Septiembre, inicio curso. Parlamento nacional, paquebotes varados en puerto al abrigo de cualquier tempestad, sempiterno manual de supervivencia; aniversario agresión medieval al mundo del siglo XXI; guerra incruenta a la Constitución española y a la pacífica convivencia establecida, diseño escurialense de escuadra y compás, tropas combatientes con mentes cinceladas desde la más tierna infancia; vuelta al colegio, avance de curso sin superar prueba de conocimiento alguno, prefacio de deambulantes sociales futuros; dificultades financieras, deuda explosiva, pública y privada, solo ahorran los obreros, de mono y de corbata; suspenden pagos empresas, preámbulo de su desaparición; otras hacen un esfuerzo final para conseguir los objetivos del año; lluvia sobre pantanos secos, ahogados en la ambición de la especulación eléctrica; inflación en subida libre, sin medidas económicas que palien la pobreza; agua al mar para un país estancado en las tres -C- de cemento, cerveza y corrupción; el coronavirus muta y seguimos sin saber a ciencia cierta ni de dónde ha venido ni a dónde va; mucho paseante joven ocioso a media mañana en las plazas de los pueblos; más estrecheces dinerarias para la casi ya extinta clase media; jubilados cercenados en su economía; las playas, sol de ocaso veraniego, museo al aire libre con esculturas animadas de Botero. Mes agotado. España, hoy.

Sobre el autor:

Antonio Campos

Antonio Campos

Antonio Campos nació en Ciudad Real, en la España del queso amarillo y la leche en polvo de los americanos. Licenciado en Económicas, Diplomado en Humanidades, PDG por el IESE. 

Ha trabajado durante muchos años en un importante grupo multinacional del sector financiero, al que reconoce estar agradecido por haberle dado la oportunidad de desarrollarse profesional, académica, personal y humanamente. 

Conseguida cierta estabilidad profesional y dineraria, volvió a su verdadera pasión de juventud, escribir; desde entonces, han sido cuatro libros y unos dos mil artículos de opinión, económica y política, publicados en diferentes medios de comunicación, pretendiendo conjugar la libertad individual o personal (el progresismo) con la libertad económica (el conservadurismo), elogiando las ideas y no las ideologías.

Y lo hace, dice, pretendidamente independiente, ideológica y socialmente, con la libertad de quien tiene libre el tiempo, el pensamiento y la palabra.

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