Sociedad

El edadismo visto por las personas mayores: "No estamos jubilados de la vida"

María Bonillo

Foto: Bigstock

Domingo 24 de octubre de 2021

8 minutos

Las jornadas "Las múltiples caras del Edadismo" buscan visibilizar la discriminación por edad

El edadismo visto por las personas mayores: "No estamos jubilados de la vida". Foto: Bigstock
María Bonillo

Foto: Bigstock

Domingo 24 de octubre de 2021

8 minutos

La discriminación por edad de las personas mayores o edadismo es una realidad indiscutible en la sociedad actual, es por eso que el Instituto de Mayores y Servicios Sociales (@Imserso) ha organizado la jornada virtual "Las múltiples caras del edadismo", que ha celebrado los días 19 y 20 de octubre, en la que ha participado la Unión Democrática de Pensionistas (@MayoresUDP).

El objetivo de estas jornadas es acercar y dar a conocer qué tipos de discriminación hay, dónde se manifiesta con más intensidad, cuáles son sus consecuencias y cómo se puede combatir.

El edadismo visto por las personas mayores: "No estamos jubilados de la vida". Foto: Bigstock

La discriminación que sufren las personas mayores

Se discrimina a una persona o a un grupo de personas cuando se les da un trato que los diferencia del resto, y este trato les impide el ejercicio de sus derechos. Generalmente la discriminación se suele basar en prejuicios y produce exclusión social, y es una de las principales fuentes de la desigualdad.

La discriminación por edad ocurre, pero es importante oír las vivencias de las personas que tenemos al lado y que a veces pasamos por alto, porque para combatir el edadismo, primero hay que darse cuenta de que existen este tipo de discriminaciones y cómo suceden

La periodista y ex-directora del "Club de la Vida" de RNE Loles Díaz Aledo, Juan Sánchez Espín, miembro del Consejo Estatal de las Personas Mayores, e Inma Ruiz Martín, jubilada y Defensora del Mayor de Ávila, han revelado experiencias propias en las que han sufrido discriminación por edad, y los tres han coincidido en que hay una discriminación clara y "muy frecuente" en el ámbito de la salud. 

Por una parte, está lo ocurrido durante la pandemia, donde ha habido una "discriminación flagrante por razón de edad", comentaba Loles Díaz. Por otra parte, se encuentran los hechos más comunes, cuando la persona va al médico y este le dice que su dolor se debe a la edad. "Es muy habitual que el médico justifique el dolor a la edad para no prestar demasiada atención al mayor. A mí me ha pasado". Así como la habitual actitud de muchos sanitarios que hablan directamente al acompañante del mayor porque piensan que la persona no va a saber explicar lo que le pasa y no entenderá lo que ellos les digan. "Me parece además una grave falta de respeto"

"Durante la pandemia ha habido discriminación con las personas mayores, donde un número importantísimo de mayores ha muerto en residencias", coincidía Juan Antonio. "Yo pido justicia, porque ha habido muchos culpables, pero no salen a la luz. Las personas mayores han sido abandonadas. Aprendamos y sigamos luchando por las personas menos desfavorecidas", pedía. 

Una jornada para luchar contra el edadismo

"Tengo una larga vida, y tengo intención de seguir trabajando, hasta que la vida me diga ya basta"

En el mundo laboral también es muy frecuente encontrar este tipo de discriminación por razón de edad, Loles Díaz y Juan Antonio son prueba de ello. "Tuve que dejar mi puesto de trabajo antes de llegar a la edad de jubilación, como tantos españoles, por un expediente de regulación de empleo que me alcanzó, por el cual la empresa llegaba a un acuerdo con el que se traza una raya y se dice: los de más de 50 años a su casa, los jóvenes se quedan", contaba Loles. "¿Por qué te tienes que ir? ¿Porqué haces tu trabajo mal? No, la edad no es motivo, pero usted se va a su casa porque tiene más de 60 años", reflexionaba. "Es absolutamente injusto"

Por su parte, Juan Antonio trabajó durante 20 años en una empresa de automoción, pero a los 58 años, la empresa necesitó desprenderse de una serie de personas, y escogieron a los mayores. "Presionaban a las personas que tuvieran más de 58 años para que se prejubilaran, y aquellos que no se apuntaban a esa prejubilación, los cambiaban de puesto de trabajo a uno más duro, e incluso mandaban cartas a las familias a sus casas diciendo que la empresa necesitaba desprenderse de algunas personas mayores, pero que no se iba a ir nadie sin indemnizaciones y cosas, y que de no hacerlo así, con el tiempo serían despedidos. Era una presión constante", recordaba. 

