Josep Moya Ollé
Opinión

¿Educación en valores cívicos y éticos?

Josep Moya Ollé

Martes 3 de marzo de 2026

4 minutos

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Martes 3 de marzo de 2026

4 minutos

A raíz de observar y ser testigo de ciertos tipos de conductas en adolescentes y adultos jóvenes, he consultado el curriculum de la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO) y he encontrado una materia denominada “Educación en valores cívicos y éticos”. El programa de estudios de la ESO del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes contempla que esa materia se imparta en alguno de los cursos, es decir, no en todos los cursos. A continuación, consulto los objetivos y los ámbitos competenciales fundamentales. El Ministerio explica que “la educación en valores constituye la base fundamental para el ejercicio crítico y responsable de la ciudadanía y para la educación integral de las personas”. Y, ¿qué implica?  Implica movilizar el conjunto de conocimientos, destrezas, actitudes y valores que permiten al alumnado tomar conciencia de su identidad personal y cultural, reflexionar sobre cuestiones éticas fundamentales para la convivencia y asumir de manera responsable el carácter interconectado y ecodependiente de nuestra existencia en relación con el entorno; todo ello con objeto de apreciar y aplicar con autonomía aquellas normas y valores que han de regir una sociedad libre, plural, justa y pacífica.

Sigo con mi consulta y entro en el apartado de los ámbitos competenciales. Son cuatro. El primero es el del autoconocimiento y el desarrollo de la autonomía personal. El segundo engloba la comprensión del marco social de convivencia y el compromiso con los principios, normas y valores democráticos que lo rigen. El tercero se refiere a la adopción de actitudes compatibles con la sostenibilidad del entorno a partir de la comprensión de nuestra relación de interdependencia y ecodependencia con él. Y, finalmente, el cuarto, más transversal y dedicado a la educación de las emociones, se ocupa de desarrollar la sensibilidad y los afectos en el marco de los problemas éticos, cívicos y ecosociales que nos plantea nuestro tiempo.

Parece claro que todos o casi todos podemos estar de acuerdo con tan nobles y loables objetivos, pero, ¿qué nos enseña la realidad cotidiana? ¿qué ocurre con el compromiso con los principios, normas y valores democráticos? Y, ¿qué hay de la sensibilidad y los afectos?

En el intento de encontrar respuestas recojo algunos datos y reviso algunos comentarios procedentes de profesionales de la educación. Empiezo por estos últimos. Muchos docentes explican que intentar enseñar, formar y educar es cada vez más una tarea difícil, compleja y extenuante. Los alumnos tutean a los docentes, cuestionan su saber y, en ocasiones, llegan a la burla, el insulto o la agresión física. Hace unos días, un alumno de la ESO agredió a tres docentes y dos de ellas acabaron en urgencias de traumatología. Recuerdo que, en otra ocasión, la directora de un centro de educación primaria me pidió que interviniera para ayudar al claustro de docentes a superar una situación de crisis generalizada. En las entrevistas, una de las maestras, de unos treinta años, me dijo que soñaba con poder jubilarse ya que no aguantaba más su trabajo como docente. Cabe añadir que no se trataba de un centro con un alumnado de alta complejidad.

Un dato referente al ciberacoso escolar. El 23% de los adolescentes reconoce haber sido insultado por WhatsApp, y el 21%, en redes sociales. El 12% afirman haber sido testigos de un caso de acoso por medios cibernéticos. Hace pocos días, una adolescente de 16 años me explicó que su expareja había enviado por las redes sociales mensajes en los que la insultaba y la degradaba. Y, un dato inquietante, en muchos casos, los insultos y las agresiones tanto a los compañeros de clase como a docentes son explicadas desde la banalidad, es decir, sin valorar los efectos adversos ocasionados por esas conductas.

Otro hecho observado en repetidas ocasiones: el no ceder los asientos reservados a personas mayores o aquellas que por razones de salud lo precisan. Es algo que podemos comprobar día tras día en el metro, el autobús o el ferrocarril. Sube una persona con muletas o una señora de 70 u 80 años y ninguna de las personas jóvenes cómodamente sentadas le cede el asiento aunque por megafonía se recuerde la obligación de cederlo. Pero, añado un detalle: en más de una ocasión, quien sí ha cedido el asiento ha sido una persona de más de 50 años.

Surge entonces la pregunta: ¿realmente la asignatura de Educación en valores cívicos y éticos está cumpliendo sus objetivos? ¿O más bien estamos educando a las futuras generaciones en “valores” narcisistas y en la falta de respeto para con los semejantes?  

Sobre el autor:

Josep Moya Ollé

Josep Moya Ollé

Josep Moya Ollé (Barcelona, 1954) es psiquiatra y psicoanalista. Actualmente es presidente de la Sección de Psiquiatras del Colegio Oficial de Médicos de
Barcelona.

Ha trabajado activamente en el ámbito de la salud pública, siendo presidente del comité organizador del VII Congreso Catalán de Salud Mental de la Infancia y psiquiatra consultor del SEAP (Servei Especialtizat d'Atenció a les Persones), que se ocupa de la prevención, detección e intervención en casos de maltratos a mayores.

Es el fundador del Observatori de Salut Mental i Comunitària de Catalunya.

Su práctica clínica privada la realiza vinculado a CIPAIS – Equip Clínic (Centre d’Intervenció Psicològica, Anàlisi i Integració Social) en el Eixample de Barcelona.

Como docente, imparte formación especializada en ACCEP (Associació Catalana per a la Clínica i l’Ensenyament de la Psicoanàlisi), en el Departament de Benestar Social i Família y en el Centro de Estudios Jurídicos y Formación Especializada del Departament de Justícia de la Generalitat de Catalunya.

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