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Los perros y su curiosa manera de saber la hora

Javier Anula

Foto: Big Stock

Domingo 16 de enero de 2022

4 minutos

Estos animales saben cuándo les toca pasear, comer o incluso si su dueño va a volver a casa

Los perros y su curiosa manera de saber la hora
Javier Anula

Foto: Big Stock

Domingo 16 de enero de 2022

4 minutos

Los perros son unas mascotas de lo más fieles y unos compañeros de lo más leales. Los que vivan con uno o más pueden dar fe de ello. Aunque conlleva una gran responsabilidad, estos animales acaban convirtiéndose en nuestros mejores amigos.

Además, son de lo más inteligentes. Cualquier persona que haya convivido con perros se habrá dado cuenta de que, a menudo, parecen saber cuándo es su hora del paseo, la de la comida o incluso cuándo está a punto de regresar a casa un miembro de la familia. Y es que, aunque el concepto en sí sea algo humano, los perros saben perfectamente qué hora es. O mejor dicho, cuándo les toca hacer ciertas cosas.

La razón es muy sencilla y se trata de una cuestión de hábitos. Los canes se acostumbran a las rutinas de las personas con las que convive. Es por eso, principalmente, por lo que saben cuando se acerca la hora de hacer sus actividades, tanto sus favoritas como aquellas que más detestan.

A un nivel menos consciente, el propio cuerpo del perro también sabe qué hora es debido a los ciclos de día y noche, que afectan no solo a la intensidad de la luz sino también a las variaciones de temperatura

perro en ventana

Maestros del rastreo y de la observación

Así pues, los perros tienen una serie de mecanismos que les ayudan a saber qué hora es en cada momento. El más poderoso de estos mecanismos es su extraordinario olfato, el cual es entre 10.000 y 100.000 veces más potente que el humano, de modo que ciertos cambios en el ambiente que para nosotros resultan imperceptibles son evidentes para ellos.

Los perros cuentan con un reloj biológico incorporado: la trufa, es decir, su nariz. Cada persona tiene un olor único, que procede principalmente de las partículas que se desprenden de la piel. Aunque alguien salga de casa, su olor característico permanece en estas partículas.

Este olor, sin embargo, se va atenuando con el paso de las horas, y ahí entra en juego el arsenal olfativo de los perros: al lamerse la trufa, aparte de hidratársela, están capturando estas partículas olorosas y transmitiéndolas a su olfato, tan potente que es capaz de determinar la concentración de estas.

Si los habitantes de la casa siguen unos horarios regulares, la variación en dicha concentración les indica cuánto tiempo ha pasado desde que alguien salió y, por lo tanto, cuándo es probable que regrese.

perro

 

De hecho, los perros son capaces de “oler el tiempo" de forma similar a como lo determinaría una persona observando un reloj de arena. Alexandra Horowitz, doctora en Ciencia Cognitiva y autora de diversos libros sobre el comportamiento canino, explica cómo los olores en una habitación se mueven a medida que avanza el día: “El aire caliente se eleva y, por lo general, circula en corrientes a lo largo de las paredes hasta el techo, se dirige hacia el centro de la habitación y cae".

"Si pudiéramos visualizar el movimiento del aire a lo largo del día, lo que realmente estamos visualizando es el movimiento del olor a lo largo del día”. Esos ciclos de olores son también lo que les permite anticipar actividades diarias que se producen en horas establecidas, como la comida o el paseo​.

Aunque su olfato sea un reloj de precisión, no es su único truco para anticipar el comportamiento de las personas con quien conviven. Los perros son maestros de la observación en lo que se refiere al lenguaje facial y corporal y gracias a eso son capaces de relacionar ciertas acciones o expresiones con una consecuencia concreta.

Mediante experimentos de conducta, se ha comprobado que incluso pueden diferenciar los resultados de comportamientos similares a través de cambios mínimos en la expresión facial, el tono de voz y hasta la postura corporal: esa sensación de que el perro sabe cuándo están intentando engañarlo, prometiendo dar un paseo cuando la intención real es bañarlo, es completamente acertada.

Sobre el autor:

Javier Anula

Javier, periodista.

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