Sociedad

El padre Felipe Simón ayuda de forma personalizada a mayores vulnerables en Badalona

Antonio Castillejo

Domingo 28 de julio de 2019

8 minutos

La Fundación Domus Misericordiae Sant Josep ofrece acompañamiento integral y apoyo a sus necesidades

Padre Felipe Simón

La Fundación Domus Misericordiae Sant Josep nació en 2017 en la parroquia de San Sebastián de Badalona (Barcelona) con la voluntad de asumir y fortalecer la actividad social y de asistencia a los más desfavorecidos del humilde barrio de Pomar. Una Fundación que ayuda a personas en situación de pobreza y vulnerabilidad ofreciendo acompañamiento integral y apoyo a sus necesidades. Para ello cuentan con más de 60 voluntarios que realizan visitas, reparto de ropa y alimentos y reparaciones domésticas. Actividades todas ellas que se canalizan a través de distintos proyectos.

Uno de ellos es el Proyecto San Charbel, nombre que recibe de un santo libanés, que consiste en ayudar a las personas más vulnerables de Pomar, "las personas mayores o con distintas discapacidades intelectuales o físicas". El padre Felipe Simón, responsable de la Fundación, explica que para ello han "organizado un grupo de voluntarios que visitan en sus domicilios a casi 40 de estas personas para hacerles compañía, aliviar su problema de soledad no deseada y atender sus necesidades. Nuestra misión es dignificar la vida de estas personas mayores ayudándoles de una manera integral y acogiéndolas en la comunidad".

Felipe Simón Muñoz nació en Sabadell hace 46 años, el 3 de noviembre de 1972. Estudió en el seminario de Barcelona y fue ordenado sacerdote hace 13 años, desde entonces ha tenido varias experiencias pastorales en distintas parroquias de la ciudad condal. Ahora, desde 2010, desarrolla su labor en la parroquia badalonesa de San Sebastián. Su vocación viene de muy atrás. “Me ordené con 33 años, pero desde muy pequeñito ya sentí que mi vocación era esta, aunque me costó dar el paso. Entre el sí y el no al Señor estuve trabajando en el sector de los seguros y en algunos otros, pero llegó un momento en que me di cuenta de que este mundo no me atraía y lo que realmente quería era dedicarme a los demás de forma altruista, así que decidí hacerme sacerdote”, detalla el padre.

Celebración

El proyecto San Charbel surgió a partir de otro de los apostolados de la Fundación, la Despensa San José, para atender necesidades alimenticias y de higiene. Pero llegó un momento, matiza el  El padre Felipe Simón, "en el que pensamos que debíamos ir a conocer sus casas, a las de los más vulnerables, las de personas mayores y discapacitados, para saber si realmente les estamos ayudando en lo que verdaderamente necesitaban". Así nació esta gran iniciativa en la que los voluntarios van y ven el verdadero estado en que se encuentran. "Vemos casas que están muy bien, pero también otras que están fatal, con malas condiciones de salubridad. En el barrio de Pomar tenemos mucha gente que sufre pobreza humana, personas que no saben gestionar las cosas más sencillas. Si tienen un impago de la luz, el agua o el gas no saben solucionarlo, si tienen un enchufe estropeado se quedan sin luz o simplemente organizar la compra de la semana o del mes. Para todo eso estamos nosotros", nos cuenta el sacerdote.

Limpiando y repparando viviendas

"Necesitan compañía"

La idea del proyecto era supervisar de manera efectiva las necesidades materiales de estos mayores, cuyas casas en no pocas ocasiones se encuentran en condiciones muy básicas a nivel material. "Hay incluso quien no tiene baño, unas necesidades impensables vistas desde el glamour de Barcelona que apenas está a 15 minutos de aquí. Mientras atendíamos a la rehabilitación de sus casas o les conseguíamos muebles a un nivel muy básico, en ocasiones un simple sillón para que pudieran sentarse, nos dimos cuenta de que que necesitaban compañía. Muchos estaban totalmente solos, la soledad es terrible, pero al no llegar a unas condiciones de vida que les ofrezca un mínimo de dignidad no se atreven a salir a la calle para pedir ayuda", matiza el padre Felipe Simón, que explica que de aquí vino la idea de ampliar esta compañía a un nivel superior. "Les escuchamos y les asignamos un padrino o madrina de entre nuestros voluntarios a cada uno de ellos. Créame, a veces lo único que piden es que les escuchen y les animen a acercarse a la parroquia y al comedor social para que conozcan otras personas en su misma situación y sepan que no están solos".