"Una discriminación total"

Inma Ruiz Martín, reflexiona sobre el mayor problema que ha encontrado en este aspecto: las separaciones matrimoniales. "A estas edades hay divorcios, y la mujer es la más discriminada en estos momentos", aseguraba. "Por ser mujer, se les queda una pensión mínima de unos 300 euros, porque es mujer y no tiene tantos gastos (palabras auténticas), mientras que al ex-marido le queda a lo mejor dos mil y pico por ser funcionario. Son mujeres que muchas veces no tienen para comer, y me parece una discriminación total".

De la misma forma, considera que el Imserso ha discriminado a las personas mayores en el tema de los balnearios. "La gente quería ir y no ha podido hasta ahora, pero también han subido los precios, porque ya no es temporada baja, noviembre es temporada media, y es un dinero que muchas personas no van a poder pagar. Me parece una discriminación que hayan tardado tantísimo en algo que la gente que sufre dolores o padecen de artritis y enfermedades parecidas, necesita". señala. 

"También se han cerrado centros de mayores, era necesario, sí, pero es que nosotros hemos tenido que ver a gente en la calle que no tiene a nadie, que está sola, con frío en pleno invierno, en un banco en una plaza porque tenían la necesidad de contar sus penas, eso cuando podíamos salir a la calle. No es normal que no tengamos un espacio para esto", lamenta. "Esto es discriminación, es así".

El edadismo, delito de odio

Concienciar a la gente y seguir luchando

A veces resulta complicado identificar situación de discriminación por edad, porque son "tan absolutamente cotidianas que no se consideran discriminaciones, precisamente porque tenemos una imagen social que justifica, bajo una apariencia de atención y de cuidado, lo que en realidad es una discriminación", apuntaba Loles. "Las personas mayores de 65 años somos hoy en día un grupo social heterogéneo, somos personas diversas, muy plurales, y sin embargo, nuestra imagen social es única, de que todos somos iguales. Y es una imagen que además no es atractiva, y que cada vez tiene menos que ver con la realidad", añadía. 

El lenguaje es fundamental en la construcción de imagen; las palabras que utilizamos integran o marginan. En opinión de Loles, "la imagen social que tiene esta sociedad de qué es una persona mayor, incluso del hecho biológico de envejecer, es la imagen que creo que está en el origen de muchas situaciones de discriminación".

Resulta "imprescindible" cambiar la imagen social de los mayores. "Las personas mayores venimos reclamando desde hace mucho tiempo nuestro derecho a tener una imagen social adecuada a nuestra realidad, y no es por estética, sino porque creo que solo con un cambio de imagen social que nos conceda valor, cambiará la percepción que hay del envejecimiento", reflexiona.

Las personas mayores siguen siendo ciudadanos y ciudadanas de pleno derecho, y es una condición que no se pierde con la edad y que incluye derechos y deberes. "El reto es conseguir esa sociedad para todas las edades, crear una nueva cultura del envejecimiento y revisar el lenguaje que discrimina a los mayores", y no es algo importante, "es esencial". 

"Los mayores no somos niños a los que tienen que volver a enseñar. Nosotros tenemos una experiencia que podemos dar a los demás, todavía tenemos mucho que dar, somos muy activos y nos ha tocado sacar a todos adelante con nuestro trabajo, con nuestro esfuerzo y nuestra hambruna muchas veces", coincidía Inma. "Y esto tiene que saberlo el resto de la gente, sobre todo la gente joven que se burla y se ríe o te tratan de una manera despectiva, y no solo los jóvenes, también personas de mediana edad".

¿Qué pasaría si cambiáramos la palabra viejo, decrépito y carcamal por persona vital, con experiencia y que es útil? El resultado sería una imagen totalmente diferente. "Yo pediría sobre todo educar a la gente y concienciar de que cada vez vivimos más años, somos mayores, pero no por eso somos tontos, y que es muy importante la educación en el lenguaje", señalaba Inma. "No solo hay que decir, sino también trabajar".

Sobre el autor:

María Bonillo

María Bonillo, periodista.

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