Carmen de Grado
Opinión

Cómo defendernos de la pobreza: qué dicen los pintores

Carmen de Grado
Cómo defendernos de la pobreza: qué dicen los pintores
Cómo defendernos de la pobreza: qué dicen los pintores

Familia de campesinos, Louis Le Nain, 1640-1645, óleo sobre lienzo, 133x159 cm. Museo de Louvre (París, Francia).

 

Pintores como Caravaggio, en Italia, y Velázquez, en España, representaron a hombres y mujeres de la calle, campesinos y pobres en situaciones donde antes eran pintados solamente los nobles.

En esta obra vemos una familia de campesinos reunida en una sencilla habitación. Se encuentran en torno a la mesa donde un hombre de mediana edad tiene una hogaza de pan y también alrededor de la mujer mayor que tiene en sus manos una jarra y un vaso de vino.

Podemos dividir la obra en dos partes, por la mitad, considerando un eje vertical. En la mitad de la izquierda aparece la mujer mayor del grupo con una pechera y tocado blancos. Está sentada. Cerca de ella y detrás se ve el perfil de una niña iluminado por una fogata cuya luz se puede ver detrás de la anciana. Si observamos con atención veremos allí las piernas de otra figura en la obscuridad, delante del fuego. En el conjunto se destaca el niño de pie, orientado hacia la anciana y tocando una flauta. En el suelo, un perrito flaco y pequeño y una vara.

En la mitad de la derecha, la mesa con un mantel blanco y unos recipientes vacíos. El hombre con el alimento, tal vez pan, una mujer joven, una niña detrás y un varoncito sentado en el suelo, donde también se observa un gato al lado de una olla, una gran cuchara y una canasta vacía.

Las ropas de todos son muy pobres y los colores de la obra, distintos tonos del marrón. Varios de los personajes parecen mirar a un posible visitante o espectador, probablemente el pintor.

Si bien la obra muestra la pobreza de esta familia de campesinos también hay en ellos decoro e intimidad. Dos de las personas que aparecen en el cuadro tienen alimentos. La mujer mayor está investida de distinción por su posición en la obra, por sus ropas de color blanco y cierta luz centrada en ella, por el vino elemento de alto valor simbólico, por la música dirigida a ella y las dos figuras misteriosas, una en la obscuridad y otra iluminada por el fuego vestida como ella con un velo blanco cubriendo su cabeza.

Sin embargo, la realidad social era más dura de lo que muestran los pintores. Los estudios sociales sobre los siglos XVI, XVII y XVIII dicen que había gran cantidad de mendigos, vagabundos y ladrones en toda Europa y que la mitad de ellos eran mayores. Hay documentación de que los más hospitalizados y encerrados en asilos eran las mujeres y los viejos cuando no morían en total abandono. Muy diferente era la situación del viejo burgués adinerado que conservaba toda la autoridad que le daba la propiedad.

La obra se realizó en una época en la que había más ancianos que en cualquier tiempo anterior. Una mejor alimentación y el cuidado de la sanidad en las viviendas incrementaron la posibilidad de vivir más años. En casi todas las comarcas europeas crecía el cultivo de granos y el ganado.

Las clases adineradas, reyes, aristócratas y clérigos, eran sectores dependientes de la economía rural. Se renovaron y transformaron las relaciones entre campesinos y las clases superiores. La situación para los mayores era, sin embargo, apremiante. El incremento de la temática de los viejos pobres en la pintura va en consonancia con el fenómeno demográfico del aumento de la población.

Los pintores, sensibles a los fenómenos sociales de su tiempo, dan cuenta con su obra de algo que la sociedad vivía: la presencia de ancianos reales, aquellos que se encontraban en los campos, las calles o en posadas muy humildes. Los artistas los vieron y mostraron, mucho antes de que las leyes se ocuparan de ellos. Los literatos y las gentes de los pueblos narraban historias relativas a estos viejos. Hoy sabemos que la población envejecida seguirá creciendo, la baja de la mortalidad seguirá avanzando y habrá menos disponibilidad de personas que puedan asistir a los mayores.

Es un beneficio que la población no continúe en un ascenso como el conocido en los últimos siglos pero hay riesgos incrementados por la pandemia Covid-19 y las guerras de que se llegue a niveles de vida más bajos para la mayoría de la población y que afecte a los mayores especialmente.

Para el desarrollo humano cuenta no sólo el empleo, sino el trabajo en sentido amplio que incluye también el voluntariado, el trabajo creativo y el de cuidados, capital social, de prioridad para el desarrollo social y humano.

Sobre el autor:

Carmen de Grado

Carmen de Grado

Carmen de Grado es Licenciada en Psicología, Máster en Psicogerontología y profesora en la Universidad Maimónides de Buenos Aires (Argentina).

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