Hiperplasia benigna de próstata: qué es este trastorno que afecta a la mitad de los hombres mayores
Cada vez existen más y mejores alternativas terapéuticas
Es una realidad. Los problemas de la próstata son uno de los principales padecimientos de los hombres a medida que envejecen dado que glándula va creciendo con la edad y cuanto más mayor, mayor también es el tamaño de la misma y mayor, también, la repercusión que tiene sobre el tracto urinario inferior. La hiperplasia benigna de próstata (HBP) afecta a uno de cada dos varones a partir de los 50 años, cifra que se incrementa casi al 100% a partir de los 80 años.
Los datos de un estudio europeo reciente también certifican estas cifras. Publicado en MDPI (2024), confirma que entre el 40% y el 70% de los hombres mayores de 60 años presentan síntomas urinarios compatibles con crecimiento prostático benigno. Estas cifras ponen de relieve que la HBP no es infrecuente, todo lo contrario. Se trata de un proceso muy habitual que acompaña al envejecimiento masculino.
Según pone de manifiesto el Dr. Carlos Suárez Fonseca, del Grupo de Urología de Mínima Invasión del Hospital Universitario Ruber Juan Bravo-Grupo Quirónsalud, "no se trata de un cáncer de próstata, pero es un trastorno que afecta severamente a la calidad de vida de los pacientes, tanto por su sintomatología miccional irritativa como obstructiva".
Un abanico de tratamientos
Para el abordaje de la HBP existe un amplio abanico de tratamientos, en función del estadío en que se encuentre: fitoterapia, fármacos alfa-bloqueantes, combinación de varios tratamientos, cirugía a cielo abierto y cirugía endoscópica transuretral.

Como indica el experto "en éste último grupo de intervenciones se incluyen las técnicas clásicas como la RTU–P (resección transuretral) y otras más modernas como el HOLEP (enucleación prostática con láser de holmio) y la fotovaporización láser. No obstante, todas ellas requieren el uso de anestesia general o regional, con mayor o menos sangrado postoperatorio y dolor, e ingreso hospitalario que oscila entre 24 y 48 horas; y lo que más afecta a la calidad de vida de los pacientes, efectos secundarios sexuales, sobre todo la eyaculación retrógrada.
Técnicas mínimamente invasivas
"En los últimos años, el tratamiento quirúrgico de la HBP ha experimentado una auténtica revolución con la aparición de nuevas técnicas mínimamente invasivas que reducen exponencialmente el riesgo de efectos secundarios, fundamentalmente la incontinencia urinaria, la disfunción eréctil y la eyaculación retrógrada. Lo más novedoso en este campo es el sistema iTind, (dispositivo de nitinol implantable temporalmente), un tratamiento mínimamente invasivo de 5 días que se realiza de forma ambulatoria, remodela ligeramente la uretra y crea nuevos canales para que fluya la orina", asevera el Dr. Suárez Fonseca.
En cuanto a su aplicación, iTind se coloca en la uretra prostática durante un período de 5-7 días, tras el cual se extrae por completo. Durante el período de implantación, el dispositivo se expande y ejerce una suave presión en tres puntos concretos para remodelar la uretra prostática y el orificio uretral interno.
Ventajas de iTind
A diferencia de otros procedimientos para la HPB no quirúrgicos, iTind no lleva aparejada la aplicación de calor ni la extracción del tejido prostático, y tampoco hay que insertar ningún implante permanente. Además, otra de las ventajas que ofrece este sistema es que al abandonar la consulta tras su implantación el paciente no necesita llevar temporalmente sonda urinaria.
"En concreto, el sistema iTind está indicado para aquellos pacientes que presentan una próstata de hasta 130 gr., con un lóbulo medio pequeño o inexistente y siempre que no exista una infección del tracto urinario activa. En todo caso, para una adecuada selección de pacientes puede ser de gran ayuda la realización de una cistoscopia. Y a diferencia de otros sistemas puede aplicarse en pacientes con un cuello vesical elevado", destaca el experto del Hospital Ruber Juan Bravo.
Los resultados preliminares, tras 4 años y medio de aplicación en EE.UU, muestran que tan sólo el 11% de los pacientes tratados han tenido que ser reintervenidos (una tasa muy similar a la de otras técnicas más invasivas), y en cuanto a los efectos secundarios simplemente se han descrito un mínimo escozor al orinar y algunas molestias uretrales leves.
"Aunque, como siempre decimos –concluye el Dr. Suárez Fonseca–, a la hora de asegurar el éxito de estas técnicas, es fundamental realizar una correcta selección de los pacientes candidatos".



