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¿Amoniaco o lejía? ¿Cuál es mejor desinfectante?

Ignacio Casanueva

Martes 21 de julio de 2020

2 minutos

Ambos productos no deben usarse juntos por su alta toxicidad

¿Amoniaco o lejía? ¿Cuál es mejor desinfectante?

Ante esta pregunta, la respuesta es clara: el mejor desinfectante es la lejía. Ahora bien, no siempre la lejía es el mejor producto para la limpieza, pues una cosa es desinfectar y otra limpiar con eficiencia.

Es por ello que, si tuviéramos que elegir entre la lejía y el amoniaco, recomendamos tenerlos siempre a mano a ambos en nuestro kit de limpieza, y es que dependerá del lugar, material y los objetivos que queramos para usar uno u otro. Os detallamos aquí sus principales usos:

Usos de la lejía

Productos con los que nunca debes mezclar la lejía

 

Como ya hemos dicho al comienzo la lejía es un gran desinfectante, por lo que será ideal para limpiar zonas de la casa donde posamos las manos u otras partes del cuerpo: pomos de puertas y armarios, cocina, electrodomésticos, grifería, lavabos y retretes, etc. De esta forma reducimos al mínimo la posibilidad de una contaminación cruzada que acabe en otras personas o en la comida.

Hay que diluirla siempre en agua por su poder abrasivo, y teniendo en cuenta que a la larga puede oxidar piezas cromadas, así como revestimientos metálicos o cerámicos. Para estos materiales habrá que diluirla aun más.

Por otro lado, la lejía es un buen producto para eliminar manchas de color de tejidos blancos, por lo que puede usarse junto con el detergente en la lavadora -existe lejía diluida para tejidos-, aunque su uso recurrente acaba deteriorándolos

Usos del amoníaco

Por su parte la característica de este componente es su poder desengrasante. Gracia a ello será nuestra primera opción para las superficies que se manches recurrentemente sin un excesivo contacto con las manos. En reste grupo entrarían los marcos de las ventanas, cuadros, cristales, lámparas, televisores, etc.

Al contrario que la lejía, lo podremos usar en elementos cromados y metálicos, no así en superficies enceradas o barnizadas como los suelos de parqué o muebles clásicos (en estos casos es mejor usar limpiadores que contengan alcohol o vinagre diluido), pero si en los que son sintéticos.

El uso de ambos componentes, lejía y amoniaco, debe realizarse con precaución. Además, hay que tener en cuenta que la mayoría de los productos que encontramos en los supermercados ya tienen en su composición alguna de estas dos sustancias de forma mejorada y atenuada.

Si aun así optamos por utilizarlos habrá que diluirlos antes de aplicarlos sobre las superficies a limpiar. Otro consejo es abrir las ventanas o asegurarnos de una buena ventilación, ya que su poder abrasivo desprende un olor fuerte y desagradable que puede permanecer en la habitación durante un rato o incluso afectarnos e irritarnos los ojos y las mucosas.  

Aunque la lejía sea un excelente desinfectante y el amoníaco un potente desengrasante, la unión de ambos no hace el producto perfecto, sino al contrario, produce una sustancia altamente tóxica que incluso puede resultar letal.

 

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