Cuando uno llega a una empresa a ocupar el puesto para el que ha sido contratado, es porque está capacitado académica y profesionalmente para desempeñarlo, integrándose en un equipo que forma el todo de la empresa. Sin más, sin mirar para atrás ni poner excusas que traten de justificar no alcanzar el éxito para el que ha sido contratado. En política, no. Cualquier ignorante o cuasi analfabeto se rodea de asesores, elegidos a dedo entre amigos y conocidos, que cobran a cargo del erario público sueldos moderados porque no tienen reconocimiento empresarial para alcanzar otras cotas, pero que de alguna forma justifican la falta de conocimientos de quien los contrata. Cada vez son más, soslayando a los preparadísimos funcionarios públicos de carrera, sin ideario político. Con demasiada frecuencia, las personas no están a la altura de los cargos.

Sobre el autor:

Antonio Campos

Antonio Campos

Antonio Campos nació en Ciudad Real, en la España del queso amarillo y la leche en polvo de los americanos. Licenciado en Económicas, Diplomado en Humanidades, PDG por el IESE. 

Ha trabajado durante muchos años en un importante grupo multinacional del sector financiero, al que reconoce estar agradecido por haberle dado la oportunidad de desarrollarse profesional, académica, personal y humanamente. 

Conseguida cierta estabilidad profesional y dineraria, volvió a su verdadera pasión de juventud, escribir; desde entonces, han sido cuatro libros y unos dos mil artículos de opinión, económica y política, publicados en diferentes medios de comunicación, pretendiendo conjugar la libertad individual o personal (el progresismo) con la libertad económica (el conservadurismo), elogiando las ideas y no las ideologías.

Y lo hace, dice, pretendidamente independiente, ideológica y socialmente, con la libertad de quien tiene libre el tiempo, el pensamiento y la palabra.

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