Sociedad

Violencia vicaria: matar a los hijos para provocar el mayor dolor posible a las madres

María Bonillo

Foto: Europa Press

Viernes 11 de junio de 2021

5 minutos

Los niños se convierten en víctimas inocentes de la violencia machista

Violencia vicaria: matar a los hijos para provocar el mayor dolor posible a las madres
María Bonillo

Foto: Europa Press

Viernes 11 de junio de 2021

5 minutos

Ayer por la tarde se encontró en el mar el cuerpo sin vida de Olivia, de tan solo 6 años, la hermana mayor de las niñas desaparecidas en Tenerife después de que su padre, Tomás Gimeno, no las devolviera con su madre a la hora acordada. Es más, le prometió que no volvería a ver a las pequeñas. 

Gracias al buque Ángeles Alvariño, del Instituto Español de Oceanografía, pudieron encontrarse dos bolsas en el fondo del mar, una de ellas contenía el cuerpo sin vida de la pequeña, mientras que el otro aún está en proceso de investigación. Lo que está claro, es que este es un crimen cometido con el único propósito de hacer el mayor daño posible a la madre de las menores, arrebatándole lo que más quiere: sus hijas. 

Por desgracia, este no es un hecho aislado. Este tipo de crímenes vuelve a ponerse en el punto de mira, porque cuando amenazas como la de Tomás Gimeno a su mujer ("no las vas a volver a ver") se hacen realidad, los niños se convierten en víctimas inocentes de la violencia machista.

Esta conducta tiene un nombre específico, y es violencia vicaria, una expresión del maltrato de género extremadamente cruel y sádico en la que la muerte del menor es utilizada como un mero instrumento de tortura y venganza que nada tiene que ver con esas criaturas. La violencia se ejerce, en estos casos, en su grado extremo sobre los hijos para hacer daño a la madre, según explica La Vanguardia

Esta es la apariencia que podría tener ahora Tomás Gimeno, el padre de las niñas de Tenerife

Otros casos de violencia vicaria

El caso de José Bretón, que sucedió hace diez años en Córdoba, en el que fue condenado por asesinar y quemar a sus dos hijos (de 2 y 6 años) para inflingir el máximo dolor a la madre de los menores, a quien culpaba de todas sus desgracias. 

“Al cometer el crimen piensan más en el dolor que sufrirá la progenitora al perder a esas criaturas que en el trágico e injusto final planeado para sus propios hijos”, opinaba el psicólogo forense, Javier Urra. “Estos asesinos no suelen interpretar que acaban con la vida de personas que llevan su sangre, su propia descendencia: lo que ellos hacen es matar a los hijos de su pareja”.

Para ellos, sus hijos ya no son suyos, son de la otra parte. Reniegan de ellos hasta el punto en que no sufren el crimen cometido, el dolor “nunca será comparable al que va a padecer la madre”, sostiene el psicólogo forense.

En la mayoría de los casos, los que matan a sus propios hijos con el objetivo de causar daño a sus parejas acaban suicidándose después. Para Javier, esta salida es como “un corte de mangas, tanto a la madre como a la justicia; ese asesino considera que ya ha provocado el dolor que buscaba en el otro progenitor y no piensa pagar el castigo penal y, mucho menos el moral en su entorno, por esos hechos”.

El hombre que mató a tiros a sus hijos de 5 y 13 años en Ciudad Real tras comunicarle la madre de esos menores que quería separarse, el parricida que apuñaló en 2018 en Castellón a sus dos hijas un mes antes de la vista del juicio de divorcio, el hombre que se tiró en 2017 con su hija de solo un año, en brazos, desde una ventana del Hospital de La Paz, en Madrid... Todos son actos de crueldad que acaba afectando a vidas inocentes, buscando hacer el máximo daño posible a las madres. 

A veces los papeles se intercambian

En Alicante una mujer fue juzgada porque se arrojó al vacío desde una de las almenas del castillo de Dènia con su bebé en brazos, después de despedirse de su pareja, dejándose caer desde una altura de 70 metros. Milagrosamente, se salvaron al amortiguar la caída una valla metálica.

Aunque la Fiscalía pidió 20 años para la mujer en un centro psiquiátrico tras considerar que tenía sus facultadres mentales perturbadas, hay que considerar si esa madre era consciente o no del daño que pretendía hacerle a su pareja en el momento en que se despidió de ella.

Sin embargo, José Bretón actuó de manera ligeramente diferente ya que nunca admitió haber asesinado sus hijos; siempre sostuvo que habían sido secuestrados en un parque, lo cual alargó el sufrimiento de la madre de los pequeños. 

En el caso de Tomás Gimeno, la opción de que se encontrase en otro país nunca quedó descartada, para lo que habría tenido que contar con ayuda de terceras personas. Pero todo evidencia que, con el mensaje enviado a su exmujer y todos los movimientos que realizó antes de desaparecer, pretendía causar la mayor angustia a la madre de las niñas

Sobre el autor:

María Bonillo

María Bonillo, periodista.

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