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La universidad para mayores, en auge: más de 44.700 alumnos y más demanda de la que puede admitir

María Bonillo

Foto: Europa Press

Viernes 24 de abril de 2026

14 minutos

"Estamos ofreciendo otra forma de vivir la longevidad"

La universidad para mayores, en auge: más de 44.700 alumnos y más demanda de la que puede admitir
María Bonillo

Foto: Europa Press

Viernes 24 de abril de 2026

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La universidad para personas mayores está en auge, y así lo demuestran las cifras: más de 44.700 alumnos están matriculados en alguno de los programas universitarios para mayores de las universidades españolas, agrupados en su mayoría por la Asociación Estatal de Programas Universitarios para Mayores (AEPUM), que cuenta con un total de 50 universidades socias y cuya presidenta, Marian Alesón Carbonell, asegura que "estamos experimentando un aumento exponencial". Por si fuera poco, augura que la cifra de matriculados podría aumentar considerablemente en este curso académico.

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Estas cifras contrastan en gran medida si las comparamos con los comienzos de estos programas. "Siempre ha habido crecimiento", asegura la presidenta de la AEPUM. "Las universidades de mayores empezaron en España en los años 90 con unos 200 alumnos, y desde entonces la mayoría de universidades están llegando a una media de 1.300. Esa subida ha sido progresiva, hasta la pandemia cuando, obviamente, se produjo un bajón impresionante. Pero lo que estamos viendo es que desde entonces es exponencial". Sin ir más lejos, la cifra actual casi duplica la de hace dos décadas. "Y lo que no subimos es porque no tenemos más capacidad", apunta.

Y es que la demanda es tan elevada en los últimos años que algunas universidades tienen incluso listas de espera. Un ejemplo de ello es la Universidad de Valencia, que "tiene listas de espera de 1.000 personas. En ciudades grandes hay listas de espera muy numerosas", afirma. 

 

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"Estamos moviendo la educación de adultos a unos niveles que antes no existían, abriendo una cantidad de posibilidades que, claro, la gente se siente muy contenta y muy capaz de estar haciendo cosas que nunca se había imaginado que podía hacer cuando uno se jubila", porque, señala, "para muchos la jubilación es como el fin de todo y, en cambio, estamos dándonos cuenta de que es el principio de 30 años de vida que puede ser muy plena si no paras de hacer cosas, es decir, si tienes oportunidades para desarrollarte". 

En este sentido, explica que "lo que estamos haciendo las universidades de mayores es hablar, no de envejecimiento, sino de longevidad, es decir, de cómo voy a vivir esos 30 años que me quedan de vida de una manera plena y sobre todo autónoma, es decir, dándoles esos conocimientos, estrategias y competencias que necesitan para ser autónomos lo máximo posible de su vida. Y un ejemplo muy claro es todo el trabajo que hacemos sobre brecha digital, porque una persona es autónoma si es capaz de hacer las cosas por sí misma. Si tú no eres capaz de abrir un ordenador y hacer una gestión mínima, al final te quedas anclado, aislado, necesitas de otras personas que te ayuden a vivir y es lo que no queremos hacer". 

Otra forma de vivir la longevidad

Con más de dos décadas de historia, estos programas buscan facilitar el acceso por primera vez, o la vuelta, de las personas mayores a la universidad, fomentando los programas educativos para mayores en el ámbito universitario y contribuyendo al desarrollo formativo y cultural de este colectivo. Para ello, la asociación impulsa el desarrollo del diálogo y comunicación entre las Universidades, las Administraciones Públicas y entidades privadas, al tiempo que actúa como centro de información y asesoramiento interuniversitario para los Programas de Mayores.

Por lo general, en casi todas las universidades el único requisito para poder matricularse en estos programas es la edad, que suele ser a partir de los 50 años, explica Marian, que subraya en este sentido la importancia de trabajar la franja de edad de 50 a 60 años. "Es la preparación para la jubilación", algo que, "es muy importante y la gente no se da cuenta". 

