Miriam Gómez Sanz
Sociedad
Ruta 66: cien años de la carretera que cuenta la historia de Estados Unidos
La legendaria 'calle principal de América' celebra su centenario como símbolo cultural
No es la más larga ni la más rápida ni la que atraviesa más estados. Sin embargo, quizá ninguna carretera en el mundo concentre tanta carga simbólica como la Ruta 66. Un siglo después de su señalización oficial, sigue siendo uno de los grandes mitos de Estados Unidos y una referencia universal del viaje como experiencia vital.
Para entender su significado en la cultura popular hay que conocer primero su historia. En los años veinte, el país vivía el auge del automóvil, la expansión económica y una transformación del mundo rural a las ciudades. Estados Unidos necesitaba vías que cosieran el territorio y conectaran pueblos pequeños con ciudades en crecimiento.
En ese escenario, el empresario de Oklahoma Cyrus Avey impulsó una carretera continua entre Chicago y Los Ángeles, desde el corazón industrial del Medio Oeste hasta la costa del Pacífico. El 11 de noviembre de 1926, la U.S. 66 quedó oficialmente establecida. Avey insistió en un número fácil de recordar y no se equivocó.
Pronto empezó a ser conocida como The Main Street of America, "la calle principal de América". En sus casi 4.000 kilómetros atravesaba ocho estados y el centro de cientos de pueblos.
Sin embargo, su verdadero significado se forjó en los años treinta, durante la Gran Depresión. Las tormentas de polvo arruinaron a miles de familias campesinas de Oklahoma, Kansas y Texas, que se lanzaron a la carretera rumbo a California en busca de trabajo y supervivencia. Para ellos, la 66 fue esperanza y huida.
Dejó entonces de ser solo un itinerario físico para convertirse en un relato colectivo. En 1939, John Steinbeck la bautizó como The Mother Road, "la carretera madre" en su novela Las uvas de la ira. Desde entonces, quedó asociada a la lucha, al sacrificio y a los sueños rotos y a veces reconstruidos de millones de personas.
Neones, moteles y la América del coche
Con la properidad de la posguerra, viajar por carretera dejó de ser una necesidad para convertirse en ocio. La Ruta 66 se llenó de moteles con luces de neón, gasolineras art déco y diners abiertos toda la noche. Surgieron atracciones pensadas para llamar la atención del viajero, como el Wigwam Motel de Arizona, con habitaciones en forma de tipi, o restaurantes como el famoso Big Texan, que ofrecía gratis un filete de más de dos kilos a quien lograra comérselo en una hora. También nació allí la comida rápida moderna, con locales donde se servía sin bajarse del coche. En la icónica gasolinera y cafetería U-Drop Inn de Texas pararon miles de conductores, entre ellos Elvis Presley.
La canción (Get Your Kicks on) Route 66, escrita en 1946 y popularizada por Nat King Cole antes de pasar por Chuck Berry y los Rolling Stones, resumía esa nueva actitud: "Cuando hagas ese viaje a California, disfruta de la Ruta 66".
También en aquella época la sensación de libertad sedujo a la Generación Beat. Escritores como Jack Kerouac convirtieron las carreteras estadounidenses en símbolo de búsqueda personal y desapego. Su novela En el camino (1957) consolidó la Ruta 66 como icono contracultural, asociada al jazz, la improvisación y la búsqueda de sensaciones.
Y el cine fijó definitivamente su imagen en el imaginario colectivo. Easy rider (Buscando mi destino) inmortalizó en 1969 a Dennis Hopper y Peter Fonda avanzando en moto al ritmo de Born to Be Wild.
Decadencia y nostalgia
El mismo progreso que la impulsó acabó condenándola. A partir de los años cincuenta, el gobierno federal apostó por las autopistas interestatales, más rápidas, más rectas y pensadas para viajar sin detenerse. La Ruta 66, con sus curvas y sus pueblos, fue quedando al margen. En 1985, tras casi sesenta años de servicio, fue oficialmente descatalogada del sistema de carreteras federales.
Sin embargo, aquello la hizo aún más atractiva para la cultura popular. El cine y la televisión encontraron en esta carretera un escenario cargado de significado. En Rain man (1988), ganadora de cuatro premios Óscar, una de sus escenas más recordadas tiene lugar en el Big 8 Motel de la Ruta 66 en El Reno, Oklahoma.
Ya en el siglo XXI, Pixar recreó esa decadencia luminosa en Cars, inspirándose en pueblos reales. Quentin Tarantino llevó a Uma Thurman, recién salida de la tumba, hasta un diner de la Ruta 66 en Kill Bil: Vol. 2; mientras series como Breaking Bad situaron algunos de sus momentos más emblemáticos a lo largo de esta carretera. También Pequeña Miss Sunshine (2006) convirtió la ruta en hilo conductor del viaje de una familia a bordo de una Volkswagen amarilla.
Y ese abandono añadió otra capa del mito. A lo largo de la Ruta 66 proliferaron pueblos fantasma, historias de forajidos y avistamientos sobrenaturales como la famosa Hornet Spook Light, una esfera luminosa que aparece por las noches. Lugares peculiares como Oatman, en Arizona, donde burros salvajes campan por la calles y hay un hotel supuestamente encantado, atraen hoy a miles de viajeros curiosos.
2026: una fiesta de costa a costa
El centenario de la Ruta 66, que se celebrará a lo largo de 2026, no se plantea como un acto nostálgico, sino como una celebración extendida en el tiempo y en el espacio. Durante todo el año, ciudades y pueblos del antiguo trazado han programado conciertos, exposiciones sobre la cultura del motor, ferias gastronómicas, travesías por el trazado original y concentraciones de coches clásicos.
La fecha simbólica será el 30 de abril, cuando se cumple un siglo de la asignación oficial del número 66. Ese día, Springfield (Misuri) acogerá el acto nacional de apertura, acompañado por celebraciones simultáneas en varios puntos clave del recorrido, desde el Medio Oeste hasta la costa del Pacífico. Entre los eventos más emblemáticos figura una gran caravana conmemorativa que cruzará la ruta completa, deteniéndose en decenas de localidades para devolverles, aunque sea de forma simbólica, el protagonismo perdido.
A punto de cumplir los cien años, la Ruta 66 ya no es una vía oficial, sino una experiencia en sí misma. No se trata solo de llegar a un destino, sino de revivir un modo de viajar. Muchos de sus tramos se conservan como Historic Route 66 y no es para menos: es un recuerdo material de lo que fue el siglo XX estadounidense para generaciones enteras.



