Sociedad

De farmacéutica a agricultora: Irene lo dejó todo para seguir los pasos de su abuelo

María Bonillo

Foto: Irene Nonay

Sábado 22 de mayo de 2021

15 minutos

Hace lo que hacía su abuelo y el abuelo de su abuelo: cultivar almendros

De farmacéutica a agricultora: Irene lo dejó todo para seguir los pasos de su abuelo
María Bonillo

Foto: Irene Nonay

Sábado 22 de mayo de 2021

15 minutos

Irene Nonay, de 28 años, dejó hace un año y medio su carrera como farmacéutica para dedicarse enteramente al campo. Creció entre los almendros del cultivo familiar que tenían en la zona de las Bardenas Reales, en la Ribera de Navarra, y se acostumbró a acompañar a su abuelo, agricultor, para que le enseñase todo lo que sabía, y que sus abuelos a su vez le enseñaron a él. "Siempre he ido al campo con él", cuenta Irene a 65Ymás, que recuerda a su abuelo con mucho cariño, sobre todo, la delicadeza con la que trataba sus árboles.

Los almendros

"Estaba todo el día trabajando y se preocupaba un montón. Cuidaba los árboles con mucho mimo y cariño, hasta les ponía nombres. Y bueno, tengo ahora unos almendros de un año y poco, pero otros que tienen unos 40; más que yo", comenta entre risas. "Los plantó él, y ya era mayor entonces, pero ahí siguen, en producción".

A pesar de que en la zona no hay mucho cultivo de almendros, su familiar siempre se dedicó a los árboles frutales, añade. "Tenía manzanos, melocotoneros, perales, cerezos..., pero luego empezó con los almendros y se centró en eso. Y hasta ahora, que sigo yo". 

Pero su abuelo falleció hace unos años, así que no ha podido ver el rumbo que ha tomado la vida de su nieta. "Le hubiera encantado ver que seguía su tradición, a mi abuelo y a mi abuela", agrega.

Estudió Farmacia

Con todo, Irene no siempre quiso ser agricultora. A pesar de esa tradición familiar, decidió estudiar la carrera de Farmacia, e incluso llegó a trabajar como tal varios años en Pamplona. 

"En realidad, mis padres también son farmacéuticos, entonces todo lo que ves en casa influye", apunta. "Cuando yo estaba estudiando, no me lo planteaba. Yo iba al campo a ayudar a mi familia pero, para mí, esto era lo más normal del mundo. Lo que pasa es que un día decidí que ya no era la ayudante, que me lo iba a tomar en serio. Pensaba: ¿qué va a pasar con los campos de mi abuelo cuando nadie siga?", fue entonces cuando decidió que quería seguir los pasos de más de tres generaciones en la familia, retomando el puesto de su abuelo y cuidando los almendros que con tanto cariño cultivó desde siempre. 

Pero este cambio no se produjo de la noche a la mañana. Fue progresivo porque, en realidad, Irene nunca dejó de ir al campo. Además, es una decisión que requiere mucha planificación ya que es necesario esperar a que llegue el invierno para poder plantar. "Entre que lo decidí y lo organicé todo, pues entre un año y medio o dos. No dices, venga, mañana planto", explica.

De farmacéutica a agricultora: Irene lo dejó todo para poder seguir los pasos de su abuelo

"Hay días que son muy duros"

El campo es un trabajo duro y hay algunos días que se hacen más cuesta arriba que otros, sobre todo cuando se tiene que soportar las inclemencias del tiempo. "Aquí tenemos un clima bastante extremo", comenta. "Unas días hace un frío horrible, con unas ráfagas de viento horrorosas", dice refiriéndose al viento cierzo, un viento frío y seco del noroeste que afecta a toda esa zona de la península. "En invierno realmente hace mucho frío. Hay días que incluso estamos a bajo cero. Y en verano estamos a cuarenta grados. Entonces hay días que son muy duros". 

A pesar de todo, a Irene le compensa todo ese esfuerzo cuando ve el resultado de su trabajo: "Ver cómo va saliendo el cultivo adelante y crecen los árboles, para mí eso es muy gratificante"

Y, con la ayuda de su padre para mantener todos sus cultivos bien cuidados, cada día es distinto que el anterior. "En invierno, por ejemplo, hay que podar. En primavera hay que hacer los tratamientos, luego labrar...", explica, indicando que, en estos momentos, con los árboles pequeños, "hay que dedicarles muchas horas de cuidados para sacarlos adelante"

Las redes: una forma de dar a conocer su trabajo

La decisión de mostrar su trabajo en las redes sociales llegó cuando empezó a contarle a sus amigos y conocidos que había decidido ser agricultora. Al ver que la gente se sorprendía y que realmente no entendían en lo que consistía el trabajo de verdad se dio cuenta de que "había mucho desconocimiento porque, detrás de los alimentos que compramos en el supermercado, hay un agricultor que se deja la piel por producirlos".

Es por eso que decidió abrir sus cuentas en Twitter (@irenenonay) e Instagram (@irenenonay), para poder contar lo que hacía y mostrar su trabajo, las cosas que le gustan del campo y que le apasionan, "porque, al final, no sólo hablo de almendros y de lo que hago, hablo también de las cosas que veo en mi entorno que me gustan". 

Sin embargo, no todo es tan bonito como puede aparentar en una simple fotografía. Detrás de todas ellas, hay trabajo duro, problemas técnicos que no se prevén y que te cambian los planes por completo. "El día que se te rompe una máquina o el tractor, tiene que estar cuatro días en el taller y tienes prisa por hacer algo, pues se pasa mal", explica. 

Echando la vista atrás, Irene no se arrepiente de la decisión que tomó hace año y medio, y asegura que está "muy contenta", porque, cuando algo va mal y hay algún problema, recuerda el por qué está ahí de verdad y todo aquello por lo que le merece la pena hacer lo que hace. "Cuando ves que crecen los árboles desde pequeñitos, eso para mí es muy gratificante. Estar todo el día en contacto con la naturaleza y el aire libre, es la cara bonita de la moneda. Es lo que me llevo".

Sobre el autor:

María Bonillo

María Bonillo, periodista.

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