Falta de atención a los mayores dependientes
El cumplír años implica que muchas personas vean reducidas sus capacidades físicas y también mentales. Cada vez se viven más años y, siendo positivo en general, no lo es tanto en particular. Las condiciones de vida también han evolucionado y quizás no en un sentido amable para con los mayores.
Hoy es imprescindible que las parejas trabajen ambos para cubrir las necesidades perentorias de un hogar medio.
En épocas no tan lejanas, los mayores dependientes eran atendidos por sus familiares, quizás con escasos medios, pero con cercanía y cariño. En estos tiempos esto resulta económicamente imposible. Aún así, en la actualidad un 72,3% de cuidadoras no profesionales son mujeres.
Más de 1.725.000 personas tienen reconocida dependencia en España. De estos, tres de cada cuatro personas son mayores de 65 años y un 52% tienen 80 años o más.
Un total de 1,2 millones de hogares tienen dependientes mayores. Un 44% de esos hogares cubren de su bolsillo los gastos de dependencia y cerca de un 19% tienen serias dificultades económicas para atender debidamente a los suyos.
A final de 2025, seguían en la lista de espera 284.000 personas para la percepción de las ayudas. Siendo de 349 días ese tiempo de espera medio. Más de 32.000 personas fallecieron en España el pasado año esperando la resolución de su expediente.
El déficit de plazas en residencias de mayores se dispara. Se estima en más de 50.000 las que serían ocupadas de inmediato y en más de 100.000 las consideradas necesarias por la UE, cinco por cada 100 mayores de 65 años.
El precio de una de estas plazas en las residencias públicas oscila entre 850 y 1.300 euros. En las concertadas entre 950 y 1.600 euros y en las privadas entre 1.400 y 2.800 euros, dependiendo de la comunidad autónoma
Cerca de uno de cada tres pensionistas reciben una pensión inferior a los 1.000 euros y la mayoría son los más mayores, por tanto, aquellos que necesitan mejores cuidados. Con estos datos son muchos los que no pueden pagar una cuidadora profesional o una plaza en una residencia pública o privada.
Por lo expuesto, además de preocuparse y movilizarse por las pensiones, que está muy bien, hay que seguir también esta cuestión y unirse para reclamar y exigir a quienes gobiernan, sin colores, atención humana con presupuestos adecuados que cubran las necesidades que precisan y merecen las personas mayores para vivir sus últimos años sin angustias ni temores. Con dignidad.
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