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Para obtener deseo y placer solo falta una motivación que tiende a perderse con la edad

Teresa Rey

Martes 7 de mayo de 2019

3 minutos

Ignacio Morgado nos da las pautas para que esto no ocurra en su nueva obra 'Deseo y Placer'

Para obtener deseo y placer solo falta una motivación que tiende a perderse con la edad (Ed. Ariel)
Teresa Rey

Martes 7 de mayo de 2019

3 minutos

Al reflexionar sobre cómo conseguir una estabilidad emocional se mencionan aspectos como la felicidad, y no tanto otros no menos esenciales, como el placer. El catedrático en psicobiología Ignacio Morgado aborda esta perspectiva en su nueva obra Deseo y Placer (Ed. Ariel). En concreto, analiza qué es lo que nos impulsa a seguir adelante y por qué llega un momento en la vida de algunas personas mayores que ni siquiera tienen ganas de seguir viviendo. La motivación es crucial para mantener encendida la llama del deseo de la vida a cualquier edad, pero, ¿qué ocurre en el cerebro cuando no se tienen satisfacciones?

Los motivos

Detrás de sensaciones como la sed, el hambre, el sueño, el sexo… está el cerebro y su funcionamiento. Por eso, Morgado nos explica cómo actúa en estos casos, pero además resalta que los incentivos resultan fundamentales no solo para alcanzar un bienestar corporal, sino también mental. Junto a ambos, estímulos como un estado de ánimo positivo, la ilusión por vivir y la energía, nunca deberían apartarse de nuestro estilo de vida ni, por supuesto, perderlos.

Para el autor “las motivaciones son la fuerza, el motor que la evolución ha generado para inducirnos a sobrevivir más allá de la inercia biológica y para evitar que los malos tiempos nos hagan desfallecer”.

La importancia del placer

De igual modo, hace hincapié en la importancia del placer, de sentir y hacer lo que nos gusta. De hecho, los humanos lo estamos buscando de forma constante, aunque a diferencia de otras especies lo podemos obtener de una forma cognitiva, es decir, mental e intelectualmente.

El problema es que con los años, por el envejecimiento, por cuestiones genéticas o por la enfermedad, la capacidad de sentir placer puede verse mermada, lo que al final afecta la calidad de vida. Sin embargo, el escritor insiste en que necesitamos sentir placer para encontrarnos bien y alcanzar bienestar, porque este controla nuestra conducta motivada, guía nuestras decisiones y es también “un importante potenciador del aprendizaje y la memoria”.

Además, insiste en que aunque no nos apetezca, cuando nos hacemos mayores debemos esforzarnos aún más si cabe en introducir “variedad y novedad en todas aquellas facetas de la vida que no comprometan otro tipo de intereses personales. Hay observaciones científicas que ponen de manifiesto que la longevidad puede depender tanto o más de la vida social de las personas que de la alimentación o el ejercicio físico”.

El experto analiza otros elementos como el sueño y sus alteraciones, el insomnio, la alimentación o el sexo, y de qué modo influyen en todos esos deseos y placeres de los que nos rodeamos los humanos y cómo podemos modularlos para alcanzar el bienestar.