Comedor social

Así, el Proyecto San Charbel reúne a un grupo de voluntarios que ayuda a estas personas a realizar reparaciones sencillas como arreglar una ventana, una persiana o una fuga de agua y "si el problema es más complicado, como una pared repleta de humedades o el cuarto de baño en condiciones lamentables, nos encargamos de contratar una empresa especializada que solucione el problema", aclara el sacerdote antes de definir su proyecto como "un apostolado personalizado, una ayuda personalizada a la medida del problema que se presente. Si no fuera así no les estaríamos ayudando a superar sus necesidades reales".

Con respecto al perfil del voluntario, nos aclara que ahora mismo tienen más mujeres que hombres, "pero también hay jóvenes varones que lo hacen a su estilo, pero muy bien. Algunos trabajan y otros están jubilados o retirados por el motivo que sea. Cada voluntario tiene su estilo de relacionarse, pero es muy importante tener empatía. A veces nos llegan personas con muy buena voluntad que quieren formar parte del voluntariado, pero tienen que tener muy claro que es algo que no se puede hacer en el corto plazo, no es como repartir bocadillos". El padre Felipe afirma que "la gente se encariña con los voluntarios y no se trata de crear una relación de dependencia, de eso huimos, pero hay que ganarse su confianza para conocer realmente sus necesidades y problemas. Esto requiere de grandes dotes de sensibilidad y empeño a lo largo del tiempo. Por eso, aunque necesitamos más gente, desde la Fundación hemos marcado un protocolo de entrada basado en sus capacidades objetivas de gestión y empatía".

También junto a los sintecho

Curiosamente, el primer proyecto de la Fundación, San Alberto Hurtado, es el único apostolado que, de momento, mantienen fuera de Badalona. Consiste en “dar de comer y dar atención y compañía a las personas necesitadas de la calle” y para ello se marcaron varias rutas (Paralelo, Drassanes, Maremagnum y Sans) por Barcelona. En la Fundación salen cada 15 días por estas rutas y llevan a los sintecho lotes de alimentos. Es entonces cuando, confiesa el padre, “yo le digo a Dios: 'Señor, todos estos que están drogados y alcoholizados, a los que apalean, roban y violan, que se están pudriendo en la calle, son tus hijos', y esto es lo que nos mueve, dignificarlos”.

El objetivo es ser capaces de poder llegar a más zonas, a más personas, y para ello la Fundación quiere “coordinarse con otras fundaciones y con las administraciones públicas para trabajar en red, porque tal y como funcionamos ahora sólo podemos atender a unas 200 personas en cada salida”. 

Pero no queda aquí su acción, porque en la Fundación también hacen un seguimiento a estas personas que “son muchísimos y se mueven mucho por la ciudad. Entonces vemos si siguen allí, si pueden necesitar alguna cosa, que se les derive a los servicios sociales o a alguna institución que les pueda ayudar en algo", nos cuenta el padre.

Acompañando en la calle

Ni un euro público

Todos estos proyectos puestos en marcha por la Fundación Domus Misericordiae Sant Josep salen adelante sin financiación oficial de ningún tipo, ni un euro público. “Las administraciones son interlocutores, nos atienden, pero podían hacer mucho más y no lo hacen”, asegura. Dependen para llevar a cabo su labor del apoyo privado que les ofrecen algunos particulares y empresas. “Nos ayudan de muchas maneras, por ejemplo con el voluntariado corporativo, que es la fórmula que tenemos con la Caixa y gracias a la cual los empleados de sus oficinas colaboran con nosotros puntualmente. También hay laboratorios que nos han mandado sus productos de limpieza e higiene personal, como Isdin o Kim. Supermercados, como Condis o Mercadona, que nos dan comida y casos como el de la Fundación Aguas de Barcelona, que nos hizo una donación económica para poder comprar el material que necesitamos para hacer nuestro trabajo”, aclara el religioso.

