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¿Cómo actuar ante pérdidas de sangre o hemorragias?

Mariola Báez

Foto: Bigstock

Miércoles 19 de febrero de 2020

3 minutos

Son situaciones estresantes ante las que es importante mantener la calma y tomar medidas concretas

Detener una hemorragia presionando con apósitos

No es lo mismo enfrentarnos a una pequeña herida, que observar que una persona está perdiendo una cantidad importante de sangre por haber sufrido una grave lesión de cualquier tipo

Una laceración superficial solo va a requerir, en la mayoría de los casos, una serie de medidas higiénicas, que eviten el riesgo de infección, y una cura que incluya la aplicación del correspondiente antiséptico. Muy diferente es la situación de ver un corte profundo que provoca abundante sangrado. Colocar a la persona herida en la posición correcta e intentar frenar la hemorragia, sin provocar daños mayores, debe ser el objetivo de esos primeros auxilios mientras llega la ayuda necesaria si el caso así lo requiere.

Valorar la gravedad de la situación

Una hemorragia se produce cuando un vaso sanguíneo se rompe por algún motivo. El sangrado puede ser visible, es decir, salir al exterior, o bien producirse en el interior del propio organismo, conocido como hemorragia interna. En cualquier caso, se trata de una emergencia médica, pero ante la que es importante mantener la serenidad, ayudando así a tranquilizar a la persona que la está sufriendo.

A veces, puede resultar difícil saber hasta qué punto la situación es grave. En este sentido, SAMUR Portección Civil (@SAMUR_PC) indica, en su Guía de Primeros Auxilios, que ante la pérdida de sangre es importante hacer una primera valoración general del estado del accidentado y llamar rápidamente al 112 si se aprecia alguno de los siguientes síntomas:

  • Palidez cutánea y de las mucosas de la boca o la nariz.
  • Ansiedad, respiración rápida y agitada
  • Pulso débil.

También habrá que tener en cuenta cualquier otro posible síntoma anómalo que indique gravedad como la pérdida de conocimiento o la dificultad respiratoria.

Vendaje para detener una hemorragia

Cómo intentar detener el sangrado

En los casos más graves, es importante actuar con rapidez, poniendo en práctica algunas medidas. Detener el sangrado es el objetivo prioritario, pero salvo que seas un profesional sanitario y sepas hacerlo correctamente, debes descartar la idea de hacer un torniquete, porque lejos de ayudar, podría resultar peligroso. Si una persona presenta una herida, en primer lugar ayúdale a que se tumbe o permanezca sentada, para evitar una posible caída.

Tomada esta primera medida de seguridad, para frenar la salida de la sangre, hay que aplicar gasas, apósitos, pañuelos de tela, lo más asépticos posible, sobre la herida, presionando con dedos, mano y puño según el tipo de lesión. Si esos primeros paños se empapan, hay que colocar una segunda capa, sin retirar los primeros, mientras sigues ejerciendo la suficiente presión con la intención de taponar la salida de la sangre. Extremar la higiene durante la maniobra es fundamental.

Siempre que sea posible es conveniente elevar el miembro afectado para contrarrestar el propio efecto de la gravedad y también para contribuir a que el torrente sanguíneo siga llegando a los órganos vitales, especialmente al corazón y al cerebro. Si la hemorragia no cesa, puede ser necesario un vendaje compresivo, pero en este caso debes observar atentamente el color de la piel que se encuentra justo debajo del mismo. Ante un tono azulado o amoratado y también si existe sensación de hormigueo será imprescindible aflojarlo.

Si la víctima está inconsciente, tendrás que solicitar ayuda urgente y colocarla en posición de seguridad, es decir, tumbada lateralmente con una pierna flexionada.

Lo que no debes hacer, en ningún caso, es intentar elevar un miembro que presente deformidad o mucho dolor al realizar ese movimiento. Además, también tendrás que adecuar la presión sobre la herida a la intensidad del dolor que manifieste la persona que ha sufrido el accidente. Por último, hay que recordar que no conviene darle alimento o bebida alguna en esos momentos.

Hemorragia en el oído

Hemorragias internas

Puede ocurrir que a consecuencia de un golpe o de un proceso agudo de una patología interna, observemos que la sangre brota al exterior, por ejemplo por la boca, los oídos o la nariz. Salvo que tengas conocimientos médicos, no podrás valorar el daño que se está produciendo en el interior del organismo, por lo que se requiere asistencia sanitaria urgente. Aun así, en estos casos hay algunas primeras medidas que puedes tomar, especialmente referidas a cuál es la posición más segura que debe adoptar quien la sufre. Como ejemplos, el SAMUR señala las siguientes:

  • Sangrado nasal. Lo recomendable es permanecer sentado, con la cabeza ligeramente inclinada hacia adelante y ejerciendo directamente presión en los laterales de la nariz.
  • Sangrado a través del oído. Puede indicar algún tipo de lesión craneal o del propio conducto auditivo. En este caso, no hay que taponar la herida sino apoyar la cabeza en posición lateral sobre el oído sangrante vigilando el nivel de consciencia.
  • Sangrado por la boca. Puede indicar dolencias de distinta gravedad, desde una pequeña herida en la cavidad bucal, hasta hemorragias de origen pulmonar o digestivo ante las que siempre es necesaria la intervención médica urgente. En el primer caso, habrá que intentar detener el sangrado aplicando apósitos en el interior de la boca, permaneciendo sentados, del mismo modo que en el caso de sangrado por la nariz.
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