Miriam Gómez Sanz
Experiencia
Universidad para mayores de 40: ¿qué es mejor, online o presencial?
Claves prácticas para decidir si dar el paso y cómo hacerlo
Volver a sentarse ante unos apuntes con más de 40 años no es ninguna rareza, aunque a veces lo parezca. Tampoco lo son las dudas sobre ser demasiado mayor para ir a la universidad. Más que la capacidad, lo que suele preocupar es si tiene sentido dar el paso, qué opciones existen realmente y cómo encajarlo en una vida que ya tiene trabajo, familia y responsabilidades.
Sin embargo, en España no existe una edad máxima para acceder a estudios universitarios. Para personas de entre 40 y 45 años, no hay prueba general de acceso. Se entra mediante la acreditación de experiencia laboral o profesional relacionada con el grado que se quiere cursar. La solicitud se presenta para una titulación concreta y en una universidad concreta, que evalúa la experiencia aportada. Además, la universidad puede realizar una entrevista personal para valorar la idoneidad del candidato.
En cambio, para los mayores de 45 sí existe una prueba específica de acceso, distinta de la EBAU. Evalúa competencias generales, como lengua castellana y comentario de texto, e incluye una entrevista personal obligatoria, que debe resolverse como apta para poder acceder.
Las universidades públicas reservan un cupo específico de plazas para estas vías, que se sitúa entre el 1% y el 3% del total ofertado, según la normativa vigente.
¿Compensa estudiar a esta edad?
Más allá de los requisitos formales, la cuestión de fondo es otra: ¿merece la pena empezar una carrera con más de 40 años? La respuesta depende menos de la edad y más del contexto personal y profesional. Quienes deciden dar el paso suelen contar con ventajas claras: mayor motivación, objetivos definidos y capacidad para aplicar los conocimientos a su experiencia previa.
Pero también hay retos como conciliación, gestión del tiempo y esfuerzo sostenido durante varios años. Antes de decidir, conviene analizar no solo si se puede acceder, sino cómo encajará esa decisión en la vida diaria.

Presencial u online
La modalidad presencial puede ser adecuada cuando se dispone de tiempo estable, se vive cerca del campus y se valora el contacto directo con profesores y compañeros.
Ofrece un ritmo marcado por horarios fijos y una experiencia académica más estructurada. Sin embargo, exige disponibilidad real y sostenida, ya que la asistencia regular y las evaluaciones continuas dejan menos margen para la flexibilidad.
Para quienes trabajan a jornada completa o tienen responsabilidades familiares, esta modalidad puede suponer un esfuerzo organizativo importante.
En el lado contrario, la modalidad online está especialmente pensada para personas que trabajan o tienen menos margen para adaptar su horario, una situación habitual a partir de los 40 o 45 años.
Permite organizar el estudio según el tiempo disponible, acceder a clases en diferido y evitar desplazamientos. Además, amplía las opciones al poder estudiar en universidades de cualquier punto del país.
En el caso de mayores, conviene fijarse en el sistema de tutorías, el calendario de evaluación continua y el nivel de acompañamiento académico. La flexibilidad es una ventaja, pero también exige autodisciplina y planificación para mantener el ritmo a medio y largo plazo.
Dónde estudiar a partir de los 40
En España, prácticamente todas las universidades públicas y muchas privadas contemplan estas vías de acceso. En el ámbito online o a distancia, existen modelos orientados a estudiantes adultos, con clases en diferido y evaluación continua. Entre ellos figuran la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) o la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).
Las universidades públicas presenciales, por su parte, reservan un pequeño porcentaje de plazas para mayores de 40 y 45 años, permitiendo acceder a grados presenciales o, en algunos casos, semipresenciales.
Antes de elegir, conviene revisar la vía de acceso aplicable, la modalidad de estudio, el sistema de evaluación y el nivel de acompañamiento. No hay una respuesta única válida para todos. La mejor decisión será aquella que encaje con el tiempo disponible, el objetivo personal o profesional y la realidad familiar.