Critica que "la sociedad no ha creado un sistema de apoyo para ese cambio vital. Si lo comparas, por ejemplo con los 18 años, que es cuando terminas el instituto y empiezas a decidir la carrera, o cuando terminas la carrera y decides tu profesión, ahí tenemos unos sistemas sociales, educativos, públicos, que nos ayudan a tomar esas decisiones de qué carrera coger o qué profesión tener. Pero cuando te jubilas te dan la palmadita y te vas a tu casa, y eso no puede ser. Es un momento de reflexión en el que también tienes que tomar decisiones sobre lo que quieres hacer, porque son 35 años más que tienes de vivir, no te puedes quedar sin saber lo que hacer, y esa decisión es muy importante". De hecho, señala que "hay muchísima frustración, hay gente que cae en la depresión al jubilarse y es porque no ha tenido ese tiempo de reflexión para darse cuenta que esa jubilación es una oportunidad de tener 30 años para hacer cosas diferentes y que te llenen plenamente".

A este respecto, considera que "ese papel que tenemos las universidades en la franja de edad de 50 a 60, es uno de los más importantes que hacemos". Es más, para Marian, el "gancho" que tienen las universidades de mayores ahora es que "estamos ofreciendo otra forma de vivir la longevidad o la vejez", es darte cuenta de que "puedes hacer esas cosas y muchas más". 

 

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El problema de las universidades de mayores, explica Marian, es que "como no son programas financiados públicamente, sino que dependen o de algunas subvenciones o de la matrícula que paguen los alumnos, aunque tengamos demanda, no podemos crecer más", de hecho, asegura que es la situación en la que se encuentran. "Tenemos más demanda de la que podemos admitir. A veces los números no crecen pero es porque no hay capacidad, no porque no haya interés y no haya gente que lo demande. Hay algunas universidades que están teniendo problemas porque si ellos tienen la capacidad, por ejemplo, de dar una formación de tres años, cuando terminas la formación ya no sigues, entra gente nueva, pues esa gente que se está quedando fuera ya de los programas está demandando otro tipo de formación y la verdad es que no tenemos capacidad, aunque quisiéramos darla. Y es por eso, por falta de financiación". 

Para la presidenta de la asociación que agrupa estos programas universitarios de las universidades para mayores, esta situación "es una lástima, porque al final nos estamos dando cuenta de que también es un programa incluso de salud". Y es que, señala, "una de las cosas que nos dicen mucho los mayores es que desde que están en la universidad de mayores ya no toman pastillas. La forma de vivir es muchísimo más sana, más saludable, más social, porque compartes mucho más y conoces a más gente que tiene los mismos intereses". 

En este sentido, destaca una parte que también están desarrollando y que "no se ve tampoco", que es "la parte del desarrollo creativo". "Muchas veces vamos a la formación y la gente piensa en los ordenadores, cosas que necesitan los mayores saber, pero hay una cosa que también estamos haciendo y promoviendo mucho y es enseñar competencias creativas, es decir, que puedas hacer cosas nuevas. No ya solo pintar, sino música, teatro, arte... Estamos fomentando, por ejemplo, un programa de cortometrajes y películas. Hay gente que está haciéndose creador de contenido y eso da muchísimas posibilidades. Es algo que tiene muchísimo potencial y muchísima fuerza, pero nos falta un poco ese reconocimiento social, sobre todo para que las instituciones públicas se den cuenta de que estos programas lo que hacen es abaratar los costes de salud, porque la gente se mueve más y necesita menos ir al médico, y estamos creando también personas que necesitan menos apoyos". Por todo ello, considera que "deberían cambiar un poco la visión y apoyarlos más financieramente para que pudiéramos dar este servicio que estamos dando a más gente". 

