Cine

Se cumplen 40 años de la muerte de John Wayne, uno de los grandes mitos de la historia de Hollywood

Antonio Castillejo

Martes 11 de junio de 2019

4 minutos

En el epitafio sobre la lápida que cubre su tumba puede leerse: "Feo, fuerte y formal"

John Wayne

"John Wayne es duro como el acero por fuera y blando como la mantequilla por dentro". Así definió Elizabeth Taylor a su amigo John Wayne, 'El Duque', uno de los mayores mitos de la historia del cine y sin lugar a dudas, el icono del western por antonomasia.

Marion Michael Morrison, que así fue bautizado por el rito presbiteriano John Wayne, nació en Winterset, en el estado de Iowa, el 26 de mayo de 1907. Pero muy pronto sus padres, Clyde y Mary Alberta, descendientes de emigrantes escoceses e irlandeses, decidieron mudarse a California cuyo clima iba mejor a la salud de su padre, que dejó su profesión de farmacéutico para dedicarse a regentar su propio rancho y enseñar allí a su hijo a montar a caballo desde muy niño.

John Wayne

Pero los negocios no fueron bien para los Morrison y Clyde decidió volver a la farmacia en Glendale, el lugar donde le regaló a su hijo un perro al que llamó 'Little Duke' y del que Marion Michel tomaría su apodo antes de ir a la Universidad de California donde gracias a su corpulencia, formó parte del equipo de fútbol americano.

Precisamente fue su aspecto físico el que hizo que el famoso actor de películas del oeste Tom Mix se fijase en él y le ofreciese trabajo como especialista en el cine. Gracias a esto, el 'Duque' entró en la Fox y se convirtió en una especie de chico para todo. Allí conoció al entonces director novél, John Ford, con el que rápidamente trabó una estrecha relación. El propio Ford recomendó a su amigo a los estudios para sus primeros papeles como figurante. Fue entonces cuando Marion Michael Morrison pensó en buscar un nombre artístico y tras desechar los de Tony Morrison y Duke Morrison, decidió hacer caso a John Ford y cambiar su nombre por el de John Wayne.   

De 'La diligencia' al estrellato   

Tras rodar varias cintas de serie B, fue también John Ford quien le recomendó a Raoul Walsh que le diese a su amigo el papel protagonista de La gran jornada. La película resultó ser un fracaso y Wayne se vio obligado a volver a trabajar en películas, normalmente westerns, de serie B, pero ya como protagonista y no en papeles secundarios, como había sucedido hasta entonces.

Su segunda oportunidad le llegó una vez más de la mano de su fiel John Ford que, en 1939, le ofreció protagonizar La diligencia. Ahora sí, Wayne convenció a todos y a partir de entonces se convirtió en la estrella incontestable del género. A partir de aquí sus intervenciones en películas del oeste se multiplicaron y en ellas John Wayne fue creando su propio personaje al mismo tiempo que iba perfeccionando en cada cinta su capacidad interpretativa.

Wayne trabajó durante las décadas de los cuarenta y cincuenta con los más prestigiosos directores de la época como Howard Hawks, Raoul Walsh, Cecil B. De Mille, Mervyn LeRoy, Nicholas Ray, Michael Curtiz y, por su puesto, con su gran amigo, John Ford. Junto a todos ellos legó a la historia del cine títulos tan memorables como Piratas del Mar Caribe, Fort Apache, Infierno en las nubes, El hombre tranquilo, Centauros del desierto, Misión de audaces, Río Bravo o  Arenas sangrientas, por la que fue nominado al Oscar por primera vez.

John Wayne en Hatari

Durante estos años John Wayne no sólo se dedicó a actuar, sino que también fue probando suerte en otros sectores de la industria del cine convirtiéndose en productor, junto a sus hijos, con la Wayne Felowes, que posteriormente se denominaría Batjac, y en los sesenta también se puso tras la cámara para dirigir dos películas: El Álamo y Boinas Verdes.

Sin embargo, nunca dejó de actuar y en los sesenta y setenta dejó títulos tan recordados como Los Comancheros, Hatari, La conquista del Oeste, El día más largo, El hombre que mató a Liberty Valance, La taberna del irlandés, El Dorado o Valor de ley, por la que sería galardonado con el Oscar al mejor actor en 1969, o El ultimo pistolero, su postrer trabajo, rodado en 1976 a las órdenes de Don Siegel.     

Supersticioso compulsivo -no permitía que en la mesa le pasaran la sal o que nadie dejase su sombrero en la cabecera de la cama- fue un actor muy querido por todos sus compañeros, sentía verdadera pasión por el ajedrez, al que jugaba con ellos en los descansos de los rodajes a pesar de que algunos como Robert Mitchum, le acusasen de tramposo. Cierto o no, lo que nunca ocultó fue su gran afición por el whisky hasta el punto de que su hijo Ethan comercializó un bourbon con la imagen y el apodo de su padre. “Nunca confío en un hombre que no bebe” era una de sus frases favoritas.

John Wayne en El hombre tranquilo

Un actor en la Casa Blanca   

Su enorme popularidad y sus fuertes convicciones conservadoras llevaron al partido Republicano a proponerle que se presentase como candidato a la presidencia de Estados Unidos en 1968, pero él declinó el ofrecimiento argumentando que el pueblo norteamericano jamás podría tomar en serio a un actor sentado en la Casa Blanca, algo que, evidentemente, nunca se planteó Ronald Reagan. De su republicanismo militante da idea el hecho de que apoyó a la 'caza de brujas' de Joseph McCarthy. Fue un incansable defensor de Richard Nixon, incluso tras el caso Watergate y fueron grandes amigos hasta la muerte del actor, momento en que el expresidente declaró que “los papeles que interpretó y la vida que vivió inspirarán a los americanos durante generaciones”. 

Wayne estuvo casado tres veces, pero además se le atribuyeron a lo largo de su vida numerosos romances, el más sonado de los cuales habría sucedido durante sus años de juventud con Marlene Dietrich. Con su primera mujer Josephine Sáenz, estuvo casado desde 1933 hasta 1945 y tuvo cuatro hijos; con la segunda, Esperanza Bauer, convivió desde 1946 a 1954, año en el que se casó con su tercera y última esposa, Pilar Palette, con la que tuvo tres hijos más. Junto a ella estuvo hasta su muerte, cuando perdió la batalla contra un cáncer de pulmón que mantuvo durante 15 años, el 11 de junio de 1979, a los 72 años. Pocos meses antes, a petición de sus amigas Maureen O'Hara y Elizabeth Taylor, el Congreso de los Estados Unidos concedió a John Wayne su medalla de oro con la siguiente inscripción: "John Wayne, americano".

Fue su esposa la encargada de hacer inscribir en castellano su epitafio sobre la lápida que cubre la tumba del actor de western más famoso de todos los tiempos en el Pacific View Memorial Park de Newport: "Feo, fuerte y formal".

 

0

No hay comentarios ¿Te animas?