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Pilar Cernuda: "Hay mujeres en el CNI desde hace 36 años y algunas ya se han jubilado"

Antonio Castillejo

Viernes 17 de mayo de 2019

11 minutos

Acaba de publicar 'No sabes nada de mí', la fascinante historia de las espías españolas

Pilar Cernuda

Pilar Cernuda es un auténtico icono del periodismo español. Pertenece a esa, tristemente, casi extinta raza de periodistas que con cuarenta y muchos años de carrera profesional a sus espaldas han hecho siempre bandera de su honestidad y rigurosidad. La lista de medios en los que ha trabajado es casi interminable, desde ABC (@abc_es), TVE (@tve_tve), RNE (@rne) y COPE (@COPE), hasta dirigir la legendaria Agencia Fax Press que fundara el inolvidable e imprescindible Manu Leguineche, pasando por Onda Cero (@OndaCero_es), Telemadrid (@telemadrid), La Razón (@larazon_es), Cambio 16 (@Cambio16)... Por si esto fuera poco, es miembro del Comité Editorial de 65Ymás y autora de una veintena de libros, el último de los cuales lleva por título No sabes nada de mí (Ed. La Esfera de los Libros), un apasionante recorrido por las vidas de las espías españolas. Mujeres que han conocido la lucha contra el terrorismo de ETA y el yihadismo desde la primera línea de batalla. Para ello, Cernuda se ha adentrado en las entrañas del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), antiguo CESID, con el fin de hablar con todas ellas, desde las pioneras hasta las espías actuales, cuyo testimonio de primera mano rompe tópicos y narra secretos y sentimientos nunca antes desvelados.

PREGUNTA.- ¿Por qué tardaron tanto las mujeres en incorporarse al CESID, hoy CNI? ¿Por qué hubo que esperar hasta la llegada del general Emilio Alonso Manglano para que se les abriera la puerta?

RESPUESTA.- Porque en el CESID eran todo militares, las mujeres aún no se habían incorporado ni a la Guardia Civil (@guardiacivil) ni a Defensa (@Defensagob). De hecho, hubo mujeres en el CNI un par de años antes de que llegaran las primeras a Defensa. Lo primero que hizo el general Alonso Manglano al llegar al Centro fue dejar claro que tenían que contar con civiles y con mujeres. Éstas eran civiles porque aún no se les permitía hacer la carrera militar. Su incorporación al CESID, hoy CNI, como espías tuvo lugar el 16 de mayo de 1983. Hace ya 36 años. El primer lugar relacionado con la defensa del país al que tuvieron acceso mujeres fue el CESID. Algunas ya se han jubilado y otras están a punto.

 "Los espías son discretísimos hasta el punto de que ni sus familias saben a lo que se dedican"

P.- ¿A cuántas personas, mujeres y hombres, ha tenido que entrevistar para escribir este libro que rebosa documentación por todas partes?

R.- A unas 40. Lo más difícil fue conseguir la autorización. Ten por seguro que si te encuentras con un señor del CNI que te habla por las buenas, o no es del CNI, o si ha estado allí, jamás ha tenido un papel relevante en la organización, porque son discretísimos hasta el punto de que ni sus familias saben a lo que se dedican. Tienen un sentido de la disciplina, la autoridad y la responsabilidad realmente inquebrantables. Conseguí hablar con el general Félix Sanz Roldán, director del CNIpara explicarle que tenía este proyecto y necesitaba su autorización. Le conté que me parecía muy importante dar visibilidad a unas mujeres que realizan un trabajo importantísimo de servicio a España que nadie conoce. De hecho, estuvimos hablando bastante tiempo con la Secretaria General, Paz Esteban López. Marcamos las reglas del juego. Yo les trasladé los tipos de mujeres con las que quería hablar y me encontré con la sorpresa de que había muchas más de las que yo había imaginado en puestos de mando, en puestos de extraordinaria responsabilidad, en temas de tecnología, ciberseguridad, en mafias rusas… 

P.- ¿Somos conscientes los españoles de esa cantidad de mujeres que están trabajando cada día e incluso arriesgando su vida por defender a España? ¿O como no se conoce no se valora?