El perfil de los estudiantes cambia con los años

La mayoría de los matriculados en las universidades para mayores son mujeres, "entre un 70 y un 80%", asegura Marian, que explica que la predominancia femenina se debe principalmente a que "hay determinadas edades en las que hay más mujeres que hombres, es una ley de vida. No sé si en el futuro cambiará, pero por lo menos por ahora a partir de los 80 hay más mujeres que hombres. Entonces eso se nota".

Con todo, estos programas también están "atrayendo a muchos hombres porque la oferta que estamos dando es mucho más interesante, no es la típica de los centros de mayores. Estamos haciendo cosas muy diversas. Nuestros alumnos aprenden a veces sobre criminología, ciencias, para desarrollar toda tu capacidad creadora y artística... Hay temas para atraer a ambos sexos cuando, en los centros de mayores, muchas veces las actividades que hacen se han quedado en cierta manera, en comparación de las nuestras, muy viejunas y con una atracción que solo interesaba a mujeres. Nosotros estamos cambiando un poquito esa tendencia". 

Además, la edad media de los estudiantes se sitúa en los 72 años, indica Marian, que es también directora de la Universidad Permanente en la Universidad de Alicante, donde el estudiante más mayor tenía 98 años la última vez que se matriculó. Destaca también el caso de una mujer de 97 años que acude a un aula literaria donde discuten sobre literatura y poesía. "Me comentaba que para ella ir a la universidad es obligarse por la mañana a levantarse, a pintarse, vestirse, ponerse guapa e irse a debatir. Y durante la semana se prepara los deberes que tiene para el debate para poder hablar y participar", cuenta. "Con 97 años poder participar, debatir en una clase, prepararte y estar al nivel de un profesor de universidad que te está planteando unas preguntas difíciles para comentar, bueno, ojalá todos llegáramos a eso".

 

universidad mayores

 

En este sentido, la presidenta de la AEPUM señala que el perfil de los alumnos que pasan por estos programas ha cambiado con los años. "Cuando empezamos teníamos un perfil de gente que no había ido a la universidad nunca. Eran los años 90, la mayoría de las personas de 50 años en aquel momento no había estudiado en la universidad, y los que lo habían hecho eran casos contados. Teníamos mucha ama de casa que no había podido estudiar, muchas personas que se habían dedicado profesionalmente a su trabajo pero que tampoco habían tenido la oportunidad de estudiar... Era gente que había tenido muy pocas oportunidades educativas". De hecho, recuerda que cuando daba clase "les tenía que enseñar a buscar en el diccionario porque no sabían".

Ahora, en cambio, "la mayoría de la gente que tengo tiene carrera. Es un reflejo de la sociedad española. Son gente que estudió en los años 60 y fue el principio de la modernización de España. Ese cambio demográfico y social se refleja también en las aulas de mayores y ahora tenemos mucha gente licenciada en las universidades", explica. 

Ganas de formarse, pero también de socializar

Los interesados en estos programas formativos pueden acceder de nuevo, o por primera vez, a la universidad a través de dos modelos diferentes, uno "más cerrado" y otro "más flexible", tal y como explica desde la AEPUM su presidenta. Por un lado, "un modelo es el que replica un poco las carreras, es decir, es como una especie de título de posgrado que tienen dos, tres o cuatro años, dependiendo de la universidad, y lo que hace es ofrecer diferentes asignaturas en cada curso, que haces con los mismos compañeros". Una vez terminado los cuatro años, los alumnos pueden asistir a conferencias como exalumnos de la universidad o a algún curso de especialización

Por otro lado, otras universidades, como la de Alicante, "tenemos un título propio igual, de formación permanente, pero nuestra programación es libre, es decir, tenemos una oferta de unas 110 asignaturas al año, tú puedes hacer la que quieras y como quieras, en el orden que quieras. De esta forma, el alumnos se va construyendo su propio currículum y cuando llega a 72 créditos, se diploma, le damos el título, pero no le echamos. Puede seguir estudiando y haciendo lo que quiera siempre que se matricule en alguna asignatura". Este último modelo lo que permite, destaca, es "adaptar esta formación especial de mayores a su ritmo de vida". 

