El síndrome del teléfono apagado se agrava entre los parados mayores de 50 años
Hay 762.500 mayores de 50 desempleados (el 30%) y la mitad lleva más de un año buscando trabajo
Unos 762.500 mayores de 50 años se encuentran en situación de desempleo, lo que supone el 30% del total de parados del país (2.495.300) y, de ellos, la friolera de 399.000 personas (el 52%) llevan 12 meses o más buscando trabajo. Es decir, soportan el desempleo de larga duración y son víctimas potenciales del llamado síndrome del teléfono apagado.
"Estas cifras confirman que el paro de larga duración continúa siendo uno de los principales retos para este colectivo", denuncian los expertos de Generación Savia en su análisis de la última Encuesta de Población Activa (EPA), publicada a finales de julio por el Instituto Nacional de Estadística (INE). La comparación con otros grupos de edad pone de manifiesto esta lacra que aqueja a los sénior en mayor medida, y refleja que el citado síndrome es otra enorme manifestación del edadismo que atenaza a los mayores de 50 años.
Las cifras de la EPA son contundentes: solo el 10% de las personas desempleadas de 20 a 29 lleva más de dos años buscando empleo, frente al 18% de quienes tienen entre 30 y 39 años, el 20% de las personas entre 40 y 49 años y el 38% de los mayores de 50 años. "Estos porcentajes, calculados sobre el total de personas desempleadas de cada tramo de edad, confirman que, a medida que aumenta la edad, también lo hacen las dificultades para regresar al mercado laboral, a pesar de ser el colectivo con más experiencia y conocimiento acumulado", ponen de relieve desde Savia.
Esta entidad advierte de que detrás de cada cifra de parados hay profesionales con décadas de experiencia que siguen preparados para aportar valor, pero que permanecen durante demasiado tiempo fuera del mercado laboral.
Lo resume Óscar Fajardo, experto en comportamiento humano y social y colaborador de Generación SAVIA: “Hemos creado una sociedad trabajo-céntrica en la que se produce una absoluta identificación entre el ser y el trabajar. Una pérdida del empleo supone también "la desaparición de uno de los ejes más importantes en los que la persona apoya su identidad".

Frustración, pérdida de autoestima y 'tirar la toalla'
El denominado síndrome del teléfono apagado describe el impacto emocional que provoca una búsqueda de empleo prolongada, cuando las llamadas, las entrevistas y las oportunidades laborales dejan de llegar.
A medida que pasa el tiempo sin obtener respuesta, el teléfono deja de representar una oportunidad y pasa a simbolizar el silencio, siendo esta una de las consecuencias menos visibles del desempleo sénior.
"Ese silencio termina alimentando la frustración, deteriorando la autoestima y provocando que muchas personas reduzcan su intensidad en la búsqueda de empleo o lleguen incluso a cuestionar el valor de toda una trayectoria profesional", detalla Savia en su análisis de los resultados de la EPA del segundo semestre de 2026. La tentación de tirar la toalla es otro peligroso efecto del síndrome del teléfono apagado.
Estos expertos subrayan que, si más de la mitad de las personas desempleadas mayores de 50 años permanece más de un año buscando trabajo, significa que miles de profesionales conviven durante largos periodos con esa incertidumbre y con la percepción de haber quedado fuera del mercado laboral, a pesar de contar con décadas de experiencia, conocimiento y capacidad para seguir aportando valor.