Las reacciones al recibir la ayuda son muy diferentes, hay quien la rechaza, quien enseguida la acepta o quien te pide dinero… aunque, explica el padre Felipe Simón, “normalmente ya nos conocen y es más fácil. Les llamamos por sus nombres. Les encanta, les impacta muchísimo que los recordemos. Es una experiencia que a todos nos conmueve y salimos muy gratificados de allí porque vas a dar y al final eres el que recibe”.

Entre los indigentes que atiende la Fundación del padre Felipe Simón hay un poco de todo, la mayoría son de países del este, pero también hay españoles que viven situaciones “verdaderamente dramáticas, sobre todo mucha gente que ha sufrido desahucios”. También atienden a marroquíes, paquistaníes... "musulmanes para los que, de hecho, ya llevamos lotes preparados en bolsas verdes para los que no pueden comer cerdo o carne que no sea halal”. Lo que menos encuentran son sudamericanos. Eso sí, siempre más hombres que mujeres, sigue explicando el padre que nos cuenta cómo las pocas mujeres que atienden “normalmente están con un hombre que las protege aunque a veces también las maltrata. Dan mucha pena porque suelen ser las que más alcoholizadas están”. Y son gente de todas las edades aunque, cuenta el padre, “a mí me rompen especialmente el corazón los jóvenes, chicos de 18 o 19 años drogados, alcoholizados…”.

Proyecto San Alberto Hurtado

Como en los racimos de cerezas, una lleva a la otra, y el padre Felipe Simón detectó un problema con la nutrición de sus protegidos en el barrio de Pomar, hasta dónde quiso llevar otro proyecto que han denominado San Alberto Hurtado. Dicho y hecho, ya tiene abierto un comedor social porque "hay veces que les llevas macarrones o garbanzos y no saben cómo se preparan". Pero es complicado, "Barcelona tiene una estructura importante para poder abordar este problema (centros de asistencia, roperos, duchas, comedores...) y muchos sin techo de Badalona y otras localidades de la periferia emigran a Barcelona para vivir en la calle. Hay una migración interna de la necesidad y la pobreza, por eso allí hay 6.000 indigentes y en Badalona son entre 60 y 80”.

A estas alturas el padre Felipe Simón ha visto de todo, pero recuerda un caso concreto en una zona especialmente horrorosa, donde ves los casos más dramáticos, Drassanes (Atarazanas en castellano), en la que hay un ambulatorio al que van muchos drogadictos a por metadona. "Recuerdo a un chico rumano de 18 años con unas llagas en los pies y las piernas verdaderamente terribles que continuaba drogándose. Yo le dije que si no se daba cuenta de que le iban a tener que amputar las piernas, de que se estaba matando y él me contestó que no le importaba. A ese grado de dejadez y abandono había llegado. A muchos de ellos te los encuentras con el tiempo muertos, tirados en la calle. Se te rompe el corazón”.

Los voluntarios del Padre Felipe Simón

"La situación política ha partido en dos la sociedad"

La actual situación política y social en Cataluña tampoco favorece la labor de la Fundadación del padre Felipe Simón. “Tenemos una situación política que no nos ayuda en ningún sentido porque ha partido en dos la sociedad, nuestras comunidades, nuestras parroquias. Me han defraudado mucho los políticos, nacionalistas y no nacionalistas, porque veo que entre sus prioridades no están, ni mucho menos, las personas vulnerables, las más necesitadas. Trabajo y he trabajado con políticos de todos los colores y todos los partidos y me da igual el signo que tengan con tal de que nos escuchen y nos ayuden. A todos les digo lo mismo: ‘Tú estás aquí porque has sido designado, porque el Señor te ha dado una vocación, pero esa vocación hay que cumplirla y ser fiel al compromiso de atender lo mejor posible a tus ciudadanos que es lo que has jurado o prometido cumplir”.

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