Martes 14 de abril de 2026
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El profesor Francisco Mora, doctor en medicina y doctor en neurociencia por la Universidad de Oxford, acaba de publicar un libro, El mito de la vejez. De la edad cronológica a la edad biológica, en el que aborda diversas cuestiones; entre ellas, disfrutar de una larga vida sin enfermedades, ¿qué es la edad cronológica?, ¿qué es la edad biológica?, una mirada a nuestra esperanza de vida. Me centraré en esta última.
Mora escribe que “hoy la esperanza de vida se puede estimar por países, pero también a nivel personal. Es un proceso dependiente de muchos factores, pues puede diferir de manera significativa según el sexo de las personas, su edad o su raza y desde luego también, el ambiente y el país en el que se vive”. Y, más adelante, Mora añade unos datos muy relevantes. Así, en el Califato islámico la esperanza de vida al nacer de los niños era de 35 años, sin embargo, las clases de élite podían alcanzar una longevidad de ¡55 a 80 años! Y un caso similar fue el de Al-Ándalus, nombre con el que se conoce al territorio de la península ibérica que estuvo bajo dominio musulmán entre los años 711 y 1492, cuya longevidad se estima fue de alrededor de los 65 a 75 años. Sería muy interesante estudiar la evolución de la esperanza de vida en España a partir del siglo XVI hasta la actualidad y dilucidar los factores sociales y económicos condicionantes.
Pero, el ilustre profesor de la Universidad Complutense de Madrid, basándose en datos del Institute for Health Metrics and Evaluation, IHME, Fundación Bill y Melinda Gates, nos explica que para el año 2040, España ocupará el primer puesto en la lista de los diez países con mayor esperanza de vida, con una edad de 85,8 años. Es decir, superaremos a países como Japón, Singapur, Suiza o Portugal.
Sin duda, es una gran noticia, pero, como ya se viene advirtiendo desde diversos medios, la cuestión es cómo abordará España la circunstancia de tener tantas personas octogenarias, nonagenarias o centenarias. Porque, permítanme la ironía, es de suponer que no se alargará la edad de la jubilación hasta los 80 años, ¿o sí?
Y, dado que cuando se enfrentan problemas complejos es aconsejable estudiar de qué manera los han resuelto otros antes; fijémonos en Japón. Como ya se señalaba en un artículo publicado recientemente por 65YMAS, el gobierno japonés ha puesto en marcha la figura del gestor de cuidados, un profesional cuya misión principal es evaluar de manera integral la situación de la persona y crear un plan personalizado de asistencia. ¡Bravo por Japón!, pero aquí, en España, no disponemos de una figura equivalente. Por otro lado, el país del lejano Oriente se enfrenta, a pesar de las medidas que adopta para hacer frente a su longeva sociedad, a un serio problema: la soledad de las personas mayores. La situación es tan grave que ha dado lugar a un fenómeno peculiar: las ancianas de ese país cometen delitos menores para poder ir a la cárcel y evitar, así, el aislamiento social.
La noticia, publicada en enero de 2025 por el diario El Mundo, citaba el caso de una anciana de 81 años que había cometido delitos menores para poder ir a la cárcel y así tener comidas regulares, atención médica y, ojo al dato, un sentido de pertenencia que no tenía fuera.
Sentido de pertenencia, algo que apunta directamente a la vivencia de la persona en relación al grupo social, pertenecer o no pertenecer, esta es la cuestión. No es un tema baladí. Somos seres sociales y dependientes de los otros. Cada persona necesita sentir que ocupa un lugar para el otro, para sus familiares, para sus vecinos, para las administraciones. “Soy un don Nadie, nunca me felicitan por mi aniversario, tampoco por Navidad o año nuevo. Nadie acudirá a mi entierro. Nadie colocará flores en mi tumba”. De vez en cuando, los medios de comunicación nos informan que se ha encontrado el cadáver de un anciano, fallecido varias semanas antes sin que nadie reparara en su ausencia. Parece claro que se pueden pagar impuestos desde el anonimato o, mejor dicho, el ninguneo.
Podemos ser los más longevos del planeta y sentirnos orgullosos de ese maravilloso éxito social, sanitario y cultural, pero, ¿estamos preparados para ello? ¿Somos conscientes de lo que implica tener una sociedad con una pirámide poblacional invertida, con más ancianos y ancianas que jóvenes? Y, sobre todo, ¿cómo se proveerá de servicios sanitarios, sociales y culturales a todas esas personas?
El reto está servido. ¿Lo toman?