R.- Efectivamente, no se valora porque no se conoce. Hay mucha gente que después de leer el libro me cuenta que no podía ni imaginar que hubiera mujeres en operaciones importantísimas y de muy alto riesgo, por ejemplo en la lucha contra ETA y contra el yihadismo. Y todo esto en total igualdad de condiciones que los hombres. No he encontrado ni un solo hombre que me haya dicho que ellas no estaban a la altura de lo que se esperaba, trabajan exactamente igual que ellos.

 "La mayoría de sus familias creen que trabajan en un organismo oficial pero que en ningún caso es el CNI. Ellas no cuentan nada más"

P.- ¿Es este un trabajo absolutamente vocacional hasta el punto de pagar el precio del anonimato en sus círculos más íntimos? 

R.- El libro se titula No sabes nada de mí porque realmente las familias de las espías desconocen a qué se dedican, aunque en algún caso lo saben el marido y los hijos. De hecho hubo una que me contó que su familia sabía que trabajaba en el CNI, pero después de leer el libro le dijeron que no podían ni imaginar la vida que había llevado y las cosas que había hecho. La mayoría de sus familias creen que trabajan en un organismo oficial, pero no se imaginan que sea el CNI. Ellas no cuentan nada más.

P.- ¿Cómo se realiza la selección de los candidatos a espía?

R.- Hay dos fases previas para entrar en el Centro. En la primera tienes que superar durante tres días unas durísimas pruebas de improvisación, repentización, memoria, observación, etc. Son muy complicadas. Yo, desde luego, no me atrevería a hacerlas. Miden tu capacidad de persuasión, de intuición, de montar una historia. Por ejemplo, te dan una hora para conseguir determinada información y te ves obligada a improvisar un escándalo tremendo en mitad de Madrid para localizar a la persona que la tiene y contarle entonces que te persiguen, que tienes miedo y que necesitas una copa para tranquilizarte y así conseguir sonsacarle lo que buscabas. En esta primera etapa, las mujeres pioneras, cuando el CNI era el CESID, no sabían a dónde iban. Hacían unas pruebas muy raras pero no sabían su finalidad y sólo cuando las superaban se les decía dónde iban a trabajar.

P.- ¿Y la segunda fase?

R.- Una vez superadas esas pruebas en las que ya quedan eliminados la práctica totalidad de los candidatos, hombres y mujeres, hay que hacer un curso de formación de unos ocho meses que denominan el 'curso maldito', porque, me aseguran, es durísimo. Tras superarlo es cuando se les comunica que van a entrar en el CNI. Lo llaman así porque tienes que hacer de todo, cosas increíbles; no duermes, haces prácticas exhaustivas para demostrar cuál es tu capacidad de resistencia, de intuición, de formar equipos, de comprometerte con los demás …

"Tanto las agentes pioneras como las actuales comparten el mismo compromiso con su país garantizando nuestra seguridad a costa de poner en riesgo la suya propia"

P.- ¿Qué diferencia hay entre las primeras agentes del CESID, aquellas pioneras, y las actuales mujeres del CNI?

R.- La única diferencia es la tecnología, la forma de trabajar. La responsabilidad, su tremendo patriotismo, todo eso no ha cambiado, sigue igual. Seguramente las pioneras no serían capaces de utilizar algunos de los artilugios actuales, aunque es verdad que estas profesionales están constantemente reciclándose. Pero aparte de eso, pioneras y actuales comparten el mismo compromiso con su país garantizando nuestra seguridad a costa de poner en riesgo la suya propia. El sistema de acceso al cuerpo es el mismo: los tres días de prueba y el 'curso maldito', siguen teniendo las mismas exigencias y el mismo perfil de trayectoria profesional ejemplar. Tal vez lo único que haya cambiado es que las mujeres que hoy entran saben lo que van a hacer, porque ya incluso en la propia página web del Centro se abren las convocatorias. En cambio antes, en la época en la que estaba aún militarizado, pensaban que iban a trabajar a algún departamento de Defensa.

P.- ¿Es cierto que a aquellas pioneras un mando las recibió diciendo: “No sé por qué me mandan tías si dije que no las quería”?

R.- Sí. Se trataba de aquellos primeros momentos en los que en el Centro sólo había militares. En el libro cuento cómo ha sido la evolución, cómo hubo militares que se fueron porque no querían trabajar con mujeres civiles. En algunos casos eran jefes militares que se encontraban con que sus superiores eran mujeres civiles y eso iba en contra de su criterio laboral y militar. La mayoría lo aceptó y lo asumía muy bien, pero en otros casos fueron incapaces. Para ellos las mujeres en los ministerios sólo eran secretarias o administrativas.

