Deberías, podrías, tendrías…

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El pódcast 'Club de los 60' ofrece consejos para afrontar la pérdida sensorial con la edad. Fuente: BigStock. Miia

¿Los mayores damos consejos? ¿A quiénes? ¿Y hacen caso? ¿A los hijos, a los nietos, a la familia, a los compañeros de trabajo o de aula, a los amigos voluntarios? ¿Y hacen caso de los consejos que les damos? Normalmente pasan de ellos.

La experiencia y la sabiduría han pasado de moda. Todo se puede encontrar en internet, y más ahora con la IA. La experiencia es un libro que solo se escribe con los años. Por eso, los consejos de quienes han vivido más tiempo suelen tener un valor especial: nacen de lo que han visto, de lo que han aprendido y, sobre todo, de lo que han sentido.

¿Qué es más fácil, dar consejos o recibirlos? Parece que darlos es más fácil. Según los estudiosos de estas cuestiones, existe un protocolo para hacerlo con frases como: “Deberías”, “Tendrías”, “Podrías”, “Yo que tú”, “Si yo fuera tú”, “Te aconsejo”, “Es mejor”, “Te recomiendo”, “Haz más”, “Escucha antes de hablar”, “Evita la superioridad”, “Sé empático”, “Emplea un tono suave”, etcétera.

Y hay más fórmulas que se utilizan para dar consejos. ¿Seguimos los mayores alguna de estas normas? ¿Dónde se estudian? Mis amigos mayores, como yo, dicen que no habían tenido en cuenta ninguna de estas fórmulas. Igual que ocurre ahora: los nietos y los hijos están todo el día enganchados y absortos con el móvil, no te hablan ni hacen caso a los consejos que les damos.

Algunos consejos cuestan dinero y tienen consecuencias positivas o negativas. Los bancos y las consultoras aconsejan inversiones o trabajos. ¿Cuántos salen mal? No siempre lo sabemos; a veces solo conocemos los resultados positivos.

¿Cuánto valen los consejos de los consejeros de los bancos o de las grandes empresas? ¿Y los que se dan a los políticos? ¿Y cuánto ganan por sus consejos? El mundo está lleno de consejos. ¿Hay que seguirlos todos o solo los que nos interesan? Es una pregunta de prueba.

A los mayores, darles consejos. Por una oreja entra y por la otra sale. Los mayores somos así, la inmensa mayoría.