Diego Fernández
Opinión

¡Ay, Carmela! ¡Hay Carmela!

Diego Fernández
Cama hospital

Doña Carmen de La Mancha

Madrid será la tumba del coronavirus

Durante la Guerra Civil, el frente republicano popularizó una canción: ¡Ay, Carmela! La canción original fue compuesta mucho antes, durante la invasión francesa de principios del siglo XIX. Esa contra la que se rebeló el pueblo de Madrid y en cuya lucha una heroína, Manuela Malasaña, ha quedado para la historia dando nombre a un barrio mezcla de los castizo, lo movido, lo hipster y lo gentrificado. 

En ¡Ay, Carmela! se lucha contra “mercenarios y fascistas”. Hoy libramos otra guerra y la casualidad ha hecho que Carmela sea uno de los nombres más importantes para mí. Es el nombre de la persona que duerme en una cama junto a la de mi abuela –ingresada por coronavirus– en el hospital. Mis datos sobre Carmela son escasos. Solo sé que tiene alrededor de 60 años, marido, que está infectada por coronavirus y al estar ingresada en el hospital de Getafe, deduzco que será de allí o de cerquita.  Aún así, tengo una certeza. Carmela es buena persona.

Gracias a ella mi familia está pudiendo comunicarse con mi abuela, su compañera de infección. Carmela nos ha dado su teléfono y por Whashapp nos cuenta que mi abuela va un poquito mejor, lo que come, cómo la encuentra y que la medicación que reciben las dos, las deja muy cansadas. 

Carmela está siendo solidaria. Está pensando en los demás sin esperar nada a cambio, sin más recompensa que nuestra tranquilidad. En un mundo con tendencia al individualismo, el aislamiento nos está dando muestras de compañerismo. Porque Carmela es una, pero como dijo Churchill, en la que para muchos es “nuestra hora más oscura”, “las Carmelas” se han multiplicado más rápido que los casos de coronavirus.

Hay un ejército de Carmelas que es el que nos va a hacer ganar. En solo una semana, hemos evolucionado. Al principio, muchos inconscientes o egoístas pensaron que nos encontrábamos en “la semana blanca del coronavirus”. Yo paseaba por la calle, primer error, y veía terrazas llenas, niños jugando en parques, perros paseados a nivel ultramaratón y los ataviados con mascarillas me parecían fruto de la exageración hipocondriaca.

Cada día que pasa, el egoísmo está más en peligro de extinción. Si el ser humano logra que su egoísmo se extinga, logrará que su especie perviva. Todos podemos ser una “Carmela”. Yo tengo la suerte de conocer varias: mi amigo médico que trabaja sobrepasando sus fuerzas, compañeros periodistas que siguen informando para que sepamos que todos somos un equipo y estamos en esto juntos, los que consiguen que haya comida en el mercado, que no haya basura en la calle, los que fabrican mascarillas solidarias  o los vecinos que me dejan un poco de comida después de dar tres golpes en la puerta para seguir el protocolo de aislamiento.

¡Ay, Carmela! era un grito de ánimo, pero escondía un chillido de dolor, un sollozo casi desesperado por una guerra que se intuía se estaba perdiendo. ¡Hay Carmela!, para mí, es un grito de esperanza. Demuestra que la gente buena existe y debe ser mayoría. Si se comporta como lo que es, esta y las batallas posteriores, las ganaremos. Así que ¡hay Carmela!


Diego Fernández es periodista de La Sexta Columna (La Sexta).

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