"No he encontrado ni un hombre en el CNI que no tuviera una palabra de admiración hacia sus compañeras"

P.- Eso fue al principio de llegar las mujeres al Centro, ¿qué opinan hoy sus compañeros?

R.- No he encontrado ni uno solo que no tuviera una palabra de admiración hacia sus compañeras por su valentía, capacidad e intuición, porque jamás dan un paso atrás ante una situación de compromiso familiar y siempre ponen por delante su vida profesional, porque tienen metido muy dentro el sentido del patriotismo y saben que no hacen un trabajo normal y que fallar en algo puede poner en riesgo la seguridad de España. De hecho en algunos casos, el hecho de ser mujer permite que salga adelante una operación por detalles que no podría hacer un hombre.

P.- ¿Por ejemplo?

R.- Una operación fundamental de vigilancia relacionada con ETA ante un evento terrible que se iba a producir de manera inminente. Se montó un operativo espectacular y en el momento clave apareció un indigente que se tumbó en un banco y, sin querer, pudo echarlo todo a perder. Si se hubiera acercado un hombre para quitarle de allí lo normal es que se hubiera arruinado la operación, pero entonces una mujer tuvo la idea de acercarse a él y decirle que necesitaba urgentemente ir a la farmacia, pero que como era de noche y tenía mucho miedo, le pedía por favor que la acompañase. El mendigo no lo dudó un momento, la acompañó a la farmacia y dejó el camino libre a sus compañeros.

No sabes nada de mí

P.- ¿Espían igual mujeres y hombres?

R.- En el libro cuento muchas situaciones en las que una mujer ha hecho cosas que no podría haber hecho un hombre y a ellas acuden muchas veces sus compañeros, independientemente de que corran los mismos riesgos que ellos y tengan las mismas responsabilidades. Hay datos, detalles, que hacen que tener al lado a una mujer sea importantísimo. Por ejemplo, nuestra capacidad de cambiarnos de imagen en dos minutos poniéndonos tres cosas encima, recogernos el pelo en una coleta y cambiar los tacones por unas zapatillas que se llevan en el bolso... Y ya está, esa mujer que nos seguía ha desaparecido, ahora es otra persona, algo que un hombre no puede hacer, entre otras cosas porque toda su ropa, zapatos, etc. ocupa mucho más.  Además nosotras estamos acostumbradísimas a hacer eso aunque no seamos espías.

P.- ¿Es de igual a igual la relación entre hombres y mujeres en el CNI?

R.- Ésta es una cosa que también me ha sorprendido. Su situación es exactamente igual que la de los hombres. Una igualdad plena, en todos los sentidos, incluso en el salarial y en los ascensos. Esto se debe en parte a que al principio se trataba de un cuerpo absolutamente militarizado y se daban casos como que la jefa de un oficial de alta graduación cobraba menos que él, algo que solucionaron entre Manglano y Jorge Dezcallar (exdirector del CNI). Sobre todo éste último, que hizo la Ley del CNI, que es importantísima.

 "Desde hace 20 años, las número 2 del CNI son siempre mujeres y ya van por la quinta"

P.- Podría parecer un tópico, pero ¿la particular intuición femenina y su sensibilidad especial juegan en este trabajo a favor de las mujeres?

R.- Efectivamente, y esa capacidad de hacer cosas que los hombres no podrían hacer, detalles que logran salvar una situación incómoda o peligrosa. Pero también influye la capacidad que tienen de dar órdenes o de dirigir el equipo, porque no imaginas la cantidad de mujeres que he encontrado que son jefas. De hecho, desde hace 20 años, las número 2 del CNI son siempre mujeres y ya van por la quinta. La primera fue María Dolores Vilanova, que fue idea de Jorge Dezcallar, y desde entonces la secretaría general siempre la han ocupado mujeres. Y también hay mujeres que son las responsables de los asuntos tecnológicos, donde de hecho está al frente una mujer excepcional que es capaz de manejarse y trabajar con unos artilugios que ríete tú de James Bond. Hasta el punto de que sus propios compañeros, estando en un sitio donde saben que hay cámaras y micrófonos que ella ha puesto, son incapaces de encontrarlos. Hace cosas inauditas en operaciones contra el yihadismo. Gracias a su inmensa capacidad de instalar cámaras y micrófonos en los sitios más insólitos se han conseguido detenciones muy importantes.

