Viajes

Conoce la ciudad de Marrakech en un fin de semana

Victoria Herrero

Lunes 25 de noviembre de 2019

2 minutos

Descubre esta bulliciosa ciudadque gira alrededor de la inmensa plaza de Jemaa el Fnaa

La plaza Jemaa el-Fna de Marrakech (Bigstock)

En apenas dos horas de vuelo de Madrid y para huir de los meses fríos, podemos escaparnos a esta bella ciudad de Marruecos y disfrutar de un fin de semana de contrastes. La capital del cercano país marroquí se ha ganado por méritos propios ser uno de los destinos turísticos más atractivos para los visitantes de todo el mundo. Una bulliciosa y colorida localidad a los pies de la cordillera del Atlas y que guarda alguno de los mejores monumentos considerados patrimonio de la humanidad

Aunque en la actualidad Rabat ostenta la capitalidad de Marruecos, en el siglo XI los almorávides convirtieron Marrackech en la capital del imperio islámico. Así, de los esplendores del pasado son la mezquita y la madraza de Ben Youssef -XIV-, considerado uno de los más bellos edificios de Marrakech. Una belleza que se repite en la mezquita El-Mansour donde destaca su minarete como ejemplo de arquitectura árabe clásica.

Otros de los tesoros patrimoniales de la ciudad son la puerta de Bab Agnaou, del siglo XI, que servía de entrada principal a la ciudad; y las Tumbas Saadíes, del siglo XV. Un majestuoso mausoleo donde destaca la sala de las 12 columnas. 

Las mil y una noches en Marrakech

Sorprende, en este viaje, que la ciudad albergue algunos de los jardines más bellos y coloridos, como los que protegen el Palacio Bahía, residencia del general francés Lyautey; el famoso palmeral de Marrakech, con más de cien mil palmeras o los de la casa del modisto francés Yves Saint Laurent. Ubicado en el barrio de Gueliz, donde podemos ver muestras de residencias de estilo art decó, el jardín Majorelle es un exótico rincón teñido de azul y verde.

Zoco de Marrakesh (Pixabay)

Lo que, sin duda, no puedes perderte durante ese fin de semana en Marrakech es caminar por la ruidosa plaza de Jemaa el Fnaa y pararte a cenar en algunos de sus concurridos puestos de comida callejera. Todo un universo de luces, color, música, olores y sabores donde se mezclan oriundos de la ciudad con visitantes, acróbatas o vendedores. Y es que precisamente el arte de vender y comprar, o lo que es lo mismo regatear, es una de las rutinas obligadas si te adentras en el zoco de Marrakech

Con todo, para disfrutar de la verdadera esencia de Marrakech, lo mejor es que te alojes en un maravilloso riad -las casas tradicionales marroquíes cuya vida gira en torno al patio-, te dediques unas horas de relax en un hamman o te tomes un té en el conocido Le Grand Café de La Poste. 

 

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