Gastronomía

Puntuación del vino, ¿qué son los famosos puntos Parker?

Victoria Herrero

Viernes 1 de marzo de 2019

2 minutos

Este sistema de clasificación de su calidad otorga entre 50 y 100 puntos

Una copa de vino (Bigstock)

Según datos publicados por el Sistema de Información de Mercados del Sector Vitivinícola (INFOVI), a finales del pasado año la producción vitivinícola en nuestro país aumentó un 38,6% con respecto a la campaña 2017/2018. Una producción que se concreta en más de 44 millones de hectolitros de vino. No es de extrañar, por tanto, que entre tanta botella haya vinos excelentes y otros con una calidad más dudosa.

La calidad del vino, según Parker

No lo decimos nosotros, lo dice un abogado norteamericano, Robert Parker, que se ha erigido como uno de los catadores más influyentes del mundo y ha convertido su lista con los mejores vinos en toda una amenaza para las bodegas. Este crítico comenzó su andadura en el sector haciendo catas de vino y otorgando a cada botella la puntuación que, a su juicio, merecía dicho caldo: 

  • De 50 a 59 puntos no se le ocurra ni probarlo.
  • De 60 a 69 puntos no es un vino horrible, pero al menos se puede tomar alguna que otra copa.
  • De 70 a 79 puntos un vino correcto, pero sin más pretensiones.
  • De 80 a 89 puntos se puede decir que la calidad supera al de una amplia mayoría
  • De 90 a 95 puntos estamos ante una cosecha excepcional.
  • A partir de 96 puntos tenemos el summum del vino concentrado en una botella. 

Unos números que Robert Parker otorga según su subjetivo criterio de calidad, así como si el vino en cuestión refleja la esencia de la región o denominación de la que procede. Sin embargo, nada tiene que ver el precio con el hecho de que un vino sea bueno o malo. En muchas ocasiones, hemos visto cómo botellas de un precio más modesto se han colocado entre los favoritos de Parker. 

¿Qué tener en cuenta en una cata?

A la hora de hacer una cata de un vino debemos fijarnos en una serie de aspectos. La vista, el olfato y el gusto son los sentidos que deben estar más despiertos cuando tenemos delante una copa. Así, lo primero de todo es la fase visual: se agarra la copa por el talle para que no se caliente el vino y la inclinamos unos 45º aproximadamente sobre un fondo blanco. De esta manera podremos descubrir los matices que se esconden tras esa tonalidad. 

Cata de vino (bigstock)

Posteriormente pasamos a la fase olfativa. Sin mover en exceso la copa nos la acercamos y captamos todos esos aromas iniciales que, si cerramos los ojos, nos conectan con la tierra del lugar de origen.

A continuación, la movemos ligeramente para que entre el óxígeno en el vino y olfateamos de nuevo. Ahora se captan los olores secundarios que nos darán pistas sobre cómo ha fermentado esa uva o el proceso de producción. Repitiendo ese paso una vez más sentiremos hasta madera de la barrica que ha cobijado durante meses ese vino. 

Con la última fase saboreamos el vino para que penetre en todos los rincones de nuestra boca y descubramos su gusto dulce, ácido o amargo. 

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