"Hay mujeres en los servicios de información árabes y siempre son miembros de la familia real"

P.- ¿Y cómo son las relaciones con los servicios de información árabes de una mujer que trabaja en el CNI cuando tiene que investigar el terrorismo yihadista?

R.- Evidentemente hay mujeres incrustadas en el yihadismo, pero también las hay en los servicios de información árabes y siempre son miembros de la familia real. En esos países, al estar la mujer en un segundo plano, las utilizan por su capacidad para moverse y tener relaciones dentro y fuera de la familia real. Por otra parte, las agentes españolas están muy bien consideradas y son las más escuchadas porque en muchos casos son las mayores expertas en sus campos.

P.- Las mujeres del CNI se infiltran en grupos terroristas, pero ¿qué diferencia hay entre ellas y las policías y guardias civiles que también han luchado y luchan contra el terrorismo?

R.- Los que llevamos tiempo en esto ya sabemos que muchísimas operaciones que se adjudican a la Guardia Civil y a la Policía Nacional son operaciones que ha desarrollado el CNI. El Centro no puede efectuar detenciones, lo que hace es investigar y recopilar toda la información y cuando ya la tiene, la traslada a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado para que realicen las detenciones. El primero que empezó a reconocer el papel del CNI fue el desaparecido Alfredo Pérez Rubalcaba en su etapa de ministro del Interior. En las ruedas de prensa que se daban después de las grandes operaciones, siempre agradecía la labor del CNI. Hasta que llegó Rubalcaba, los ministros del Interior nunca reconocieron la valía del trabajo realizado por el Centro.

P.- Todo el mundo conoce la historia de 'Garbo', Juan Pujol, el español doble agente británico y alemán que convenció a los alemanes de que el desembarco aliado no iba a ser en Normandía sino en Calais, pero en su libro descubrimos que su mujer, Araceli González, de la que nadie se acuerda, era su tapadera...

R.- Sí, así es. Su mujer hacía de tapadera y ponía sobre la mesa todos los elementos para que los alemanes no descubrieran, por ejemplo, que no se encontraba en Londres como él les había hecho creer y ocultar que su marido trabajaba para el otro bando. Yo no lo sabía, lo he conocido ahora de manera circunstancial, pero el papel de Araceli fue fundamental.

"Margarita Ruiz de Lihory espiaba y era amante al mismo tiempo de Miguel Primo de Rivera y de Abd el-Krim"

P.- En el libro, ¿utiliza nombres reales o ficticios?

R.- En el libro, todo lo que a la historia se refiere está escrito con nombres reales, como en el caso de la aristócrata espía española Margarita Ruiz de Lihory, que espiaba y era amante al mismo tiempo de Miguel Primo de Rivera y de Abd el-Krim (además de Manuel Aznar, abuelo del presidente José María Aznar, y del magnate americano Henry Ford. Curiosamente, esta mujer salvó la vida del entonces comandante Franco en dos ocasiones. Fíjate de qué manera podría haber cambiado y ser otra la historia de España. Pero los nombres que doy en el libro de los miembros del CNI son, lógicamente falsos y así lo cuento en el texto. La discreción es imprescindible.

P.-  Usted cuenta que también hubo espías españolas en las filas de la Resistencia francesa durante la segunda Guerra Mundial…

R.- Es cierto. Hablo del caso de una mujer que formaba parte de los servicios de información de la resistencia Francesa. Se trataba de una española que había vivido mucho tiempo en París, porque su padre era un exiliado republicano y que fue captada por un diplomático francés cuando ya estaba de vuelta en España, ya que hablaba perfectamente el idioma y la gente de Franco no sospecharía de sus viajes a Francia al haber vivido allí muchos años y tener amigos y familiares. Hizo un trabajo muy importante, sobre todo para ayudar a personas perseguidas a cruzar las fronteras de la Alemania nazi.

P.- ¿Cuál es el caso más sorprendente con el que se ha encontrado escribiendo este libro?

R.- De los casos históricos, sin duda el de Margarita Ruiz de Lihory y su doble juego con Primo de Rivera y Abd el-Krim. Y con respecto a las mujeres actuales, todas. Yo no podía ni imaginar tal cantidad de mujeres trabajando en los servicios de inteligencia, de información o de contraespionaje en puestos de tanta responsabilidad y en operaciones tan complicadas.

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