la movilidad de personas y mercancías no puede ser limitada ni reducida en un Planeta con ya más de 7.000 millones de personas. Lamento no recordar donde leí hace unos años un apunte que me llamó la atención: hace tan solo 70 años, a mediados del siglo pasado, en la Tierra había 2.500 millones de habitantes. En aquellos años el ciudadano de una ciudad europea de tamaño medio, como Burdeos en Francia, con 250.000 habitantes,  recorría al año menos de 100.000 kilómetros: vivía cerca de su lugar de trabajo al que acudía en su propio vehículo utilitario y efectuaba escasos viajes de ocio, limitados casi exclusivamente al periodo de vacaciones. Hoy, en los comienzos del siglo XXI, sus hijos, viviendo en la misma ciudad y casi con los mismos habitantes, recorre más de un millón de kilómetros al año. Vive en las afueras, emplea casi dos horas diarias en sus desplazamientos al trabajo y suele salir de viaje más de 10 veces al año en largos desplazamientos.

El autor de aquel trabajo leído hace años estaba lejos de imaginar la eclosión de los países emergentes y el consumo energético que supone la movilidad de más de 5.000 millones de personas que hoy suman sobre las que había hace tan sólo 70 años. Y hablamos de la movilidad personal. Si consideramos la movilidad de mercancías, las cifras son abrumadoras. Somos muchos en el planeta; nos movemos mucho y esta movilidad exige un consumo de energía que en 2019 aun no hemos conseguido obtener sin romper el equilibrio vital.

Durante los 100 últimos años la mayoría de la  energía ha venido siendo de procedencia fósil y agotable: petróleo y carbón. Paulatinamente, a estas dos fuentes se han ido añadiendo otras energías: atómica, eólica, hidráulica o fotovoltaica. Cualquiera de estas últimas no son, a día de hoy, susceptibles de ser directamente utilizadas para la movilidad. Esta movilidad solo se logra por energías fósiles (con el carbón casi como anécdota) o por procesos de conversión energética. Es decir, transformando una fuente de energía en electricidad. Por motivos económicos, en este proceso de conversión energética se utilizan prioritariamente fuentes fósiles (gas, carbón o petróleo) y cada vez con mayor profusión,  fuentes renovables, como la energía del viento, el sol o las olas. Podríamos añadir un tercer grupo de biocombustibles no fósiles que también intervienen en el mix energético. Afortunadamente, el empleo de energía solar, a través de paneles fotovoltaicos es ya la manera más barata de general electricidad, lo que proporciona un cierto baño de optimismo.

Este es el panorama energético. El problema surge cuando nuestro planeta es ya incapaz de soportar el desequilibrio que produce el consumo de energía. En general, el consumo de cualquier tipo de energía. No olvidemos  que la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma; por lo tanto, cuando decimos 'consumo' queremos decir que transformamos en calor toda acción energética.

Nadie quiere renunciar a sus niveles de confort. A poder desplazarse a donde se necesite o a donde lo desee. A tener a su alcance cuanta mercancía necesitamos para alimentarnos, vestirnos, trabajar o disfrutar del ocio. No olvidemos que el transporte de mercancías utiliza 8 veces más energía que el transporte de personas.

Según estimaciones recientes, la energía necesaria para cubrir las necesidades vitales de una persona es de  3 kwh por día, lo que al año sería 1.100 kwh. Pero esto es para su mera supervivencia, porque lo cierto es que el consumo por persona es enormemente superior en los países desarrollados. Por ejemplo, en España el consumo es de 36.300 kwh  (los datos son de comienzos de la década) y en EEUU el triple de esta cantidad; pero en Etiopia, es 10 veces menos que en España y en algunos países del Sahel africano, no llega a 700 kwh, muy por debajo de los mínimos de supervivencia.  El hombre occidental, que es una cuarta parte de la población del planeta, consume el 75 por ciento de la energía que se produce. Vivimos en una zona de privilegio; podríamos decir que de despilfarro. El consumo mundial de energía es de 13 millones de terawatios (el terawatio es un billón de watios o mil millones de kilowatios). Si todos los habitantes de la tierra consumieran la misma energía que los habitantes de España, el consumo mundial superaría los 20 terawatios. Algo inimaginable.

El futuro pues no es muy halagüeño. Hay más de 3.000 millones de habitantes que quieren acceder a los niveles de confort (consumo energético) de los países desarrollados. Multiplicar por dos la producción no parece fácil a corto plazo. Desde luego, no con combustibles fósiles. Y si queremos un reparto equitativo, los países de más consumo tendrán que reducirlo. ¿A qué estamos dispuestos a renunciar? ¿A la movilidad, la calefacción, la distribución de mercancías?

Y lo que aún es más grave: ¿soportará nuestro planeta un incremento del consumo energético sin un rápido crecimiento del calentamiento global?

El problema por lo tanto no es el de limitar la movilidad; es mucho más serio. Es comenzar a plantear todo un cambio en los usos de la energía. El automóvil es ciertamente responsable de una parte del problema; o por ser más exactos, el uso irresponsable de la movilidad. Pero es en general el despilfarro energético de esa cuarta parte de los habitantes del planeta (en el que nos encontramos afortunadamente todos los europeos) el que puede acabar con la vida; con toda la vida.

Y lamentablemente nuestros representantes políticos apenas han iniciado a analizar el problema. Se han limitado a tomar medidas cortoplacistas en beneficio de sus intereses partidistas y no siempre acertadas. Aunque lo cierto es que las acertadas difícilmente van a contentar a todos.


Estos días también se habló de…

  • Volvo (@volvocar_es) pondrá pronto en marcha en todos sus vehículos un sistema de interconexión que permitirá a los conductores advertir y conocer incidencias en las proximidades de su ruta. Entre otros aspectos, el sistema avisará de firmes deslizantes, inclemencias climatológicas, accidentes o cualquier tipo de peligro para la conducción. La firma pretende que otras compañías se sumen a esta interconectividad para que sea efectiva en tiempo real.
  • Seat  (@tuSEAT se suma al coche compartido. En una experiencia piloto puesta en marcha en Madrid, la firma española (perteneciente al grupo Volkswagen (@VW_es) se suma al carsharing poniendo a disposición de todo el público su modelo Ibiza TGI con etiqueta ECO a un coste de 2 euros la hora con combustible y seguro incluido. Seat adquirió la plataforma Respiro, gestionada por Xmoba, que cuenta con más de 100 bases en la capital de España.
  • La DGT quiere acabar con la mala costumbre de circular por encima de los límites de velocidad permitidos y aflojar la marcha ante la presencia de un radar fijo y anunciado. Para ello ha puesto en marcha lo que denominan “radar en cascada”, que no es otra cosa que un control pocos metros después. Ya están advertidos. La velocidad hay que respetarla en todo el trayecto y no solo ante la presencia de un radar estático.
  • Tras la puesta en marcha de la reducción de circulación en Madrid Central, se ha comprobado un incremento del 17 por ciento en la contaminación de los barrios limítrofes a la zona controlada. En todo Madrid existen 24 estaciones de control de emisiones y solo en 2 de ellas se han apreciado niveles inferiores de gases contaminantes, con importantes crecimientos en las situadas en las proximidades de Madrid Centro debido a la mayor intensidad del tránsito.
  • Luca de Meo, el responsable máximo de las empresas del grupo Volkswagen (@VW_es) en España y CEO de Seat (@tuSEAT ‏) ha manifestado que las normas obligatorias sobre contaminación que van a entrar en vigor en 2021 en toda Europa van a suponer un incremento muy notable en los precios de los automóviles.
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