Cabe destacar, además, que las tasas de estos programas "suelen ser más económicas que las de los grados convencionales". "Tenemos unas tasas que llamamos sociales, están aprobadas normalmente por los consejos de gobierno de las universidades y por el Consejo Social, y tienen unas tarifas reducidas, son más asequibles porque se supone que es una actividad que hacemos para fomentar la parte social de la universidad". En concreto, estas tarifas "suelen rondar entre los 60 y los 70 euros por curso, más o menos, dependiendo de la universidad", explica.

Además, existen otros programas llamadas integrados, los cuales ofrecen la posibilidad a los alumnos mayores de asistir a clases de grado con los jóvenes, "como si fueran un alumno más de la asignatura", asignaturas que, sin embargo, "son más caras porque pagan igual que un joven. La diferencia es que no tienes que hacer la carrera entera, solo la asignatura que te interesa. Y compartes con los jóvenes", por lo que, resalta, "tienen esa experiencia intergeneracional". 

 

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La principal motivación de los alumnos al iniciarse en estos programas, como cabría esperar, es la de formarse, especialmente en las humanidades que son, de hecho, los estudios más demandados por los sénior "con una gran diferencia", destaca la presidenta de AEPUM. "Tenemos mucha oferta científica y de tecnología, pero la gente lo que demanda son las humanidad, lo que no ha tenido tiempo de descubrir a veces en el trabajo. La poesía, el arte, la historia de España, por ejemplo, son asignaturas que tienen muchísima demanda". No obstante, la socialización cobra especial importancia en este punto. "Puede ser que el primer interés sea aprender un poco de ordenador, que me hace falta, o idiomas, para viajar porque mi hijo se ha ido a trabajar fuera. Pero cuando hablas con ellos en general, hablan de la socialización", revela Marian.

"Creo que la gente no se da cuenta que ese paso entre el trabajo y la jubilación es un paso muy duro. Normalmente lo coges con mucha alegría y muchas ganas porque estás harto de trabajar. Nosotros lo llamamos la euforia de los seis meses;
te pasas seis meses viajando, haciendo lo que te dé la gana, levantándote tarde, pero cuando pasa esa euforia, te das cuenta que de repente te has quedado separado de muchas redes sociales, que eran muchas veces profesionales, y a veces tus familiares también están lejos, has perdido amigos por la edad o por lo que sea y te puedes quedar muy aislado. Entonces es muy importante crear nuevas redes, y la universidad te las da. Por ejemplo, te apuntas a una clase de geografía y no solo aprendes algo que te gusta, sino que resulta que a la persona que tienes al lado le encanta la geografía como a ti. Eso es crear nuevas redes sociales que dan soporte vital a muchas personas", explica, destacando la importancia de esa parte social, una parte que "nos hace mantenernos vivos y jóvenes sin darnos cuenta". 

Para Marian, las universidades de mayores son "una apuesta social que desde el punto de vista social, en las instituciones públicas y los gobiernos, deberían replantear como algo estratégico". De hecho, señala que "muchos de los estudios que estamos haciendo hoy en día de investigación es para dar a conocer a la sociedad ese papel que hacemos como una iniciativa social, pero también como una iniciativa de mejora de la salud y de la mejora tanto física como psicológica de las personas mayores. Estamos en cierta manera fomentando que la gente viva más y, sobre todo, que viva mejor y de forma más autónoma", concluye.

Sobre el autor:

María Bonillo

María Bonillo

María Bonillo es licenciada en Comunicación Audiovisual y Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid, con experiencia en la agencia de comunicación OmnicomPRGroup y la productora de teatro Pentación Espectáculos. Escribe principalmente sobre temas de sociedad, y también realiza labores de community management.

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